Anaya o el chirrión por el palito

En su libro Morralla del Caló Mexicano, Jesús Flores y Escalante dice que el dicho popular mexicano: “Se le volteó el chirrión —látigo o chicote— por el palito” se aplica a las personas que se autohabilitan (sic) como verdugos y al final resultan víctimas.

El dicho viene a propósito de la campaña de descrédito orquestada contra el candidato presidencial de la alianza opositora Por México al Frente, Ricardo Anaya Cortés, quien en las últimas dos semanas ha sido atacado por el frente y por detrás. Se sospecha del gobierno federal. Se tiene la perspicacia de que la campaña perpetrada por la Procuraduría General de la República (PGR) y el Servicio de Administración Tributaria (SAT) forma parte de una estrategia diseñada en el cuarto de guerra del candidato del PRI —que no milita en el PRI— José Antonio Meade.

Si bien, obviamente, no puede probar su afirmación, la percepción que tiene el redactor de lo que usted lee es compartida por decenas —para no exagerar—, sino es que cientos o miles de mexicanos. Estamos ante un caso más de politización de la justicia. La PGR lanzó una acusación, sin pruebas ni investigaciones, por un supuesto lavado de dinero en la compra-venta de una nave industrial. Posteriormente el SAT completó e hizo más embrollada la imputación al manifestar que la empresa compradora es fantasma. Calumnia que algo queda.

Más que ante una estrategia —sustantivo que el diccionario define como “arte, traza para dirigir un asunto”— nos encontramos ante una estratagema: “ardid de guerra, audacia, fingimiento y engaño artificioso”, según el mismo mamotreto de la institución que fija, da esplendor y deja el idioma rechinando de limpio.

La estratagema tiene como objetivo bajar al candidato Anaya del segundo lugar de las preferencias electorales para que el candidato Meade ocupe ese sitio. Como se da el caso que en una elección no hay subcampeonato y da lo mismo el segundo que el tercer lugar; el propósito final del war room de la alianza Todos por México es que una vez que su candidato ocupe la, por el momento, anhelada segunda posición, llegue a la recta final de la contienda en condiciones de brincar a la primera —de la que cada día se aleja— para ganar la votación. Espeluzna el sólo pensar a qué recurrirán para lograr éste propósito. Estamos frente a un caso en el cual los que se habilitaron como verdugos, por recurrir a tácticas tan burdas, están a punto de que se les voltee el chirrión por el palito.

Mientras tanto, el candidato que marcha en el primer lugar de las preferencias electorales —Andrés Manuel López Obrador— se dispone a cachar los pocos votos que, con sus tramposas maniobras, logren quitarle los de la coalición que encabeza el PRI al segundo lugar y los muchos que con la táctica fallida de los maniobreros tricolores va a perder su candidato que al parecer, después de la aplicación de las tretas y artimañas priistas, va a terminar disputando el tercer lugar con Margarita Zavala. ¡No hombre, unos genios!

El jefe Diego

Capítulo aparte merece el abogado panista don Diego Fernández de Cevallos, consejero del candidato Anaya, quien acompañó a su correligionario el pasado domingo 24 de febrero a la PGR para presentar un escrito por medio del cual exigió a esa dependencia que dé a conocer si de la investigación que realiza en relación con la transacción de una compra-venta inmobiliaria en Querétaro se desprende algún delito.

Posteriormente a la visita, de manera inusual, la PGR difundió un video donde se ve y se escucha el momento en que Anaya, acompañado de los dirigentes de México al Frente y de su asesor legal, Fernández de Cevallos, entrega el mencionado documento y es exhortado a declarar por Mauro Rodríguez, funcionario de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), cosa que el aspirante panista declinó por la sencilla razón de no estar citado como indiciado. Al retirase el funcionario y con él el micrófono inalámbrico que portaba y que permitió escuchar con claridad la plática entre funcionario y aspirante panista, se escuchó por el micrófono de ambiente un “hijo de puta” —en singular— que en la grabación no se percibe muy bien quién lo dijo.

Al que escribe le pareció que la expresión majadera la emitió Anaya. Inclusive pensó: ¿Con esa boquita le dará los buenos días a su hijo Mateo? Pero luego se enteró de que el abogado Fernández de Cevallos asumió la responsabilidad del enunciado porque él siempre se “expresa con mucha cercanía al castellano antiguo”. (El Arcipreste de Hita y Gonzalo de Berceo desde su palco en el más allá le brindan una ovación a don Diego).

En lo único que encuentro una pequeña contradicción es que la locución escuchada fue en singular: “hijo de puta”, y en la aceptación del florido lenguaje del fidalgo, también llamado el Jefe, la frase la extendió al plural y admitió su culpabilidad argumentando que la mentada no fue para el funcionario que los atendió sino para la PGR. Así que con su español antiguo que no ha perdido significación en el siglo XXI, don Diego, a su manera, mandó al diablo a las instituciones.

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