Todo empieza con la música. Digamos, Barbarism begins at home de The Smiths. Digamos, Two tribes de Frankie goes to Hollywood. O mejor: Can’t fight this feeling de REO Speedwagon. Las canciones se oyen en una sucesión rápida, como si girarán en un vórtice temporal, un portal dimensional por el que una narradora de historias necesita viajar.

Viaja desde su cama. Alrededor pone todo lo que necesita. La computadora sobre sus piernas, sus notas a un lado. Está en sus peores fachas, pero eso no le impide poner música y pararse a bailar.

Para Flor Aguilera (México DF, 1971) escribir significa escuchar música. Especialmente para la novela con la que tiene ahora en curso.

Estoy escribiendo en 1985 y, para regresar anímicamente, estoy oyendo pura música de 1985. Para mí, la música es muy importante, sobre todo, para los que vivimos esa gran década que fueron los 80. Fue una era musical. Hoy vivimos una era de silencio .

Aguilera, quien ya se ha forjado una trayectoria como novelista para adolescentes, lanzó este año su primera novela para adultos, El pasado es un extraño país (Suma), una historia que mezcla una historia de amor con intriga, picaresca y mucho humor.

Aunque está promoviendo ese último libro, el que verdaderamente le ocupa su tiempo actual es el que está escribiendo. Se llama Cuando Plutón era un planeta ( Normalmente sé los títulos desde que empiezo, así se me ocurren las novelas ) y con él, Aguilera regresa a los lectores jóvenes.

Creo que ellos son mi público natural porque yo soy una adolescente. Me acuerdo muy bien de lo que era tener 15 o 16 años .

La novela comienza con una madre y su hija en el coche. La madre trata de decirle a su hija que entienda lo que es tener 16 años, y lo hace contándole cómo era México en 1985, cuando ella misma tenía 16. La radio, no el iPod de la hija, marca el ritmo de la historia.

Cada capítulo de la novela lleva el título de una canción en inglés traducido al español. Eso es algo de lo más ochentero. En los LP venían así los nombres de las canciones. En la radio todo era traducido y algunas veces hasta cambiaban los títulos para que sonaran más bonitos, o más decentes, en español. Me parece todo un fenómeno ya perdido .

Y la música sigue sonando, porque para la escritora no sólo se trata de dar ambiente. La música pop es su tesis personal. En todas sus novelas, cuentos y poemas hay música. En El diario de un ostión, la protagonista es fan del rock gótico. En su libro de cuentos Ponle play, cada historia va relacionada a una canción: primero se lee el cuento y luego hay que escuchar la canción. En El hombre lobo es alérgico a la luna, Federico es un poeta adolescente que se hace letrista de una banda de rock.

Aunque en esos libros hay música de diferentes épocas, siempre regresa a los 80.

Dirán que estoy obsesionada con mi década, pero es que fue una gran década. Música en todas partes. La gente la compartía con sus grabadoras a todo volumen. Grabábamos nuestros casetes con las canciones que nos gustaban y los intercambiábamos. Era una forma de decirle al mundo ‘Este soy yo, esta es mi vida’. Esta idea de que la vida tiene soundtrack es ochenterísima .

MÉXICO SE QUEDÓ EN LOS 80

Aguilera, quien creció en diferentes ciudades del mundo (Los Ángeles, Nueva York, Londres, París, Pekín y el DF), puede hacer toda una disección filosófica de lo que significó ser adolescente en los 80.

Era la fiesta sin fin. Podías ser fresa, gótico, nerd, no importaba, nos llevábamos bien en la fiesta. No queríamos que la fiesta se acabara nunca y creo que eso es porque sentíamos encima el holocausto nuclear. Como en cualquier momento, se iba a acabar el mundo, no creíamos que íbamos a llegar a adultos. Es más, creo que no nos preparamos para ser adultos y por eso hay tanto cuarentón inmaduro .

Así que, mientras escribe su nueva novela, piensa en sus jóvenes lectores, pero también, en sus coetáneos. Tengo ganas de decirles a los adolescentes actuales que sus papás también fueron como ellos. Fuimos como ellos. Íbamos a las discotecas, al Magic, al Danzoo, nos vestíamos horrible y hacíamos tonterías como ir en piyama a bailar. Y que si somos unos adultos medio ridículos se den cuenta de que vivíamos en una época fatalista .

Pero Cuando Plutón era un planeta no nace solamente de una inquietud por contar lo que atestiguó. En realidad, el impulso es otro: el de contar algo que no vivió. Yo no estaba en México en 1985 cuando sucedió el temblor . Saber qué pasó en ese día de terror, el 19 de septiembre, le ha interesado desde hace tiempo a Aguilera. Buscaba libros, documentales, crónicas, hallaba muy poco. Me di cuenta que el temblor del 85 sigue siendo un trauma sin superar en México. Siempre he pensado que México se quedó en los 80. Creo el temblor es para los mexicanos como un golpe de adolescencia, y todavía vivimos con él .

Empezó a hacer preguntas y se dio cuenta que la gente estaba ansiosa de platicar sus recuerdos de ese día. Sobre todo, platicó con personas que eran niños y adolescentes entonces.

En realidad así nació la novela. Me puse a pensar lo que las personas de mi edad vivieron. Ver tu ciudad destruida, cadáveres, a lo mejor hasta perder tu escuela o tu casa… Una de mis entrevistadas tenía 11 años cuando ocurrió el temblor, vivía en Tepito, pero ella y sus papás lograron salir de su casa. Cuando regresaron, el único edificio de toda la calle que seguía en pie era el suyo.

Es un antes y un después. Todos vivimos ese corte en la adolescencia, cuando dejas de ser niño y te empiezas a volver adulto, pero en el caso de mi protagonista, que vive el temblor de cerca, el corte es radical .

Como todas sus novelas, Cuando Plutón era un planeta será narrada en primera persona. No es una decisión fortuita. Me cae pésimo el narrador omnisciente. Cuando escribes en primera persona los lectores te creen más. Cuando voy a las escuelas y los chavos me preguntan por las novelas, lo hacen como en confidencia: piensan que yo conozco a los personajes y estoy chismeando sus vidas.

Me gusta. Me gusta que piensen que soy una chismosa profesional .

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