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El afán por reducir la complejidad
Marisol Ochoa | Columna invitada
Las detenciones de “agentes estratégicos” u “objetivos prioritarios” como les gusta llamarlos entre el gobierno de Estados Unidos y México, continuarán. Así, el camino para contener la proliferación de actividades criminales y a su vez, la cooptación de espacios estratégicos, por parte de la delincuencia, se piensa que podrá ser vulnerada y reconfigurada. Lamentablemente esto no es así.
Por años, se ha comprobado que la detención de supuestos “agentes criminales prioritarios” incide muy poco, en las estructuras de las organizaciones delictivas, -asumiendo que las biografías de estos seres humanos omnipotentes y con capacidades inhumanas- pudieran doblegar, conciencias, hacer transacciones multimillonarias a través del mundo, controlar y gestionar territorial y económicamente todo a su paso, y por si esto fuera poco, tener a su disposición mágicamente el control de la violencia autorizada como desautorizada. No, la cuestión no es tan sencilla, y tampoco se trata de detenciones, que se muestran como estratégicas, pero sin un sentido de análisis de las complejidades que las lógicas de la criminalidad implican en nuestros tiempos.
La última detención de Oceguera Cervantes, en suelo mexicano por elementos del ejército, es uno de estos casos. Más allá de las implicaciones y la historia alrededor del personaje, no puede obviarse que estos agentes, no pueden ni tienen la capacidad de expandirse territorialmente solos, ya que requieren de otros agentes en las vías tanto legales como ilegales para poder operar. En este sentido, penar en asensos y expansiones como si se tratara de grandes estrategas bélicos, es algo fantasioso por decir lo menos.
Los grupos criminales y la fortaleza o vulnerabilidad de sus estructuras organizacionales requieren de apoyo, de condiciones que les permitan hacer posible su expansión territorial, operativa, económica y armamentista. Imaginemos la red que tiene que construirse alrededor de grupos criminales, y no solo esto, sumemos las capacidades operativas que deben de habilitarse para someter territorios, imponer modelos económicos extractivos, crear y gestionar rutas de control ilegal estratégicas y poder generar una cadena de distribución con alcance no sólo nacional sino global.
Como si esto no fuera suficiente, la alta profesionalización de estas operaciones requiere de una articulación de redes que habiliten niveles de impunidad, que permitan que las operaciones, gestiones y funcionamiento de la organización criminal exista, se expanda y se fortalezca. Si, la forma tradicional de analizarlo sería a través de personajes que tienen una biografía de novela, pero en nuestros contextos, tenemos que reconocer críticamente, que no se trata de personas aisladas siendo malas o super dotadas para ejercer la criminalidad, nada más ingenuo que esto. Se trata de estructuras operativas, con una multiplicidad de agentes tanto nacionales como extranjeros que gestionan y recodifican las reglas del juego, siempre en beneficio de ganadores y perdedores a partir de oportunidades económicas que producen mercados de consumo cada vez más inestables y complejos.
Si, Oceguera puede ser analizado en una observación que solo busca reducir la complejidad, pero si realmente queremos comenzar a ser críticos con una estrategia bilateral en materia de seguridad, el compromiso y el reto debería ser más profundo, donde no solo se trate de personajes, sino de estructuras y redes operativa de contubernio…es tan solo una idea.