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Opinión

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Candidatos mudos; México, sin mundo

Meade, Obrador y Anaya no nos han explicado su visión geoestratégica, ¿lo harán?

Si los tres poderes del Estado mexicano fueran Transparencia Internacional, Amnistía Internacional y Freedom House, Meade, Obrador y Anaya tendrían que mirar hacia el mundo; hacer comparaciones; viajar a través de las matemáticas; evolucionar hacia un esquema transcultural. Sin embargo, la audiencia electoral demanda elevadas dosis de show bajo lo que parece ser inmutable, una cultura etnocéntrica o si se prefiere usar el término popular, no mirar más allá del ombligo.

La realidad: las tres agencias internacionales sí analizan a México. En el 2017, Transparencia Internacional ubicó a México en el lugar 135 de una lista de 180 países en materia de corrupción. En el 2013 se encontraba en la posición 106. Nos estamos hundiendo. Si la tendencia se proyecta hacia el 2030, nos encontraremos entre Corea del Norte y Guinea Ecuatorial, ceteris paribus.

Amnistía Internacional plantea un escenario tétrico en México. “La violencia extrema y persistente era habitual (en el 2017) en países como Brasil, El Salvador, Honduras, México y Venezuela”. Viajar en el mismo furgón en el que viaja Maduro es una muy mala señal.

Freedom House, que mide la calidad democrática de los países, recomienda vigilar las próximas elecciones presidenciales de México. Valentina Duhanaj hace el llamado en una lista en la que incluye una serie de preocupaciones por la calidad democrática en Arabia Saudita, Afganistán, Angola, Georgia, Irak, Macedonia, Sudáfrica, Uzbekistán, y por supuesto, Estados Unidos de Donald Trump.

Intuyo que las campañas tendrán tres pilares: convertir las encuestas en herramientas publicitarias, las anécdotas nimias y las demandas judiciales. Sin embargo, les envío algunas preguntas a Meade, Obrador, Anaya e, inclusive, al Instituto Nacional Electoral (INE).

¿Por qué el INE no propone que uno de los tres debates se dedique al ámbito internacional?

¿Cuántos refugiados sirios estarían dispuestos a aceptar cada uno de los candidatos?

¿Apoyarán a la India, como lo hace Peña Nieto, para que ingrese al club de proveedores de armamento nuclear a pesar de que no ha firmado tratados de no proliferación de armas nucleares?

¿Cómo responderán a Trump si se sale con la suya en materia automotriz: producir 50% de los autos de la zona TLCAN en su país? Suena demencial que las reglas de origen pasen de 62.5 a 85 por ciento.

¿En qué momento retirarán a nuestro embajador en Caracas?

¿Reconocerán una reelección más de Evo Morales a pesar de que la mayoría de los bolivianos votó en contra de esa opción en un referéndum?

¿Estarían a favor de relanzar, de manera tangible, el modelo (hoy abstracto) del MIKTA (México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia) a pesar de que el presidente Erdogan se ha convertido en un sultán a quien le gusta violar los derechos humanos de los opositores?

¿Estarían dispuestos a promover una resolución ante Naciones Unidas en contra de las políticas migratorias de Trump, incluyendo la construcción del muro?

Por lo pronto, silencio. Demasiado, para el siglo XXI.

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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