El mundo está en plena lucha por sobrevivir. Antes llegaban las noticias catastrofistas y la mayoría se reacomodaba en la hamaca y continuaba sus sueños de papel o de opio. Ahora, el fenómeno se ha hecho visible y el calentamiento global es algo inexorable. Los daños al planeta son palpables y los cambios climáticos, evidentes.

El documental El Ártico (2011) de Greg MacGillivray, registra las peculiaridades de una osa y sus dos crías, todo esto, en medio de la desolación de una zona geográfica atrapada por los deshielos de la primavera. Las imágenes son espectaculares, más allá de la incomodidad de la tercera dimensión, con esas barreras blancas que son parte de un paisaje casi místico.

El espacio se amplifica, grandes áreas sin vegetación. La cacería de los plantígrados se hace difícil y con pocas posibilidades de triunfo.

Parece, según la historia que narra el documental, que la osa tiene claro su objetivo de proteger a sus oseznos ante el asedio de los machos. Éstos se convierten en amenaza latente porque el alimento escasea y la carne de los pequeños resulta un bocado capaz de satisfacer el apetito.

El Ártico está muy lejos de ser una pieza mayor del documental. En realidad es precario y lo único que lo mantiene a flote es el entorno que retrata. MacGillivray trató de vestir su película con canciones de Paul McCartney que jugaran al contraste. Así, se escuchan temas como Little Willow , I’m Carrying y Mr. Bellamy . Hace tiempo que el exbeatle es un defensor de la ecología en el mundo.

Durante 40 minutos, el espectador, una gran mayoría de infantes, se entrega a la mirada de un territorio desconocido. Fue filmado con cámaras robóticas ante la imposibilidad de hacerlo de otra manera, pues los osos blancos eluden la presencia humana. El resultado es un tanto irregular, con materiales que se repiten con insistencia, entre ellas, las tomas submarinas de la osa que nada junto con su cría.

Aparecen los relatos complementarios; entre ellos, el de la travesía de los caribúes. Estos animales buscan sitios apropiados para que las hembras den a luz. Muchas de estas criaturas de pocas semanas de edad se pierden ante las complejidades del recorrido.

También están las morsas, que tratan de mantener a salvo a sus hijos con el auxilio de las barreras heladas, pero los cazadores animales van tras ellas, porque atraparlas es tener un banquete de carne fresca.

La crudeza de la realidad está mostrada con pocos elementos y una narración que podría obviarse sin que esto fuera una pérdida.

El trasfondo de El Ártico se remarca en cada toma. Los hielos que antes se suponían eternos, en la actualidad, se han adelgazado, se rompen con facilidad y las condiciones de vida de sus habitantes zoológicos se han vuelto complicadas. Todo se ha desequilibrado en medio de una cadena natural rota. Según lo dicho en alguna parte de la narración, se calcula que para el 2050 la destrucción de estos glaciares puede ser trágica, lo mismo que la pérdida del Océano Ártico.

La película está filmada en Alaska y en las islas noruegas de Spitsbergen. Aves, osos, caribúes, morsas y todos los habitantes de esa región helada están en vías de extinción. En la Tierra quedan 20,000 osos polares.

Así, de una u otra forma, pese a su irregularidad como documental, El Ártico forma parte de los ayudamemoria en torno de la insistencia ecológica para que se prolongue la vida en la Tierra.