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No fue Cortázar ni Borges, fue Di Benedetto
La editorial argentina Adriana Hidalgo se dio a la tarea de recuperar la obra de Antonio di Benedetto.
Escribió una novela hecha con cuentos antes de que Rayuela saliera al mercado, su novela Zama ha sido considerada una de las pocas novelas perfectas , sus cuentos tienen tal variabilidad que hay incluso algunos sin elemento humano fue uno de los grandes escritores que revolucionaron la literatura en el siglo XX, pero no alcanzó la fama de sus compatriotas Julio Cortázar ni Jorge Luis Borges, de hecho, su obra estaba bastante perdida.
Hasta que este año, la editorial Adriana Hidalgo se dio a la tarea de recuperar la obra de Antonio di Benedetto.
En noviembre, en la ciudad de Puebla, tres escritores mexicanos presentaron los libros que la editorial argentina trae a México: Eduardo Antonio Parra, Alejandro Badillo y el que suscribe este texto (que de escritor sólo tiene un libro de cuentos publicado y un par de premios).
Perfecta o no
En su intervención, Eduardo Antonio Parra, el que mejor conocía la obra de Di Benedetto de los presentes, dejó bien claro el hecho de que si bien la obra de este escritor se ha ido desvaneciendo en la conciencia del público, en su época estuvo bien presente, y en especial en la de sus colegas:
Hace tiempo, en una librería de viejo encontré un librito que, compré de inmediato porque estaba prologado por los que entonces eran mis escritores argentinos más admirados: Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Manuel Mujica Láinez .
Ese libro era Zama, la que ha sido como una de las pocas novelas perfectas , aunque Parra aclara no tener idea de lo que puede o no ser la perfección en un género literario, sí destaca las grandes virtudes de la novela, desde el lenguaje hasta la trama.
Parra tuvo además comentarios elogiosos sobre los libros El silenciero y Los suicidas, también editados por Adriana Hidalgo.
Por su parte, Alejandro Badillo, presentó el volumen Cuentos completos, del que destacó la inmensa variabilidad de temas, estilos y aproximaciones, amen del oficio y el virtuosismo, con los que Di Bendetto abordó el género, llegando incuso a la realización de un cuento que sucede en una habitación vacía, sin personajes humanos (y sin humanizar a los objetos presentes).
La multiplicación de las historias
Por su parte, este cronista se encargó de presentar El pentágono, novela hecha con una colección de cuentos.
Para ello, tomó una teoría del cuento hecha por otro escritor argentino, Ricardo Piglia, quien afirma que un cuento cuenta dos historias, una evidente, hecha letra por letra en el texto, y otra que transcurre de manera subrepticia y paralela, y que sólo se revela al final.
Esta aproximación tiene la enorme ventaja de que el lector contribuye de manera importante a la elaboración de esa segunda historia, que es la realmente importante, y por lo tanto, hay tantas de ellas como lectores tenga el cuento.
El cronista hizo la siguiente analogía: un cuento es entonces como un juego de poker, al final tenemos una idea aproximada de lo que pasó, pero queda reservado a cada jugador (sea autor o lector) el papel que desempeñó en la partida.
Analicé cada uno de los cuentos de El pentágono con este esquema para verificar que el hecho de ser también capítulos de una novela no les quitara lo cuentístico, y no fue así , dijo este cronista, y le hubiera gustado seguir con la analogía del poker pero en ese momento no supo cómo.
Ahora lo sabe.
A diferencia del cuento, que se guarda ases, reinas caballos o lo que quiera bajo la manga, la novela está obligada a mostrarnos todas sus cartas. Ella tiene una sola historia, con más detalles y de mayor tamaño que la de los cuentos, pero una sola.
Y en ese sentido El pentágono no es una novela sino muchísimas, ya que tiene su historia larga, las de cada uno de los cuento y la historias ocultas que hagan a partir de los cuentos cada uno de los lectores
Hay algo borgiano en esto... O quizá conviene ir haciendo honor a quien lo merece y decir que hay algo dibenedittiano .
mlino@eleconomista.com.mx