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Los retos del nearshoring, la automatización y mercado laboral
Raúl Martínez Solares | Economía conductual
“Si crees que la capacitación es cara, piensa en el precio de la ignorancia" Ray Kroc, empresario estadounidense.
La reorganización de las cadenas globales de suministro, acelerada por tensiones geopolíticas, por la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China y por la reestructuración de los sectores industriales, ha alimentado la idea de que, para países como México, esta tendencia representa una oportunidad significativa. Sin embargo, un factor que no se ha analizado suficientemente es el potencial conflicto entre el proceso acelerado de automatización de las empresas y la estrategia de relocalización productiva basada en costos laborales relativamente bajos.
La lógica económica tradicional del nearshoring parte de que las economías emergentes se insertaron en las cadenas globales de valor a partir de una ventaja comparativa basada en la disponibilidad de mano de obra relativamente barata para tareas rutinarias. Las empresas fragmentaban su producción internacionalmente, de modo que los procesos intensivos en trabajo se trasladaban a países con salarios más bajos, mientras que los segmentos más sofisticados de la producción permanecían en las economías avanzadas.
La automatización, que se ha acelerado en la última década, ha introducido un cambio estructural. Las tecnologías que actualmente están transformando la manufactura, tales como la robótica industrial, la inteligencia artificial, los sistemas de análisis de datos y la automatización de procesos, todas diseñadas para sustituir tareas repetitivas y rutinarias, las mismas que sustentaron la ventaja competitiva de muchas economías emergentes. Cuando el capital tecnológico puede reemplazar ese tipo de trabajo de manera eficiente, la relevancia del bajo salario como criterio de localización productiva disminuye.
La evidencia empírica confirma este proceso. El estudio “Minimum Wages and the Rise of the Robots”, de Brynjolfsson et al., señala que los incrementos del salario mínimo pueden acelerar la adopción de robots en la manufactura. Con base en información de empresas manufactureras en Estados Unidos, se concluye que un aumento de 10% del salario mínimo incrementa aproximadamente en 8% la probabilidad de adopción de robots por parte de dichas empresas. Cuando el costo relativo del trabajo aumenta, las empresas tienden a invertir más rápidamente en tecnologías de automatización de los procesos productivos.
El fenómeno no implica el fin del nearshoring, pero sí transforma su naturaleza. En lugar de atraer manufactura intensiva en trabajo poco calificado, las economías emergentes enfrentan una presión creciente para integrarse en segmentos productivos donde la tecnología, el capital humano especializado y las capacidades organizacionales juegan un papel mucho más relevante.
Implicaciones en el mercado laboral
Esta transformación tiene implicaciones profundas para el mercado laboral. La automatización no elimina empleos de forma inmediata; lo que transforma son las tareas que los componen. A medida que las máquinas asumen tareas mecánicas y repetitivas, el valor económico del trabajo humano se desplaza hacia actividades que requieren capacidades cognitivas más complejas, la interpretación de información, la creatividad o la interacción social.
Otra investigación titulada “Rebooting Employees: Upskilling for Artificial Intelligence in Multinational Corporations”, de Jaiswal et al., aborda este tema. El estudio, basado en entrevistas con ejecutivos de empresas multinacionales que incorporan inteligencia artificial en sus procesos, concluye que la adopción de estas tecnologías obliga a rediseñar las habilidades de la fuerza laboral.
Las capacidades que se vuelven críticas son principalmente el análisis de datos, las habilidades digitales avanzadas, la capacidad de interpretar información compleja, la toma de decisiones basada en datos y la disposición al aprendizaje continuo.
La transición hacia una economía más automatizada requiere cambios significativos en el comportamiento de las empresas y de los trabajadores, pero también, de manera fundamental, en los mecanismos de capacitación y reentrenamiento de la fuerza laboral. Pero con frecuencia las personas tienden a subestimar la velocidad del cambio tecnológico y a percibir el futuro como una extensión relativamente estable del presente. Esto lleva a posponer las decisiones de inversión en capital humano (en educación, capacitación o reconversión laboral).
Las empresas enfrentan un problema similar. La capacitación de los trabajadores suele competir con otras prioridades de corto plazo, y los beneficios de invertir en capital humano especializado pueden percibirse como inciertos o lejanos.
Pero ello genera un problema, pues mientras las empresas esperan a trabajadores más capacitados, los trabajadores retrasan la adquisición de nuevas habilidades, ya sea porque no perciben señales claras de beneficios futuros o porque, en países como el nuestro, no existen mecanismos claros para el reentrenamiento de la fuerza laboral ante los nuevos requerimientos industriales.
En México, la posibilidad de atraer inversión productiva mediante el nearshoring es una realidad, pero su impacto en el empleo y el crecimiento dependerá en gran medida de la capacidad del país para adaptarse a la nueva lógica tecnológica de la producción. Si la estrategia industrial se basa exclusivamente en la disponibilidad de mano de obra barata, el margen de ventaja se reducirá cada vez más a medida que avance la automatización.
Pero si el país logra fortalecer su capital humano y desarrollar capacidades complementarias a la automatización en ámbitos como la ingeniería, el análisis de datos, la integración de sistemas productivos, la logística avanzada y la gestión de procesos complejos, el nearshoring podría convertirse en un catalizador de crecimiento más robusto y sostenido.
La diferencia entre ambos escenarios es significativa. En el primero, la relocalización productiva generaría empleos limitados y de baja productividad. En el segundo, podría facilitar la transición hacia segmentos industriales de mayor valor agregado y con salarios más altos.
Históricamente, los países que logran aprovechar las revoluciones tecnológicas son aquellos que anticipan los cambios en la estructura del trabajo. La automatización no elimina la necesidad de trabajo humano; transforma su naturaleza
El debate sobre el nearshoring debe incluir una discusión más profunda sobre la educación, la capacitación y el desarrollo del capital humano. En última instancia, la competitividad de las economías emergentes en la era de la automatización dependerá menos del costo del trabajo y más de la calidad de las habilidades que dicho trabajo pueda aportar al proceso productivo.