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Opinión

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La aviación crece, pese a turbulencias

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Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes 

Rosario Avilés

La aviación tiene una capacidad de resiliencia que pocas industrias pueden presumir. Ha enfrentado crisis financieras, pandemias, guerras, incrementos del combustible y decisiones gubernamentales que muchas veces complican su desarrollo. Sin embargo, la demanda de transporte aéreo continúa creciendo, incluso en medio de una incertidumbre que parecería suficiente para desalentar nuevas inversiones. Arturo Barreira, vicepresidente de Airbus para AmLat, lo expresó así durante la reciente Asamblea General de ALTA: independientemente de las crisis, el mercado tiende a duplicarse cada 15 o 20 años. El desafío no es solamente atender ese crecimiento, sino conseguir que toda la industria pueda responder a sus exigencias.

La presión sobre los fabricantes es considerable. Las aerolíneas necesitan renovar sus flotas, incorporar aeronaves más eficientes y asegurar capacidad para los próximos años, pero las cadenas de suministro todavía no recuperan plenamente su funcionamiento. La escasez de motores, los problemas de proveeduría y los largos procesos de certificación dificultan acelerar la producción. Airbus, por ejemplo, mantiene una cartera de aproximadamente 9,300 aviones y proyecta entregar 870 durante 2026. Pero el problema trasciende a un fabricante: la industria necesita aumentar su capacidad productiva sin comprometer los estándares de seguridad y calidad que la caracterizan.

Otro problema es el costo del combustible que presiona fuerte la rentabilidad particularmente aquellas aerolíneas cuyos pasajeros son más sensibles a las tarifas. No todas pueden trasladar esos incrementos al consumidor sin perder mercado. Esto obliga a revisar estrategias comerciales, optimizar operaciones y acelerar la incorporación de equipos más eficientes. El riesgo es que los mayores costos terminen limitando la conectividad que tanto ha costado desarrollar.

La descarbonización añade otra dimensión al problema. Alcanzar las cero emisiones netas hacia 2050 requiere combustibles sostenibles, nuevas tecnologías, flotas modernas y operaciones más eficientes. Pero también exige involucrar a los sectores energético, agrícola y financiero. Sin políticas públicas que faciliten inversiones y articulen intereses, las metas ambientales difícilmente podrán cumplirse en los plazos previstos.

Para México, este escenario representa una oportunidad. El país cuenta con una industria aeroespacial consolidada, empresas proveedoras y experiencia manufacturera, pero necesita dar el siguiente paso: desarrollar tecnología propia, fortalecer la ingeniería y la investigación, formar especialistas y aumentar la participación de empresas nacionales en cadenas de mayor valor agregado. También requiere infraestructura, financiamiento, certidumbre regulatoria y una política industrial que vincule universidades, centros de investigación, fabricantes y proveedores. No basta con atraer inversiones; hay que generar capacidades que permanezcan en el país.

A futuro, la eventual incorporación de fabricantes chinos al mercado internacional también modificará el panorama competitivo. No ocurrirá de inmediato, pero obligará a los actuales participantes a innovar, mejorar sus productos y responder con mayor eficiencia a las necesidades de las aerolíneas.

La fortaleza de la aviación radica en que su demanda persiste, incluso bajo condiciones adversas. Pero esa capacidad de crecer no resuelve por sí misma los cuellos de botella industriales, los costos crecientes ni los compromisos ambientales. El verdadero reto será transformar esa demanda sostenida en crecimiento ordenado, sostenible y accesible. Para lograrlo se necesitan decisiones de largo plazo, coordinación entre gobiernos, academia e industria y, sobre todo, entender que la conectividad aérea no es un lujo, sino una condición indispensable para el desarrollo económico y social. Ojalá se aproveche.

Rosario Avilés

Periodista especializada en aviación y aeropuertos, con más de 30 años de experiencia en el sector. Es fundadora, editora, columnista y colaboradora en diversos medios de comunicación, incluyendo A21, El Economista, Reforma, y la columna "Despegues y Aterrizajes" que publica en La Crónica de Hoy.

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