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Venezuela ya no aguanta otros cinco años más con Luis Almagro en la OEA
Si de verdad Luis Almagro buscara una salida del laberinto venezolano en el que la OEA se encuentra hasta el fondo, lo primero que tendría que hacer es renunciar a su candidatura de reelección.
Almagro ya forma parte del problema porque su figura polariza, y si el 20 de marzo lograra reelegirse, la Organización de Estados Americanos pasará cinco años en estado vegetativo.
Las elecciones del día 20 deben de ser consideradas como excepcionales y no regulares, por las crisis democrática, económica y humanitaria de Venezuela: dos presidentes, dos parlamentos, un dictador, dos monedas, grupos civiles armados por Maduro, políticos inhabilitados, políticos de la oposición refugiados en embajadas en la ciudad de Caracas y en varias partes del mundo, una sociedad agotada y envenenada por las elevadas dosis de retórica populista que les ha suministrado el chavismo, y las oleadas masivas de venezolanos hacia el exterior, 4.5 millones, entre muchos factores más.
Es decir, el avanzado estado crítico por el que pasa Venezuela tendría que convencer a Almagro y a los países miembros de la OEA de que la figura del actual secretario general no tiene los activos políticos necesarios y mucho menos suficientes para abrir espacios de diálogo entre los países miembros.
Almagro ha convertido a la OEA en una red social: polariza y destruye, vulgariza la política y rompe con la institucionalidad.
Almagro dejó de parecer árbitro en la Asamblea de Cancún en el 2017, donde, de manera involuntaria, le cedió el protagonismo a Delcy Rodríguez, entonces ministra de Exteriores de Maduro.
Luis Almagro sabe que el Grupo de Lima nació tras su fracaso de la Asamblea de Cancún. En ella llegaron dos resoluciones: la planteada por México y 13 países más, con la que se pedía la liberación de los presos políticos, el cese de la violencia y la cancelación de las elecciones de la espuria Asamblea Constituyente.
La segunda resolución fue impulsada por los 14 países de la Comunidad del Caribe (Caricom), y sólo pedía diálogo entre el chavismo y la oposición. En ningún caso exigía la liberación de los presos o hacía referencia alguna a la Constituyente.
Dos semanas antes de la reunión en Cancún, las negociaciones fueron intensas por parte del G14. Para Videgaray, la promesa del representante de Antigua le transfirió confianza: “Pueden estar tranquilos”. Del grupo caribeño saldrían varios votos a favor de la propuesta de México. La posibilidad de superar el umbral de los 23 votos parecía al alcance de las manos del G14.
Después de un receso de una reunión entre cancilleres, sólo seis países caribeños votaron a favor del texto presentado por México. Otros tantos se abstuvieron, entre ellos Antigua y Barbados, cuyo embajador había garantizado los apoyos horas antes. República Dominicana y El Salvador también se abstuvieron.
Delcy Rodríguez venció a Videgaray y a Almagro
Desde ese momento, la OEA de Almagro encalló, y sin embargo, el actual secretario busca su reelección.
El embajador Hugo de Zela es la mejor opción de las tres que se presentan para encabezar a la OEA durante los próximos cinco años. Prestigioso diplomático con 42 años de carrera, De Zela fue nombrado embajador de Perú en Estados Unidos en abril del 2019. De Zela fue uno de los impulsores del Grupo de Lima y define a Maduro como dictador.
El costo para la OEA sería altísimo si se reeligiera Almagro. Cinco años de inmovilismo. Si de verdad quiere la libertad en Venezuela, Almagro debe de dar un paso atrás.