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Veinte años después del Tratado de Maastricht
A casi 20 años después del Tratado de Maastricht, la Unión Europea busca un nuevo proyecto para relanzar la construcción europea, frenada por la crisis y el rechazo creciente de los ciudadanos.
A casi 20 años después del Tratado de Maastricht, que forjó la integración política europea y sentó las bases para la creación de la moneda única, la Unión Europea (UE) busca un nuevo proyecto para relanzar la construcción europea, frenada por la crisis y el rechazo creciente de los ciudadanos.
En la larga historia de la construcción europea, este tratado -que entró en vigor el 1 de noviembre de 1993- constituye un hito mayor: el de la creación de la moneda única, poderoso símbolo y salto cualitativo en la integración.
Este tratado es célebre por sus famosos criterios en materia de déficit público y deuda. Límites que los estados miembros no respetaron, empezando por Francia y Alemania, a mediados de la década del 2000.
Esta indisciplina es la primera razón de las dificultades que atravesamos , indicó Jean-Claude Trichet , uno de los redactores de este tratado y ex Presidente del Banco Central Europeo (BCE), institución que nació con este texto.
Políticos y expertos concuerdan al reconocer que la unión monetaria fue mal concebida, ya que no estaba acompañada por ninguna unión fiscal, y menos aún económica.
No había ninguna voluntad de parte de los estados, enfatiza Daniel Gros, director del Centro de Estudios Políticos Europeos.
Gros refiere que los dirigentes de la época se enfocaron en la lucha contra la inflación y el déficit, sin anticipar un problema con los bancos. El Tratado de Maastricht no preparó a Europa para los grandes desafíos de la estabilidad del sistema financiero.
Muchos expertos consideraban, ya hace 20 años, como una locura hacer una unión monetaria sin unión bancaria, económica y política, recuerda Nicolas Véron, investigador del instituto Bruegel.
Las cosas funcionaron hasta el estallido de la crisis de la deuda y del euro, antes de repercutir en el resto de la economía.
Frente a esta crisis existencial, los europeos hallaron respuestas en la precipitación, constata Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Schuman. Tras inyectar miles de millones de euros para salvar el sistema, la UE lanzó varias reformas para intentar evitar una nueva crisis: el refuerzo de la disciplina fiscal y el lanzamiento de una unión bancaria.
A pesar de sus defectos de concepción, Maastricht fue la última vez en la que se fijó un gran objetivo, desde entonces no hay nada , estimó Giuliani.