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Una aproximación novedosa y latina a la ciencia ficción
En "Tan cerca de la vida" Santiago Rocanglilo da un ligero toque thrilleresco a la ciencia ficción más verosímil y cercana.
En su más reciente novela, Tan cerca de la vida (Alfaguara), el joven escritor peruano Santiago Rocanglilo da un ligero toque thrilleresco a la ciencia ficción más verosímil y cercana. El resultado es una obra de tintes kafkianos, kadickianos y murakanianos, que ofrece una metáfora convincente de la incomprensible e impenetrable realidad, flanqueada hoy en día de manera oblicua y persistente por un mundo de tecnologías novedoso, acelerado y por lo tanto abrumador.
Expresa también la indefinible aculturación de la literatura latinoamericana de las últimas dos décadas: a la deriva (tal vez como el mundo entero) entre robots, McDonalds, recorridos internautas y tradición pop. Una obra que pese a su propuesta formal: escrita en segunda persona, su ágil manejo de los detalles y una prosa que es certera en sus efectos, hacia el final pierde el poder que había ganado en las primeras páginas. Seamos claros: si se trata de generar una obra de ciencia ficción esas son palabras mayores. No obstante, este no es un mal intento.
Tan cerca de la vida se sitúa en la compleja ciudad de Tokio. Nos cuenta un momento en la vida de Max, un ejecutivo gris cuyo matrimonio aparentemente atraviesa por un bache. Max acude a una Convención sobre Inteligencia Artificial organizada por la empresa multinacional en la cual labora en el área administrativa. El evento se realiza en los salones de un hotel de lujo ubicado en el centro de Tokio, una de las ciudades más avanzadas y cosmopolitas del planeta.
De entre las frugales llamadas telefónicas que intercambia con su mujer, las miradas primero indiferentes y luego celosas de sus colegas de trabajo (en un momento es "ascendido" de su puesto), la aparición casi fantasmal de una niña cuyo cabello largo y azabache le impide mirar sus ojos, la vulgaridad de algunos de sus compañeros, un par de noches de juerga y excesos, más una serie de recuerdos que le vienen a manera de destellos inciertos y desconcertantes, emerge el verdadero destinatario de este relato: Mai, una bella y misteriosa trabajadora del hotel en que Max se hospeda, mujer que terminará por obsesionarlo.
Las vidas de Mai y Max se entrecruzan de manera vertiginosa, el amor los trenza de imprevisto y sin intermediaciones: Mai, como quien hace un voto, no pronuncia palabra alguna pero eso no impide que pueda comunicarse con Max a la perfección, hecho que se convierte en uno de los misterios de esta obra al nivel más literario posible: el lenguaje.
Rocangliolo amolda y abre, con su afilado estilo, una interesante y novedosa discusión en torno de los alcances del lenguaje articulado como diferenciador vital entre el hombre y la máquina.
Por otra parte, tal vez la más oscura, es también una interrogación sobre los alcances de la más primaria función de la literatura: la de imaginar nuevos mundos y realidades más convincentes más allá de su propia incoherencia.