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Fortalecer al Derecho Internacional
Opinión
Gracias al Derecho Internacional, existimos. Empiezo por una afirmación que puede sonar a exageración, sin embargo, debe tomarse al pie de la letra: gracias al Derecho Internacional, existimos.
México no es un accidente de la geografía ni un dato de la naturaleza. Es una persona jurídica, y toda persona jurídica necesita un título que la sostenga. Nuestra independencia se consumó en 1821, pero se volvió oponible frente a los demás Estados por la vía del reconocimiento y de los tratados. Nuestras fronteras fueron trazadas por instrumentos convencionales, algunos dolorosos, como el de 1848, y otros reparadores, como la solución del Chamizal, en la que una porción del territorio nacional volvió a México por la fuerza de un laudo y de un tratado, y no por la fuerza de las armas.
Y lo que vale para el Estado vale, con la misma exactitud, para cada persona. El pasaporte que llevamos con nosotros; el título profesional de los alumnos universitarios que algún día harán valer en el extranjero; el paquete que llega desde otro continente y encuentra aquí un régimen postal y aduanero que lo espera; la vacuna certificada conforme a estándares comunes; el contrato que su familia celebra con un proveedor de ultramar; la llamada de un connacional detenido en Arizona pidiendo que avisen a su consulado. Todo eso es Derecho Internacional en estado práctico. Lo respiramos como se respira el aire: sólo lo advertimos cuando falta.
De ahí que el debilitamiento de esta disciplina no sea una travesura doctrinal ni un tema de conferencistas. Quien afloja esas amarras afloja también el título de nuestra existencia. Y conviene decirlo con claridad: los países medianos, los que no tienen portaaviones ni derecho de veto, no perdemos lo mismo que las grandes potencias cuando la norma se degrada. Nosotros perdemos el instrumento con el que hacemos valer la razón frente a la asimetría del poder.
El multilateralismo es la forma institucional que adoptó el viejo derecho de gentes cuando la humanidad resolvió, después de dos guerras mundiales, que la convivencia entre los Estados descansaría en reglas comunes, discutidas en común y aplicables a todos por igual.
El multilateralismo enfrenta hoy una de sus pruebas más severas. El veto ha inmovilizado al Consejo de Seguridad frente a conflictos que reclamaban su acción.
La invasión de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, constituye la violación más flagrante de la prohibición del uso de la fuerza cometida en lo que va del siglo por un miembro permanente del Consejo de Seguridad, y dejó al descubierto la parálisis institucional que produce el veto.
Las normas no se defienden solas: las defienden personas que las conocen bien, que las invocan a tiempo y que no las abandonan cuando dejan de ser cómodas.
Es necesario apoyar a los organismos multilaterales porque gracias al Derecho Internacional existimos.
Acción y no lamento.