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Opinión

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El gran hermano es un transformer

La persecución, la infiltración y el espionaje sobre personas que se oponen al poder o de simples ciudadanos pertenecientes a una república, son tan viejos como la historia de quienes resisten la dominación.

En la historia de la conquista de México es conocido el servicio que espías indígenas prestaron a los españoles; los conspiradores de 1810 tuvieron qué adelantar el llamado a la rebelión debido a que su plan fue descubierto, por espías.

Francisco Villa y Emiliano Zapata se encontraron el viernes 4 de diciembre en una casona de Xochimilco y ahí refrendaron su pacto revolucionario. Se suponía que hablaban en la confianza de camaradas de lucha; no fue así. Cuatro días, el Departamento de Estado en Washington, ya tenía el reporte completo de lo que Zapata y Villa habían hablado, redactado por el agente, Leon Canova, quien se coló a la famosa reunión de los líderes rebeldes (Armando Ruiz Aguilar, Nosotros los hombres ignorantes que hacemos la guerra: correspondencia entre Francisco Villa y Emiliano Zapata, Conaculta, 2010, México).

El movimiento estudiantil de 1968, los grupos guerrilleros de la década de 1970, las diversas insurgencias magisteriales, la Corriente Democrática que enfrentó al PRI en 1988, El Barzón en 1993, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, todos estos movimientos, absolutamente todos, han sido espiados por el poder.

Si bien la historia del espionaje y la infiltración ha acompañado siempre al ejercicio del poder, vale la pena preguntarse si ahora estos afanes persecutorios e infiltradores se están multiplicando gracias a la tecnología, la alta inversión en equipos, y al estado de excepción que de facto existe en los gobiernos contemporáneos, aunque se llamen democráticos.

No estoy seguro de responder afirmativamente, sin embargo apenas unas notas de las últimas semanas y meses, dan una sensación de vértigo y de convicción de que el Gran Hermano ya está aquí, y potenciado.

Ya sabíamos que el gobierno de Estados Unidos espiaba al mundo y a sus ciudadanos, un ejemplo de ello es que la Unión Europea reveló en 2001 el Proyecto Echelon, considerado entonces el mayor proyecto de espionaje de la historia, a cargo de los países anglosajones y comandado por Estados Unidos. Pero ahora que el ex espía de la CIA Edward Sowden reveló los detalles del espionaje llevado a cabo por la Agencia Nacional de Seguridad, sabemos que el espionaje es a una escala mayor de la imaginada.

Ahora sabemos también que en México no escapamos a los afanes de espionaje por parte del poder. Gracias a tecnologías que ofrece la empresa privada FinFischer, en México Iusacell y Uninet (filial de Telmex) pueden grabar conversaciones, mensajes de texto y hasta operar a distancia el micrófono y la cámara de nuestros celulares.

Apenas un año atrás se dio a conocer que el gobierno de Felipe Calderón (a través de la secretaría de Defensa) había gastado 5,000 millones de pesos en la compra de tecnología para espionaje (El Universal, 16 julio 2012).

A esto hay que añadir que las cámaras de videovigilancia se han multiplicado por varios cientos en todas las ciudades mexicanas.

Si, ahora se puede responder la pregunta afirmativamente: ahora el poder tiene más medios y formas para espiar. El Gran Hermano está aquí, no ya como un simple ojo que capta una parte de lo que tiene enfrente, sino como un transformer altamente tecnificado que capta imagen, sonidos, correos, mensajes, fotos, videos, movimientos bancarios, información escolar, registros oficiales, movimientos comerciales, en fin, todas las actividades cotidianas de millones de personas. A pesar de este monstruo dedicado al espionaje de todos, creo que el ingenio de quienes disienten del poder evadirá la persecución y saldrá adelante, como en el pasado.

rubenmartinmartin@gmail.com

Twitter: @rmartinmar

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