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Opinión

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Renta básica universal o capital básico

Como un atractivo partidista, se ha planteado especulativamente la posibilidad de dar a una parte importante de la población mexicana una renta básica.

La idea es vieja y fue abordada hace varios siglos por Thomas Paine, en los forcejeos de la creación institucional de Estados Unidos. En el siglo XX, de nuevo fue planteada por Bertrand Russell, Milton Friedman y John Kenneth Galbraith, en el contexto de la posguerra y la creación del Estado de bienestar.

El problema de su viabilidad es que significa un gasto público y, por tanto, financiable con impuestos o deuda. Si la renta básica es alta, tienen que elevarse más los impuestos. Por tanto, está sujeta a una competencia de prioridades de gasto que la justifique y privilegie. El año pasado se propuso en Finlandia y fue rechazada por 80% de los congresistas.

También se argumenta que tiene un efecto desincentivador del trabajo. Con efectos similares al seguro del desempleo en los países nórdicos, que es de 80% del salario cuando el trabajador estaba ocupado y que propicia a optar por seguir desempleado así como la adopción de una ética parasitaria.

En varios países europeos, en los años 30 y 40 del siglo XX, sobresaliendo Alemania y Dinamarca, empezaron a adoptar políticas con un perfil redistributivo. Actualmente, la Unión Europea propicia la adhesión de sus países miembros a los programas de renta mínima, si bien esa decisión compete a cada país. De ahí la variedad de formatos, aunque tengan ciertos rasgos comunes.

En los países en desarrollo sobresalen las experiencias de Brasil, particularmente en Belo Horizonte y Brasilia. Y en México, con su programa Prospera, que ofrece apoyos para la educación, salud y alimentación que pretende mejorar las condiciones de vida de las familias pobres, predominantemente rurales. Se dan becas de estudio mensuales, complementadas por un conjunto de acciones de apoyo a la familia en salud y en alimentación. Es un trípode para actuar más integralmente. Esta ayuda se entrega a las madres de familia para garantizar su uso eficiente.

Por tanto, la experiencia de renta básica ya existe en México, por lo que en vez de hacer un programa nuevo lo que se necesita es valorar lo que se tiene, unificar el sistema de ayudas oficiales, simplificar la burocracia y eliminar ineficiencias.

La otra cuestión para México es que se necesita privilegiar la creación de empleos como prioridad para la obtención de ingresos. Es la forma digna del ser humano para tener seguridad familiar, orgullo de realizar actividades productivas y de convivencia social, ser dueño de su voluntad, convertirse en ciudadano y ejercer sus deberes cívicos.

Actualmente, en los países desarrollados, son dos situaciones las que empujan hacia la renta básica. Una es que la economía está cada vez más digitalizada y desarrollada, creando enormes bolsas de desempleo. Otra es la inequidad galopante.

Hace casi un siglo, John Maynard Keynes tuvo una premonición brillante en su ensayo “Posibilidades económicas para nuestros nietos”. Ahí dijo: “Estamos siendo afligidos por una nueva enfermedad: el desempleo tecnológico”. Ahora se confirma con el hecho de que entre 35 y 50% de los puestos de trabajo están en riesgo de automatización. Por estas razones, en los países desarrollados ven en la renta básica una salida parcial a los problemas, a pesar de sus inconvenientes.

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Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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