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De cómo el Ciclotón en el DF nos puede preparar para un terremoto
Es imposible no identificarte con los chilenos o con cualquier pueblo a quien un temblor le tira casas, edificios, escuelas, hospitales, tiendas, caminos, puentes En unos segundos, el movimiento de la tierra mueve todo, incluso las estructuras sociales.
Me pregunto -aunque no quiero tener la oportunidad de volver a sufrirlo- si en México volviera a temblar como el 19 de septiembre de 1985, si nuestra estructura física y social volvería a aguantar un movimiento de este tipo.
Creo que el temblor físico probablemente lo resistiríamos mejor. Socialmente, es para mi la duda; aunque creo que sí. Me explico.
Anoche, al ver en el noticiero de Chile me sorprendí de ver cómo los pobladores de Concepción saqueaban los almacenes. Salían de la tienda sacando televisiones, licuadoras, tostadores, sólo por el hecho de no tener restricción y sí contar con la oportunidad. Antes pasó en Nueva Orleans y hace poco en Haití lo vimos: el saqueo, los balazos en vez de que los afectados salieran a ayudar, utilizaron su tiempo y su salud para robarle al vecino.
Nosotros en México, hasta ahora hemos tenido auto control y educación cívica que por momentos temo que se rompa... pero no ha sido así. Me vienen a la mente no sólo el México de 1985, sino el huracán Gilberto en Monterrey; el huracán Wilma que devastó la Península de Yucatán. Luego, las inundaciones en Villahermosa; y qué me dicen de la Influenza... o de la inundación de aguas negras en Chalco, de hace apenas unas semanas.
Creo que como mexicanos hemos aprendido a resolver nuestros asuntos más apremiantes solos, esto es, sin esperar a que las autoridades lo hagan.
Es increíble, pero al no tener confianza ni fe en los representantes populares hemos logrado construir relaciones poderosas entre nuestras familias y vecinos.
El Paseo de Marcelo
Cuando el fin de semana revisé las noticias tuve que volver a sentir desasosiego: un pedazo de iceberg del tamaño de un país se desprendió en el Artico; temblor den Chile de 8.8, alerta de tsunami en Hawai, Rusia y México; atacan con granadas estaciones de policía en Monterrey, terror en Reynosa y, para colmo, ¡se muere el chihuahuense Carlos Montemayor!
Ya con todo esto, el domingo era para que me quedara encerrada pero, animada por mi esposo tomé la bicicleta y nos fuimos al Paseo de Marcelo , como le dicen.
Como todo último domingo de mes y es la primera vez que me toca- era día de Ciclotón. Hacen el recorrido largo que va por Reforma, Viaducto, Circuito Interior, pasando por el Zócalo, el Mercado de Sonora, los rumbos del Aeropuerto, el Foro Sol, el Centro Nacional de las Artes bueno, le da la vuelta a la ciudad.
Allí me di cuenta que ese paseo ayuda a actuar civilizadamente en caso de que Dios no quiera- ocurra un sismo de la magnitud del de Chile o Haití.
El ejercicio de cerrar las calles y permitir que miles podamos pasear por nuestra ciudad acompañados de nuestras familias y conviviendo con otras, nos hace sentirnos parte de algo; nos hace querer la Ciudad, nos hace sentir orgullosos de vivir aquí.
Entonces, para mi el Ciclotón es un ejercicio semanal de civismo, de respeto al otro, de identificación con tu vecino, de unión social, de democracia y eso, al final del día, deberá contar en caso de un terremoto, inundación, tolvaneras o lo que gusten.
¿Qué pasaría si, por ejemplo, en Monterrey cierran algunos carriles de Avenida Constitución y le dan la vuelta a la Macroplaza para hacer un recorrido similar; o en Guadalajara, Cancún, Ciudad Juárez o Nuevo Laredo? No cuesta dinero, no afecta a nadie, no contamina una acción de alto impacto a bajo costo.
Por eso, reconozco el ejercicio que por iniciativa del Gobierno de la Ciudad se ha logrado mantener en el Distrito Federal... pero, sobre todo, quiero invitar a los que no hay ido a que se den una vuelta el próximo domingo. Si no tienen bici no importa, allí rentan. Se la van a pasar bien. Allí nos vemos.
Por mientras, disfruten este corto.