“Un tema que forma parte de la vida, pero que normalmente evitamos, son las decisiones al final de nuestros días, la medicina tiene límites y hay que tomar decisiones; siempre es un tema, pero en una época de pandemia como esta se vuelve especialmente duro”, dice Asunción Álvarez del Río, psicóloga y doctora en Bioética, durante la charla “Decisiones al final de la vida”, en el marco de El Aleph Festival de Arte y Ciencia, de la UNAM.

La académica e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) detalló que los datos para saber que se está al final de la vida son los clínicos y con ello sabemos que ya no hay manera de evitar la muerte, tal vez en algunos casos se puede postergar, pero no hay más.

Ante este hecho, aseguró que en el colectivo hay una falsa concepción sobre la medicina, “hemos pensado que siempre se puede hacer algo y hemos fincado nuestras esperanzas en esto. Sin embargo, la muerte tiene que llegar algún día”.

Para el momento de tomar decisiones recientemente se publicó la Guía Bioética para Asignación de Recursos Limitados de Medicina Crítica en Situación de Emergencia, elaborada por el Consejo de Salubridad General, “fue un elemento muy discutido”, dice la especialista, pero ¿qué tanto ha servido a los médicos?

La doctora Julieta Gómez Avalos cursa la subespecialidad en Oncología Médica en el Hospital 20 de Noviembre y afirma que al tener un sistema de salud que no cuenta con buenos pilares para aguantar una pandemia como esta, como médico se enfrenta a situaciones donde el problema es la capacidad máxima. “Donde yo me encuentro está en esta situación y justo cuando sale la guía se empiezan a tomar decisiones más rudas”.

“Yo apoyaba mucho la realización de esa guía porque tenerla nos permite tomar mejores decisiones, sabemos que son complejas, evaluar a un paciente y distribuir el recurso, pero con una guía construida por expertos, la carga emocional que tienes por estar ahí es dura, pero se aminora”.

Agregó que la guía es un documento vivo, que se irá modificando, pero es una herramienta útil. Aun así, la especialista aseguró que se debe traer el tema al frente, incluso al interior de los hospitales donde en muchos casos no existen comités de bioética o son débiles. “El hecho de que tengamos un asesoramiento en estas situaciones complejas, quita carga emocional y de trabajo para el médico”.

Evitamos pensar en la muerte

Gómez Avalos reflexiona que frente a las acciones de  atención a pacientes de Covid-19, “a todos nos encantarían cantidad y calidad, pero sabemos que hay situaciones en las que no se puede”.

Agregó que hoy vivimos rodeados de mucha ciencia, tecnología, investigación y el conocimiento avanza de una forma muy acelerada, pero la gran pregunta es ¿hasta cuándo hay que parar? esa es la gran cuestión para los médicos y es difícil de responder, “es un tema clave, pero nos enfrenta al temor que tenemos a la muerte”.

Recordó que en un momento de emergencia sanitaria prevalece el principio de justicia, pero con esto no se soluciona el problema; pone aún más dilemas éticos sobre la mesa, pues se puede considerar como una falta al deber ético, por ello pidió a la ciudadanía en general considerar y tener claridad de que estamos en una situación extraordinaria y que teniendo en cuenta que el enfoque no es individual, se tiene que pensar por el bien común.

La epidemia ha trastocado nuestras costumbres funerarias.

Por su parte, la doctora Jennifer Hincapie Sanchez, filósofa y coordinadora del Programa de Ética y Bioética de la Facultad de Medicina de la UNAM, se pregunta: “¿por qué seguimos motivados a identificar y brindar una ceremonia fúnebre a quienes fallecen por Covid-19 si se sobrepone el bienestar de la mayoría?”

Señala que México “ha sido un país que ha fundado gran parte de su cultura en los tributos y el respeto que rinde a las personas fallecidas; sin embargo, esta crisis global nos ha exigido dejar de lado algunos preceptos culturales para el resguardo de la salud de la sociedad.”

Reflexiona además sobre la dignidad de un cadáver. En un webinar convocado por la Universidad Panamericana, la doctora Hincapie hacía alusión a que jurídicamente un cadáver no es sujeto de derecho porque ya no es una persona, por lo tanto no tendría dignidad; sin embargo, dijo que las consideraciones hacia los cuerpos inertes son de carácter moral, y se preguntó “¿por qué nos seguimos preocupando por los cadáveres cuando estamos resolviendo una crisis sanitaria y cuando los servicios funerarios están rebasados?”

Ante estas preguntas que se presentan como dilemas jurídicos y morales, Hincapie Sanchez sostiene que “describir un ritual funerario digno puede llegar a ser complejo, pero sí nos queda claro que no tenerlo u ofrecerlo, puede llegar a ser indigno.”

“No podemos perder de vista la idea del inmenso dolor que trae consigo el perder a un ser querido y en ocasiones puede llegar a ser un consuelo acompañar al cadáver y brindarle un pequeño gesto de afecto y acompañamiento, pero dada la situación sanitaria es necesario tomar medidas que cuide la salud física de los mexicanos y que en ello no hay intención de desdeño o deshonra”, concluye.

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