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Opinión

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La Cultura de la Paz, Cárdenas Traicionado

Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz

“No sé qué es la Cuarta Transformación”. Cuauhtémoc Cárdenas.

Falleció uno de los constructores de la democracia mexicana que pudimos disfrutar de 1997 a 2018: Cuauhtémoc Cárdenas, líder de una izquierda racional, sensata, decente y comprometida con las instituciones democráticas.

Hijo del presidente Lázaro Cárdenas, desarrolló una importante trayectoria como miembro del PRI. Ocupó una subsecretaría de Estado, fue senador de la República y gobernador de Michoacán. En 1986, junto con otros destacados militantes priístas, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, impulsó la Corriente Democrática, su objetivo era democratizar los mecanismos de selección de candidatos dentro del PRI. Él quería ser Presidente.

La Corriente Democrática, de ser una escisión interna se transformó en el Frente Democrático Nacional. Pasó de la crítica interna a la abierta disidencia. Tras la designación del candidato presidencial priísta, Cuauhtémoc Cárdenas fue postulado como candidato a la Presidencia de la República con el respaldo de tres partidos de izquierda con registro y numerosas organizaciones políticas y sociales.

El Frente Democrático Nacional, coalición formada en 1988 para disputar la elección presidencial de ese año, evolucionó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que años más tarde terminaría perdiendo su registro nacional tras el traslado masivo de cuadros, liderazgos y estructuras hacia Morena.

El PRI obtuvo la victoria en los comicios de julio de 1988; sin embargo, el resultado quedó marcado por una profunda crisis de legitimidad. Cárdenas se proclamó vencedor y denunció haber sido víctima de un fraude electoral vinculado a la célebre “caída del sistema”, atribuida al titular de Gobernación. Debe reconocerse que su vocación por el diálogo contribuyó a evitar que la tensión política de aquel año derivara en violencia.

En diciembre de 1997, Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno electo del Distrito Federal, cargo que desempeñó hasta septiembre de 1999, cuando renunció para contender, por tercera ocasión, por la Presidencia de la República.

Su activismo político contribuyó a la transición democrática mexicana.

Al movimiento de izquierda democrática liderado, entre otros, por Cárdenas se incorporó -para contaminarlo y traicionarlo- quien llegaría a convertirse en la figura dominante del actual oficialismo. Desde una perspectiva crítica, su trayectoria se ha caracterizado por su actitud utilitarista, populista, autocrática, autoritaria, mesiánica y grosera.

Desde 2018, el presidente y la mandataria, ambos de la autoproclamada “cuarta transformación”, en sentido contrario al espíritu democrático del movimiento de izquierda liderado por Cárdenas, se propusieron destruir los poderes judiciales y los contrapesos institucionales que habían sido una conquista de la transición democrática; impulsar la polarización política, y –lo más grave- entregar amplias regiones de México a grupos de narcoterroristas que ejercen la soberanía y el control territorial sobre comunidades enteras para saquear, desplazar, extorsionar y asesinar, a cambio del financiamiento y apoyo a las campañas electorales de su movimiento, neutralización de candidatos opositores e intimidación de electores, además de manipular los resultados electorales a su favor. También, propiciar y encubrir la corrupción de sus huestes y aplicar la justicia de manera selectiva.

Transitamos por un escenario totalmente distinto y opuesto al que imaginaron Cárdenas y los demás integrantes del Frente Democrático Nacional, escenario que se caracteriza por una tóxica concentración de poder, la erosión del sistema normativo, la pérdida de la cordialidad, la polarización y el abandono de la cultura de la paz, así como por una ruptura del orden constitucional e institucional.

A Cuauhtémoc Cárdenas le preocupaban particularmente la decadencia de los servicios públicos de educación y de salud, la insuficiente generación de empleo formal y el debilitamiento de la defensa de los derechos humanos.

Defendió la democracia, la pluralidad, el diálogo y la búsqueda de acuerdos como instrumentos para transformar la realidad nacional. Su legado ocupa un lugar relevante en la historia política contemporánea de México.

El fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas coincide con el momento más oscuro y peligroso de la historia política reciente de México.

No tenemos derecho a que una inexplicable tolerancia continúe degradándose en indiferencia ante la destrucción nacional.

¡Despertemos!

*El autor es abogado, negociador y mediador.

X: @Phmergoldd

Contacto: mediador.negociador@gmail.com

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