Exquisitos del cine de arte y fanboys del cine de horror, atención: ha llegado la cinta que los juntará a todos ustedes en las salas cinematográficas, así que mejor aprendan a tolerarse.

Se trata de "Thirst: sed de sangre" la más reciente cinta del maestro del nuevo cine asiático, el coreano Park Chan-wook, quien con su Trilogía de la Venganza -especialmente con la genial Oldboy- se reveló como todo un estilista de la violencia.

Sí, eso suena a un lugar común internacional (desde Tarantino hasta Darío Argento, todos son estilistas de la violencia ), pero lo que pone aparte a Chan-wook es su sutileza. Recuerden "Oldboy": una cosa es hacer una pelea a muerte a puñetazos, otra muy distinta es hacerla en un plano-secuencia a larga distancia donde la lucha es más una danza que una golpiza al estilo Bruce Lee.

Pero al diablo con pretensiones: Chan-wook hace películas cool a su propio modo, sin copiarle al copión de Tarantino ni volverse un hijo del cine de Hong Kong ni un repetidor de Kurosawa.

Muy cool es "Thirst", una cinta, para más coolness, de vampiros. (Fans de "Crepúsculo": olvídenlo, no es para ustedes).

El protagonista es Sang-hyue, un sacerdote católico que sólo quiere hacer el bien y acaba convertido en hematófago. Sang participa en un experimento médico para encontrar la cura a una enfermedad que causa pústulas y hemorragias masivas a sus víctimas. En el tratamiento recibe una transfusión que llevaba la bacteria del vampirismo que le salva la vida y lo condena a la sed eterna de sangre humana.

La noticia de la recuperación de Sang lo convierte para la comunidad católica en un hacedor de milagros al estilo del Santo Niño de Atocha. Así se reencuentra con dos conocidos de su niñez, la Sra. Ra y su hijo, dos personajes bienintencionados y muy, muy desagradables: una caricatura de la moral convencional de la clase media.

Aquí la cinta se vuelve mucho más compleja. La trama anunciaba una película de serie B y de pronto se convierte en El discreto encanto de la burguesía. Chan-wook adapta Thérese Raquin , cuento de Emil Zola que busca diseccionar a la burguesía francesa, a la realidad coreana.

Una bomba de ironías y sutil humor negro se desencadena cuando Sang se enamora de Tae-ju, hija adoptiva de la Sra. Ra.

En un arranque de pasión harto pecaminosa, Sang convierte a Tae-ju en vampira y lo que viene es una espiral descendente de violencia cuando el siempre noble Sang no puede contener a su sedienta amante.

Thirst: sed de sangre es, como casi toda la filmografía de Park Chan-wook, una gran película que lleva al espectador a lugares muy inesperados. Decir que es una cinta sui generis sería quedarse corto. No se la pierdan.