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Arte e Ideas

Lectura 5:00 min

Mario Elsner y el artista enamorado de su fórmula

Mario ElsnerFoto: Especial

Un empresario me dio, sin proponérselo, una de las mejores frases que he escuchado. Mario Elsner habla de liderazgo, pero cuando le pregunté por el ego contestó:

"mientras más éxito tienes, más fácil es enamorarte de tu propia fórmula".

Cualquier artista con una serie que se vende bien debería leerla dos veces.

En el arte la fórmula tiene nombre y se llama estilo. Es valiosa, porque gracias a ella reconoces una obra desde la puerta de la galería. El problema empieza cuando el estilo deja de ser un lugar al que se llegó y se vuelve un lugar del que ya no se puede salir. El coleccionista pide lo mismo, la galería sabe cómo venderlo y el taller se acomoda. Nadie regaña a un artista por repetirse mientras funciona.

Elsner propone una pregunta para ese momento: ¿esto todavía funciona, y a qué costo? Dice que solemos medir las cosas por el resultado y olvidamos el desgaste que cuesta conseguirlo. Si cada vez hay que empujar más para obtener lo mismo, quizá el problema no es el esfuerzo sino la fórmula que se defiende. En el arte se ve en la obra que cada año necesita ser más grande, más ruidosa o más provocadora para causar lo que antes causaba con menos.

Esto no lo resuelve el artista solo. Importa mucho quién lo rodea: el galerista, el curador, el coleccionista, el crítico, el promotor, el gestor, etc. Elsner dice que hay algo peor que tener gente que te contradiga, que es "rodearte de gente que ya aprendió que es mejor darte la razón".

El medio del arte se presta a eso. Sobra elogio, falta conversación y en la inauguración todos sonreímos. Un artista necesita al menos una persona que le diga que la serie nueva es más débil que la anterior, y la humildad para escucharla.

En su manifiesto, Elsner pone la misma idea de otra manera. Cualquiera puede aprender a cuestionar a los demás, escribe, y lo difícil es aprender a ser cuestionado. El arte está lleno de gente que cuestiona, críticos, curadores, artistas, y la pregunta cambia de sabor cuando nos toca a nosotros.

También le pasa a quien dirige un espacio.

"Ser indispensable puede convertirse en una jaula", dice Elsner, hablando de delegar. En el arte esa jaula tiene rostro: el curador que decide cada detalle, el galerista que no suelta a su artista, el director de museo que es el único que sabe cómo funciona todo. Cuando alguien se vuelve indispensable, la institución depende de una sola persona.

Mario aclara que incomodar no es hacerlo por pose. Es hacerse cargo de la incomodidad necesaria para mover algo que necesita cambiar. En el arte eso significa cuestionar la mejor serie antes de que deje de funcionar.

Su consejo es disfrutar lo que funciona sin dejar de preguntarse qué hay que cambiar para seguir avanzando. Yo se lo daría a cualquier artista que acaba de tener su mejor año. Lo que te trajo hasta aquí no es lo que te llevará al siguiente nivel, y los artistas que duran lo entienden a tiempo.

https://marioelsner.com/

Arte: Collection of Forty Plaster Surrogates, por Allan McCollum

Collection of Forty Plaster Surrogates, 1982 (moldeada y pintada en 1984), pertenece a la colección del Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York. Está integrada por cuarenta paneles de yeso moldeado, recubiertos con esmalte, que imitan la apariencia de pinturas enmarcadas.Foto: Especial

La diferencia entre las fechas merece una explicación. El MoMA registra la obra en 1982, pero señala que sus elementos fueron moldeados y pintados en 1984. Por eso ambas fechas aparecen en su ficha técnica.

Elegí esta pieza porque dialoga directamente con una de las ideas centrales de Mario Elsner: mientras más éxito tiene una fórmula, más difícil puede resultar cuestionarla.

A primera vista parece una colección de pinturas que se repiten hasta el infinito. Sin embargo, ninguna contiene una imagen. Son superficies negras de distintos tamaños, enmarcadas, que reproducen la apariencia de una pintura sin ofrecer aquello que normalmente esperamos encontrar dentro de ella.

McCollum llevó el proceso artístico hacia una especie de línea de producción. Junto con sus asistentes, organizó el trabajo en distintas etapas: elaborar moldes, producir las piezas de yeso y aplicar el esmalte. Así puso sobre la mesa preguntas que siguen siendo pertinentes: ¿cómo reconocemos una obra de arte?, ¿qué determina su valor?, ¿qué papel desempeñan el artista, la galería, el coleccionista y las instituciones en ese reconocimiento?

Mi columna aborda precisamente la relación entre el artista, su fórmula y el sistema que la sostiene. La repetición puede construir una identidad reconocible, pero también puede convertirse en una expectativa de la que resulta difícil salir.

Hay, sin embargo, una diferencia importante. McCollum no es un ejemplo de un artista atrapado en su propia fórmula. Por el contrario, utiliza deliberadamente la repetición para cuestionar nuestras ideas sobre la originalidad, la producción artística y el valor de una obra.

Es justamente esa diferencia lo que me interesa de su trabajo y lo que hace que dialogue con la reflexión de Elsner: repetir no es necesariamente el problema. El problema empieza cuando dejamos de preguntarnos por qué seguimos haciéndolo.

La obra tiene además una trayectoria relevante dentro del MoMA. El museo la identifica en fotografías de montaje de Allegories of Modernism: Contemporary Drawing (1992), The Museum as Muse: Artists Reflect (1999), Open Ends (2000–2001) y What Is Painting? Contemporary Art from the Collection (2007).

Foto: Especial

Licenciada en Artes por la Bond University, de Australia, cuenta con un programa de Emprendimiento por el MIT. Es socia de El Lion que Ruge Films, una compañía independiente de producción cinematográfica. Colabora y es consejera en diversos medios con temas relacionados al arte, la cultura y la innovación. Curadora y Co-Fundadora de Artists’ Container.

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