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Opinión

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Dudas sobre el calentamiento global

Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio 

Ningún analista o científico serio pone en duda el fenómeno del calentamiento global generado por el hombre. La física es inapelable. La Tierra recibe del sol 340 Watts/m2 (Watts por metro cuadrado) en las capas altas de la atmósfera; refleja 100 Watts/m2, y entran 240 Watts/m2. Pero la molécula de CO2 en la atmósfera, producto de las emisiones humanas, atrapa radiación infrarroja que de otra forma escaparía de la Tierra hacia el espacio, debido a un fenómeno cuántico relacionado con su estructura molecular y sus modos y frecuencias de vibración atómica. Esto calienta el planeta a través de un Forzamiento Radiativo ya que ingresa más energía de la que se disipa, hasta que se llegue a un nuevo equilibrio termodinámico a temperaturas más altas. Por ejemplo, duplicar las concentraciones atmosféricas de CO2 con respecto a lo que había en épocas preindustriales (lo que ocurrirá en pocas décadas) provocará un Forzamiento Radiativo de 3.7 Watts/m2; o sea, energía que se “quedará” en la Tierra y no será reflejada al espacio, incrementando la temperatura.

A partir de aquí empiezan dudas e incertidumbre. ¿Cómo evolucionarán las emisiones de CO2, seguirán aumentando o se estabilizarán para después disminuir? ¿Qué tanto aumentará la temperatura y cuándo, y cuáles son las consecuencias y costos? ¿Qué otras variables interactúan con el CO2 y la temperatura? ¿Qué retroalimentaciones y respuestas tendrá el sistema climático planetario a estas perturbaciones o desequilibrios? ¿Cuánta energía reflejan al espacio las nubes y los hielos polares? ¿Las nubes enfrían la atmósfera al bloquear la luz solar, o atrapan más radiación infrarroja acelerando el calentamiento? Con mayores temperaturas la atmósfera retiene más vapor de agua que agudiza el calentamiento, pero las partículas contaminantes (aerosoles) que flotan en la atmósfera, y otros factores, la enfrían. El balance final es un rompecabezas. No obstante, fuentes respetables afirman que el aumento en la temperatura en estas condiciones podría llegar a 3°C (ya estamos en 1.5°C), con base en modelos con muy amplia variabilidad e incertidumbre.

Las dudas se multiplican. Más todavía, si tomamos en cuenta que estas relaciones no son lineales, sino que siguen funciones no lineales, y aún caóticas. La incertidumbre es mayor cuando pasamos a las consecuencias físicas, ecológicas y económicas del calentamiento global, por ejemplo, intensidad y frecuencia de huracanes, deshielo de los casquetes polares, aumento en el nivel del mar, incremento en episodios de sequía, u ondas de calor. Más aún, si pretendemos estimar los costos de todo ello a través de modelos probabilísticos de daño climático, que relacionan en el futuro variables económicas con variables climáticas. Aquí intervienen tasas de descuento prácticamente imposibles de definir para un futuro incierto y lejano, tasas de crecimiento económico futuro inescrutables, cambios estructurales sectoriales impredecibles en la economía, riqueza y capacidades de las generaciones futuras para asumir los resultados del calentamiento global, consecuencias catastróficas o de costo inconmensurable, o previsiones que no se harán realidad. Todavía más aventurado y cabalístico es comparar los costos marginales del aumento en la temperatura con los costos de mitigar o reducir las emisiones.

Pero hay todavía más incertidumbre en efectos de retroalimentación por emisiones de CO2 y Metano por derretimiento del Permafrost (suelos orgánicos congelados) en Siberia, Canadá y Alaska) que acelerarían el calentamiento global, o la alteración de corrientes marinas que moderan el clima en Europa (Sistema de Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, o AMOC por sus siglas en inglés). La incertidumbre es casi impenetrable. Y para aderezar el alud de dudas e incertidumbre, debe pensarse en costos netos, ya que el CO2, también tiene “beneficios”. En efecto, es causa de “fertilización” atmosférica que promueve la fotosíntesis y el crecimiento de las plantas y por tanto un reverdecimiento documentado del planeta, aparte de que favorecerá la producción agrícola, y aumentará sus rendimientos en latitudes medias y altas. Finalmente, hay dudas o refutaciones sobre fenómenos canónicos del cambio climático. Destaca la predicción clásica sobre el incremento en la frecuencia e intensidad de huracanes, que ha resultado equivocada. La actividad ciclónica se ha reducido, sobre todo en el Atlántico y en el Caribe, donde incluso este año, insólitamente, no ha habido ningún huracán. En cuanto a la elevación del nivel del mar, estudios recientes muestran que en 204 estaciones en todo el mundo, el 95% no presentan ninguna aceleración significativa en la tasa de aumento en el nivel del mar. En materia de sequías, análisis fidedignos afirman que tampoco se registra aceleración alguna en las tendencias históricas. El hielo en el Ártico no ha desparecido en verano, como se había pronosticado, mientras en la Antártida hay tendencias contradictorias. Todo esto ha generado en algunos círculos la idea de una exageración del problema para provocar angustia y pánico. Inevitablemente ha introducido dudas y desconfianza en las instituciones y ciencia del cambio climático, y en decisiones y políticas para mitigarlo, y ha contribuido a diluir el interés y prioridad del tema entre la opinión pública y los gobiernos.

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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