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Opinión

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Liberalismo y Estado de Bienestar

La falta de apoyo entre las naciones se advierte ahora cuando solo 10 países tienen el 80% de las vacunas. Esto vaticina una larga vida de la pandemia

El liberalismo que se afirmó como paradigma único después de la caída del muro de Berlín y el desmontaje de la Unión Soviética, ha perdido fuerza sobre todo porque uno de sus principios, la limitación del poder, se ha visto opacado por la consolidación de las grandes corporaciones que condicionan mercados y gobiernos. La democracia norteamericana no pudo controlar a las empresas financieras que crearon la crisis mundial de 2008-2009 y ahora son más grandes.

En Estados Unidos la clase media, que era el sustento democrático del país y del consumo, empezó a declinar a partir de 1980. Con Trump las cosas se pusieron peor, bajó los impuestos a los ricos e inició el desmantelamiento del Estado de Bienestar. En Rusia se consolidó un capitalismo autoritario dirigido por Putin y sus amigos.

La libre empresa y el cambio libre, el equilibrio que supuestamente se establecería entre productores, trabajadores y consumidores jamás ha impedido a las empresas organizar acuerdos que eliminen la competencia que ellos mismos proclaman. Asimismo hacen trabajar a sus empleados en increíbles condiciones de insalubridad. El liberalismo utiliza la libertad para imponer el dominio del más fuerte.

Las cifras sobre concentración de la riqueza y las disparidades de ingresos muestra comparaciones abismales. Por eso la población es proclive a votar por los políticos que vienen de los populismos emergentes que solo ofrecen utopías envueltas en sanguíneos discursos.

La vía para reformar al liberalismo pasa por resolver los límites del Estado y el Mercado, la tensión entre libertad e igualdad y la fijación de fronteras entre las clases sociales.

El sistema que ha podido combinar con éxito el liberalismo con el Estado de Bienestar es el de los países escandinavos. Son un ejemplo a imitar. Un Estado redistribuidor no amenaza a la libertad, sino que la garantiza. Simone Weil decía: "Todo esfuerzo de pensamiento consiste en pensar la experiencia". La base socialdemócrata nórdica descansa en principios como los siguientes: libre competencia, ciencia y tecnología, garantía de los derechos de propiedad, medicina moderna, sociedad de consumo y ética del trabajo.

A nivel global la falta de apoyo entre las naciones se advierte ahora cuando solo 10 países tienen el 80% de las vacunas. Esto vaticina una larga vida de la pandemia y por tanto de muertos. La iniciativa propuesta por Emmanuel Macron Presidente de Francia, de que los países desarrollados destinen el 5% de las vacunas solo tuvo como destino el olvido. Fuera de esta propuesta no han surgido otras basadas en la solidaridad.

Actualmente los países que ejercen poder en las relaciones internacionales son Estados Unidos y Canadá, cuyos gobiernos están realizando políticas comunes en energía y contaminantes como aporte al objetivo global de reducir el Cambio Climático.

Rusia se distingue por sus recursos naturales y porque Putin es un protagonista importante que actúa en función de la debilidad o fuerza de los jefes de Estado de los países desarrollados. La Unión Europea ha demostrado la fragilidad de no ser un Estado unitario, pero que con el 7% de la población mundial genera el 24% de la producción del planeta y tiene el 50% del gasto social. China de nuevo resurge a pesar de la pandemia con altas tasas de crecimiento económico.

Además de una renovación del liberalismo se necesita democratizar a las instituciones internacionales, lo que requiere el compromiso de las potencias mundiales, particularmente China y Estados Unidos.

smota@eleconomista.com.mx

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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