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La letra chiquita de las horas extra
Trabajar tiempo extraordinario de manera constante es una ruta segura al deterioro de la salud. Mientras el mercado se debate en torno a pagar horas extra durante la reducción de la jornada laboral, el bienestar de los trabajadores está ausente en la conversación.
Trabajar tiempo extraordinario de manera constante es una ruta segura al deterioro de la salud.
México está por transitar a una jornada laboral de 40 horas a la semana, al menos esa es la promesa. Pero la reforma tiene en su propia estructura su peor enemigo: la ampliación del tiempo extraordinario permitido.
El riesgo va más allá de los costos económicos por trabajar 12 horas (el nuevo límite que se permitirá). Las jornadas laborales extensas son una amenaza silenciosa para la salud del trabajador, con enfermedades que difícilmente se compensan con el ingreso obtenido por las horas extra.
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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que al menos 840,000 muertes al año se asocian con riesgos psicosociales en el entorno laboral, y entre esos factores se encuentran las jornadas extensas.
Estos decesos se deben a las consecuencias de los riesgos psicosociales en el trabajo, como los trastornos mentales o las enfermedades cardiovasculares. Entonces sí, literalmente, el exceso de horas sí nos puede matar.
En México la reducción de la jornada laboral viene acompañada de una ampliación de nueve a 12 horas de tiempo extraordinario por semana, de manera progresiva, y aunque se limitarán a 4 horas triple, sumando ambas referencias, una persona podría trabajar 56 horas semanales, una vez que concluya la transición.
Cuando hablamos de máximos en el tiempo de trabajo, la legislación no es una camisa de fuerza, pero sí genera señales. Una pregunta necesaria que tenemos que hacernos es: ¿aspiramos realmente a una jornada más corta con una norma que permite extenderla 16 horas por semana?
Puede que el problema no sea la legislación como tal, sino la cultura de trabajo en el país. Hoy, el tiempo extraordinario no se usa para circunstancias fuera de lo común, se emplea de manera estructurada, de hecho, una encuesta de EY evidencia que el 71% de las empresas operativas tiene “dependencia de horas extra”.
En organizaciones empresariales, abogados laboralistas ya comienzan a sugerir que se incluyan en los contratos individuales de trabajo las horas extra estructuradas, eso sí, con su remuneración correspondiente. Estas prácticas son confirmadas por consultores: las empresas están previendo pagar como tiempo extraordinario las dos horas que se reducirán en 2027.
Y mientras la conversación gira en torno a números fríos sobre los costos del tiempo extra, nos desviamos de un debate necesario (y humano): los efectos en la salud de las jornadas laborales extensas.
Trabajar 56 horas por semana, aunque con un “buen pago adicional”, no es sostenible. De hecho, eso ya es un punto sin retorno, un análisis de la OIT y la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en el 2021 indica que 398,000 decesos por accidente cerebrovascular y 347,000 defunciones por cardiopatía isquémica fueron consecuencia de haber trabajado 55 horas a la semana o más.
La investigación, que analizó defunciones en el mundo entre el 2000 y el 2016, concluye que las jornadas laborales de 55 horas o más aumentan en un 35% el riesgo de presentar un accidente cerebrovascular y en un 17% el riesgo de fallecer a causa de una cardiopatía isquémica.
Lo que está en juego con extender las jornadas laborales para “recuperar” las horas que se reducirán no sólo son costos económicos, es la salud de quienes trabajan.
Es una conversación pendiente y necesaria porque no vamos a recibir los nuevos máximos de tiempo extraordinario en la mejor posición. Las jornadas extensas constantemente figuran entre los riesgos psicosociales más elevados de los trabajadores en México.
Un informe de Marsh sobre el panorama de riesgos psicosociales en el país evidencia que 43.7% de las personas está en peligro por una alta exposición a jornadas extensas, es el elemento organizacional más nocivo para la salud mental de las personas.
El tiempo extraordinario tiene una letra chiquita e ignorarla es un camino seguro al deterioro de la salud.