Muchas veces los reseñistas escribimos con palabras que no son nuestras. En un intento de ser interesantes y jugar el juego de la objetividad, la imposible objetividad, recurrimos a fórmulas y a frases ya acuñadas.

Hoy quiero sentirme libre de esas formas. Hoy quiero bailar.

Quiero moverme entre los renglones con la misma facilidad con la que bailan los bailarines de la compañía de Pina Bausch. Justo acabo de ver Pina, el testimonial de Wim Wenders sobre la fallecida coreógrafa alemana. No soy una experta en la danza contemporánea pero eso no importa. La película de Wenders me dejó algo claro: la danza es un lenguaje, un código que está más allá de las palabras, de una pureza tal que convierte al que baila en uno más con la tierra, el agua, el fuego y el aire. Baila, baila, de lo contrario estamos perdidos , ése era el grito de batalla de Pina.

Pina es un ejercicio impresionante de la belleza del cuerpo humano, porque sobre todo bellos resultan los movimientos de los bailarines. No importa la edad o la nacionalidad, todos impactan con lo fácil que les resulta brincar o cargarse uno al otro o, simplemente, volverse locos en escena (uno de los consejos de Pina Bausch a uno de sus bailarines: Solo te falta volverte más loco . Otro consejo memorable: Acuérdate de que me tienes que asustar ).

A través del testimonio de varios de los miembros de la compañía conocemos a Pina. Wenders elige que oigamos las voces en off mientras vemos los rostros expresivos pero silenciosos de los bailarines.

La cinta está hecha en 3D y por una buena razón: la técnica permite que podamos sentir de lleno la corporeidad de la danza. La sentimos presente, casi podemos oler el sudor de los bailarines. A Pina le gustaba usar elementos en sus coreografías. Tierra, agua, sillas. Vemos cómo el sudor y la tierra se vuelven lodo sobre el vestuario de las bailarinas o sobre el torso desnudo de los bailarines.

Son varias las piezas que Pina presenta pero ninguna es nombrada de manera específica.

El resultado es que todas las obras aparecen como un continuo apostillado por solos de los principales miembros de la compañía. Wenders los hace además bailar en las calles de Wuppertal, la ciudad en la que está basada la compañía de Pina Bausch. El tren elevado, impresionante joya de ingeniería, se vuelve testigo y parte orgánica del baile solitario de cada bailarín.

Pina es un bocado delicioso. Al final uno sólo quiere que su cuerpo se mueva con esa armonía y esa fuerza. Uno quiere hacerse uno con los elementos. Uno quiere bailar. ¡Bailar!

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