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El caballo de Troya
Cuauhtémoc Cárdenas impulsó la corriente democrática en México, desmanteló el régimen autoritario del PRI, enfrentó las reformas neoliberales y construyó una alternativa progresista que transformó la vía electoral de la nación.
Vidal Llerenas Morales | Columna Invitada
La quinta columna o el Caballo de Troya es como llamó un gris Jorge de la Vega a la corriente democrática que encabezaba Cuauhtémoc Cárdenas, en una inédita Asamblea General del PRI, flanqueado por el presidente De la Madrid y los expresidentes López Portillo y Echeverría. En el tema de la democracia, decía De la Vega, algunos confunden los debates teóricos con los planteamientos de política operativa. No perderemos el tiempo con minorías que piden cambios, decía el chiapaneco, el poder nos lo dio la revolución hace 58 años y eso de la democracia es una ocurrencia. De la Vega tenía razón, la amenaza de la corriente democrática era mayúscula, era el inicio del fin del sistema político. Enfrentarse al PRI de los 80 es una auténtica osadía. Cárdenas era el único Caballo de Troya viable para romper el viejo y corrupto arreglo político. El hijo del general que pacificó al país, repartió la tierra y recuperó los recursos naturales, era quien podía encabezar la ruta del país a la democracia. Cárdenas entendió su papel, cuando pudo aprovechar su cuna de oro para avanzar en la nomenclatura priista o enriquecerse. Ya afuera del PRI construyó una candidatura que unificó a nacionalistas, socialdemócratas, comunistas y a todos los simpatizantes de izquierda. Ese fue el inicio de la vía electoral como alternativa para acceso al poder político en México.
Después, Carlos Salinas decidió impedir todo avance democrático e imponer una reforma estructural de la economía sin importar los costos. El viejo sistema político autoritario todavía sirvió para ese propósito. La única posición política que se opuso al neoliberalismo fue la que Cárdenas encabezaba y, después del acuerdo de Salinas con otros actores, el cardenismo era la corriente que seguía con la democracia como su demanda más urgente. Sus ideas económicas no eran radicales, pero sí cuestionaban los enormes costos sociales de las reformas de mercado ordenadas por los organismos financieros internacionales y ponía la desigualdad como el problema central de la sociedad mexicana a resolver. Cárdenas se dedicó a construir instituciones para buscar que el país fuera gobernado por una alternativa progresista, los avances sociales en este país también son resultado de esa lucha política. Esa fue su tarea y nunca renunció a ese compromiso. Tres candidaturas presidenciales testifican esa marcha. Lo único a lo que no se puede renunciar en política es a las convicciones y Cuauhtémoc nos demostró que eso es posible.
El reconocimiento, prácticamente unánime a la trayectoria del ingeniero, a raíz de su fallecimiento, muestra la magnitud de su legado. Un hombre capaz de dialogar con todos. Cárdenas aceleró el desmantelamiento de esa distopía autoritaria que fue el priismo, para buscar una alternativa democrática. Después fue arquitecto y alternativa para instituciones y candidaturas democráticas. Eso en tiempos verdaderamente adversos para servir de oposición política. Eso le basta para tener un lugar en la historia y el reconocimiento de los demócratas y los progresistas. El cambio político en México no fue sencillo, fue incluso violento, lento, pocos de verdad acreditaron convicción, Cárdenas fue siempre el primero en la lista.