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Del hospital a la app

OpiniónEl Economista

Durante décadas, el sistema de salud fue diseñado alrededor de un momento específico: la consulta médica. El médico preguntaba cómo se había sentido el paciente y tomaba decisiones con base en una fotografía parcial de su estado de salud, con ayuda de análisis o muestras, que en muchas ocasiones requieren considerar días o semanas para obtener resultados y determinar el estado de salud.

Hoy empezamos a ver algo diferente. Por primera vez, millones de personas llevan consigo dispositivos capaces de registrar continuamente variables que antes solo podían medirse en hospitales o consultorios. La combinación de wearables, aplicaciones de salud e inteligencia artificial está transformando la manera en que entendemos el seguimiento médico.

No se trata de una tendencia menor. El mercado global de dispositivos médicos portátiles (wearable medical devices) fue valorado en 103,040 millones de dólares en 2025 y podría alcanzar los 505,280 mdd hacia 2034, impulsado por el crecimiento de enfermedades crónicas, el monitoreo remoto de pacientes y la integración de tecnologías inteligentes, de acuerdo con Fortune Business Insight.

Sin embargo, el dato más interesante no es el crecimiento del mercado. Es lo que estos dispositivos están cambiando.

Los relojes inteligentes, monitores de glucosa, sensores biométricos y aplicaciones de salud permiten recopilar información continua sobre frecuencia cardiaca, calidad del sueño, niveles de actividad física, ritmo cardiaco, oxigenación y otros indicadores que antes solo podían evaluarse durante una visita médica.

Esto resulta especialmente relevante para el manejo de enfermedades crónicas.

Una investigación realizada por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos en 2024 concluyó que los wearables están contribuyendo a mejorar el seguimiento y la participación de los pacientes en condiciones como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, trastornos respiratorios, enfermedades neurológicas e incluso salud mental. Además, permiten detectar cambios clínicos con mayor rapidez y fomentar una participación más activa del paciente en el cuidado de su propia salud.

Interpretación en vivo

Los datos por sí solos no resuelven el problema, el desafío está en interpretarlos.

Aquí es donde la IA comienza a desempeñar un papel clave. Diversos estudios muestran que los sistemas de IA pueden analizar información generada por wearables para identificar patrones de comportamiento, anticipar riesgos, personalizar recomendaciones y generar alertas tempranas que ayuden tanto a pacientes como a profesionales de la salud a tomar mejores decisiones.

En otras palabras, los dispositivos capturan información. La IA ayuda a convertirla en conocimiento accionable. La importancia de esta evolución va más allá de la tecnología. Está cambiando el modelo de atención.

La convergencia entre wearables, aplicaciones móviles y medicina de precisión está impulsando una transición desde un sistema centrado en el tratamiento de enfermedades hacia uno basado en prevención, monitoreo continuo y personalización. En este escenario, la salud deja de ser una actividad que ocurre solo en hospitales y consultorios para integrarse en la vida cotidiana de las personas.

Al mismo tiempo, los sistemas de salud enfrentan presiones crecientes derivadas del envejecimiento poblacional, la escasez de personal médico y el aumento de enfermedades crónicas. En este contexto, consultoras como McKinsey & Company señalan que las tecnologías como el monitoreo remoto y los sistemas inteligentes de apoyo clínico tienen el potencial de generar mejoras significativas en productividad, eficiencia y resultados de salud.

Por supuesto, todavía existen desafíos importantes. La integración de datos, la privacidad de la información, la interoperabilidad entre plataformas y la incorporación de estos sistemas dentro de los flujos clínicos siguen siendo temas pendientes. La adopción tecnológica por sí sola no garantiza mejores resultados.

Pero la dirección parece clara. Durante gran parte de la historia moderna, los sistemas de salud obtenían información cuando el paciente acudía al hospital. Ahora, el sistema puede acompañarlo mientras trabaja, duerme, hace ejercicio o sigue un tratamiento desde casa. Tal vez la próxima gran transformación de la salud no ocurra dentro de un hospital. Tal vez ocurra entre una consulta y otra.

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