La ciudad de Valladolid, en la península de Yucatán, es conocida como un punto intermedio para pasar la noche cuando se visitan otros lugares más famosos como Chichén Itzá, Ek Balam, Cancún o Tulum. Ahora, también es sede del Museo de Ropa Étnica de México (Murem), recientemente inaugurado, diseñado para reflejar las culturas multifacéticas del país  y su legado textil.

El diario estadounidense The Washington Post destaca esta iniciativa en su sección de viajes el pasado 17 de enero (“A new museum in the Yucatán celebrates the traditional clothing of Mexico”).

La fundadora y directora del museo sin fines de lucro, Tey Mariana Stiteler, creció en las afueras de Pittsburgh, en Pennsylvania, pero la herencia mexicana de su madre, Ángeles, fue una parte importante de su educación.

Como profesora de español en la universidad local, Angeles López-Portillo de Stiteler, quien ahora tiene 91 años, organizaba ferias culturales anuales para presentar a los estudiantes las comidas y tradiciones de México, su tierra natal.

Después de retirarse de una carrera en marketing y comunicaciones en el Museo de Arte Carnegie, Tey Stiteler reflexionó sobre su traslado a México y, finalmente, se mudó a Valladolid.

“Mi madre y yo manejamos, pasando por 22 estados. Valladolid fue amor a primera vista, y la primera noche, en nuestro hotel, pensé que quería hacer de esto una relación permanente”, dice Tey al Post.

El mes de diciembre pasado, ella inauguró el Murem en un edificio colonial tradicional cerca de la plaza pública de Valladolid, que presenta una colección de más de 90 trajes completos, representando 25 grupos étnicos de 16 estados del país.

Vestimenta de los estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche comparten el escenario. Cuando es posible, Stiteler, junta trajes antiguos con trajes nuevos del mismo grupo étnico de cada región para que los visitantes puedan apreciar u observar los elementos que han permanecido a través de las décadas, así como el cuello cuadrado y las flores bordadas en las blusas y vestidos de Yucatán. Una máquina de coser, Singer, antigua hace referencia a la transición al trabajo a máquina alrededor de 1918, cuando la compañía la introduce en Mérida y enseña su uso a las mujeres.

(Con información de The Washington Post, traducción de Zonia Ziada)