La vena cuentista de José Miguel Tomasena (Ciudad de México, 1978) queda demostrada fehacientemente en este volumen de cuentos de reciente publicación por la editorial Paraíso Perdido: ¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?

“Estamos ante un cuentista de cepa”, dijo Bernardo Esquinca, durante la presentacipón del libro hace unos días en el centro cultural Casa Tomada. “La prueba más contundente es que dentro de un cuento mete otro cuento. Su necesidad de contar cuentos es tal, que hay en ellos una especie de juego de muñecas rusas, que guardan un cuento dentro de otro.”

Esquinca celebró la publicación de ¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?, de un autor como Tomasena que, pese a que llegó a la industria con una novela bajo el brazo (La caída de Cobra, Tusquets, 2016), es un escritor que apuesta mucho por el cuento, en un momento en que “el imperio de la novela” margina de algún modo a cuentistas y poetas.

El propio Tomasena respalda la afirmación de Esquinca cuando asegura que siempre se ha sentido más cómodo en formatos pequeños: “escribo muy lento y muy comprimido; me cuesta mucho extenderme, y eso es una dificultad que he tratado de convertir en virtud”, confiesa. “Imaginar una novela de 300 páginas me da vértigo. Además, siempre me han gustado los cuentos que se relacionan entre sí”, dice para dar razón de esa pasión por contar en breve. “Siempre me han gustado estas formas: el cuento dentro de otro cuento, dos cuentos que corren paralelo y luego se cruzan...”

De hecho la aparición y presentación misma del libro es el colofón de un cuento, una ficción o varios cuentos dentro uno. ¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?, ganó el Premio de Cuento San Luis Potosí en 2013. El manuscrito llevaba sobre la portada un pseudónimo bajoneante: Mr. Miyagi. Bernardo Esquinca, quien formó parte del jurado calificador del libro premiado que ahora presenta, dice que desde el primer momento el manuscrito de Tomasena, con una docena de cuentos, se destacó claramente entre los demás: “Había un consenso de que estábamos ante un autor diferente”. El manuscrito ganó. Tomasena recibió el premio prácticamente en solitario. La editorial a la que se lo ofreció para publicarlo vendió los derechos en Turquía y allá apareció primero traducido al turco antes que en español, en una editorial feminista. A José Miguel le palpita el corazón más de dudas que de gozo: “Unas editoras feministas, en Estambul, con Erdogan, como que no deben estarla pasando muy bien. No sé si tuvieron que huir, Quizá estén refugiadas en Alemania...”

Cinco años después estos doce cuentos peregrinos -perdón por la cita- hallaron casa y forma de libro en Paraíso Perdido, y José Miguel Tomasena, quien radica en Barcelona terminando un doctorado, vino a presentarlo hace unos días a la Ciudad de México, en compañía de Ave Barrera y Bernardo Esquinca.

Ave Barrera destaca que Tomasena no es condescendiente con sus personajes. Hay un cuestionamiento a la masculinidad y una crítica sutil y bien planteada al alter ego.

“Estos cuentos dan cuenta del lado sombrío de la vida común”, ha escrito Antonio Ortuño. Sí, y también de la ficciosa y absurda burbuja del mundo literario. Hablan también del escritor que tiene que pagar las cuentas y no le alcanza, que sufre el abandono de las musas cuando toca a la puerta el repartidor del agua, que tiene que cambiar pañales, dar de comer a los hijos o sacar a pasear al perro; ayudar a limpiar porque todo está patas arriba, sin olvidar que la hoja en blanco permanece allí, a la espera, como el reto más importante, porque al final de todos los finales ¿quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?

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