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Nostalgia del caviar: El fabulador de conspiraciones y el Covid-19
Foto: Reuters
“El hecho de que sea paranoico no quiere decir que no tenga razón”, creo que le dice Jerry Fletcher (Mel Gibson) a la ayudante de fiscal Alice Sutton (Julia Roberts) en la mediocre cinta Conspiracy Theory (1997). Otro gran paranoico de película es Alan Krumwiede (Jude Law) en la película Contagion (2011).
No hay nada más delicioso que creer en las conspiraciones secretas, sea la de un gobierno ocultando OVNIS o la agenda del Foro de Sao Paulo que está siguiendo el presidente López. La conspiración secreta de los Illuminati garantizó que un libro mediocre (y una película) como el Código Da Vinci fuera un éxito.
Las falsas conspiraciones secretas son irrefutables. No hay manera de demostrarle a los creyentes que son idioteces. Si se niegan, los seguidores contestan que quienes las rechazan están en el ajo o bien son ingenuos. Las pruebas no les demuestran nada porque parten de la base de que son fabricadas. El conspiracionista se aferra más mientras más se le trata de refutar. Por supuesto, ha habido verdaderas conspiraciones secretas, pero estas raramente cambian el curso de la historia, al menos no en la amplitud y profundidad que los creyentes devotos le atribuyen.
¿Por qué en épocas críticas como las que vivimos las conspiraciones secretas ganan seguidores? El mundo siempre es un lugar complejo, caótico e imprevisible. En períodos de crisis los asideros mentales o las rutinas se ven todavía más afectadas que en tiempos normales. En nuestra búsqueda de coherencia, atribuimos a fuerzas embozadas, que pactan tal o cual cosa para salirse con la suya. La teoría conspirativa, entre todas sus características, tiene la virtud de ser muy sencilla de entender y parece explicar un acontecimiento. Es más fácil creer en una teoría conspirativa que informarse, analizar y tratar de entender la complejidad de algo. Adicionalmente, el que cede a la creencia de una conspiración secreta se siente dueño de un conocimiento que lo coloca por encima de quienes lo rodean.
Con la pandemia del Covid-19 no se han hecho esperar las conspiraciones. La más elemental fue negar que existiera. Se trataba de una conspiración de un gobierno o de un grupo de gobiernos para lograr algún fin: la supremacía china, el aniquilamiento de parte de la población, en fin, cada quien puede escoger. La segunda más frecuente se basó en la idea de que el virus fue creado en un laboratorio. ¿Quién lo creó? Bueno, las respuestas difieren: Bill Gates, el gobierno chino, el gobierno norteamericano, la industria farmacéutica; hay posibles culpables para elegir. Se ha llegado a decir que las vacunas esterilizarán o matarán a quienes las reciban o bien que los médicos tienen órdenes de los gobiernos de matar a los pacientes en los hospitales. Pero tal vez la tontería más grande que se ha dicho alrededor de la pandemia es la que atribuía el contagio a las torres de internet con 5K.
Sobre las vacunas y las curas también se han tejido historias. Se dice que tal o cual vacuna no es 100% segura o bien tendrá alguna nefasta reacción secundaria. Otros, hablan de curas milagrosas que la industria farmacéutica no quiere que se conozcan porque perderían el negocio. Decirles que esta industria está caminando a marchas forzadas para hallar una o varias vacunas seguras y eficaces a precios accesibles sería romper el encanto de las conspiraciones secretas. Además, no lo creerían.
Se atribuye a las fake news o la infodemia la proliferación de las teorías conspirativas. Pero esto va más allá de los medios de comunicación actuales. Las falsas conspiraciones secretas han existido desde tiempos remotos y se pueden hacer por encargo. Pero también surgen de la desconfianza, ignorancia, pereza mental y miedo, miedo en el presente y en el futuro.
A les mexicanes nos gustan las conspiraciones secretas. A varios priistas les escuché interpretar gestos presidenciales para convertirlos en mensajes cifrados. Las izquierdas son semilleros de estas conspiraciones secretas, contra la izquierda, por supuesto. En el México de hoy la gente de MORENA y FRENA son los mayores creadores de estas historias. El más importante fabulador es, sin duda, el presidente López, que suele vivir en una conspiración, como víctima, según su decir. Por supuesto, ninguno de estos actores políticos tiene el carisma de Mel Gibson o de David Duchovny en los Expedientes Secretos X.
Creer en una conspiración secreta falsa no tiene nada de malo, mientras no seas el presidente de un país devastado y con miedo, porque entonces se convierte en una atrocidad o en un distractor para esconder los desastres que haces. La realidad es que las mayores canalladas y los errores mayúsculos se cometen a plena luz del día, sin ninguna conspiración de por medio.