#MeToo (#YoTambién) es una vieja idea: que los sobrevivientes, al compartir sus historias de acoso y abuso sexual, pueden cambiar la sociedad para bien. Pero el otoño pasado, a raíz de acusaciones de mala conducta sexual contra el productor Harvey Weinstein y otros en Hollywood, en los medios y otras industrias, esta idea se volvió viral de una manera que, instintivamente, se sintió diferente.

Un nuevo análisis de Twitter de Crimson Hexagon, analista de redes sociales, y el Proyecto PEORIA de la Escuela de Posgrado en Gestión Política de la Universidad George Washington, compartido con The Washington Post antes de su publicación, indica qué tan correcto fue ese instinto.

Hay dos maneras diferentes de medir la viralidad en una plataforma como Twitter. La primera es el volumen: cuántas publicaciones se hicieron al respecto. El segundo es alcance: cuántas personas vieron esos mensajes. Cuando la comparas con otras conversaciones de acoso sexual en Twitter desde el 2010, #MeToo se destaca como viral por ambas mediciones.

“Los usuarios de Twitter se mueven de un tema a otro con relativa rapidez”, dijo Michael Cohen, profesor de la Escuela de Posgrado en Gestión Política de la Universidad George Washington y  jefe de datos del Proyecto PEORIA. “El interés sostenido en este nivel se parece más a #BLM: ‘Black Lives Matter’”, dijo, a diferencia de cualquier otro hashtag viral del día que se dispara y de la misma manera se esfuma.

En otras palabras, en un año repleto de noticias, #MeToo realmente se consolidó como un movimiento prioritario y de gran importancia en las redes sociales.

Los datos también brindan respaldo cuantificable para una de las teorías más populares detrás del explosivo crecimiento de #MeToo, que “no fue hasta que poderosas e influyentes celebridades como Alyssa Milano y Ashley Judd compartieron sus propias historias en las redes sociales que el movimiento realmente se apoderó de las redes”, dijo Stephanie Newby, directora ejecutiva de Crimson Hexagon.

Hace más de una década

Poco se sabía que, esa campaña por dar voz a las víctimas, la impulsó una activista llamada Tarana Burke tiempo atrás. En 1996, mientras trabajaba en un campamento para niñas, Burke escuchó el testimonio de abuso de una niña por parte de un familiar y no pudo hacerle frente. Esa fue la chispa que prendió “Me Too Movement” (Movimiento Yo También), centrado en mujeres jóvenes que han sido víctimas de abuso, agresión o explotación sexual.

Más adelante, en el 2006, Burke lanzó esa iniciativa como parte de la organización Just Be Inc, de la que es fundadora, y aunque principalmente se centra en “empoderar” a chicas jóvenes de color, su misión indica que abarca las personas que se identifican como mujeres y a las que consideran no tener un género determinado.

#MeToo se distingue de otros movimientos de medios sociales por el papel que jugaron las celebridades, no sólo en su existencia, sino en cómo sucedió: como víctimas primero, y luego como defensoras.

Michael Cornfield, profesor asociado de gestión política en la Universidad George Washington, opina: “Las celebridades se involucran en la promoción de este tipo de temas todo el tiempo, pero no lo habían hecho hasta ahora de una manera tan profunda y visible. Eso significa que la explosión de #MeToo no sólo será difícil de olvidar, sino también difícil de replicar “.