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Arte e Ideas

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Joseph Anton: esto no es una reseña

Todavía no acabo de leer Joseph Anton y por eso esto no es una reseña. Pero sí una recomendación: leer a Salman Rushdie.

Lo digo a toro pasado: qué aburrido estuvo el Hay Festival este año. Como que ya no tiene la vitalidad de cuando se hizo por primera vez en México, allá en la bellísima Zacatecas.

Pero le estoy agradecida al Hay por una cosa. Me permitió cumplir uno de mis sueños juveniles: ver a Salman Rushdie de cerca. Me hubiera matado por entrevistarlo, pero no se pudo. Rushdie vino de tipo buena onda, pero no quiso dar entrevistas.

Es curioso que me haya dado tanto gusto verlo: yo no soy fan de Rushdie. Lo fui, mucho, cuando tenía unos 20 años y me leí como en un trance Los hijos de la medianoche, Los versos satánicos, Vergüenza y la crónica La sonrisa del jaguar, sobre la revolución en Nicaragua. Me los leí seguidos y sin pausa por la simple razón de que me habían salido muy baratos (los compré en el metro, según recuerdo, en el pasaje de librerías que va de la estación Zócalo a Pino Suárez) y porque a los 20 años podía leer casi lo que fuera y me gustaba. Pero no quiero que se me malinterprete: son libros sólidos, grandes novelas, sobre todo Los hijos de la medianoche que leí y releí también por aquella época. Fui muy fan.

De todos el que menos me gustó fue Los versos satánicos. Tendría que volver a revisarla para hacer una crítica seria pero, si confiamos en mi versión veintenañera, es una novela como a pedazos, confusa. Recuerdo buenas frases y momentos. El inicio es inolvidable: dos personajes caen al vacío abrazados, uno parece un diablo y otro un ángel. Caen como Ícaros modernos de un avión en llamas. Formidable inicio de una obra más bien floja. Así la recuerdo.

Después me desencanté de Rushdie. Leí El suelo bajo sus pies, que tenía todo para gustarme (¡una novela de rockstars!) y nomás la acabé por disciplina... O creo que ni la acabé. No recuerdo casi nada de ese libro salvo que la primera escena es en Guadalajara.

Me desencanté de Rushdie, pues, y dejé de leerlo por ahí del 2004 (el último que leí fue Furia: le pongo tres estrellitas de cinco). A veces así pasa, los fanatismos de la juventud se mueren al poco tiempo.

Excepto que a veces reviven. He vuelto a admirar a Rushdie. Quiero leerlo todo de él.

Y es que estoy fascinada por Joseph Anton, sus memorias. Me las compré en el Hay nomás por no dejar y miren, que sigo leyéndolo.

Joseph Anton es sobre todo la narración de la vida de Rushdie cuando el Ayatolá Jomeini le impuso la fetua, la pena de muerte, por Los versos satánicos. Fue el 14 de febrero de 1989 cuando la vida de Rushdie se desmoronó. Y todo por haber escrito una novela que igual no estaba tan buena. No le gustó a Nadine Gordimer, según cuenta el narrador de Joseph Anton, pero sí a Martin Amis (Rushdie, Amis e Ian McEwan no sólo son tres brillantes autores de la misma generación dorada, también son muy cuates).

En las páginas de Joseph Anton uno se entera de que Roald Dahl, ay, era un hombre grotesco y que John Le Carré también se sumó a los perseguidores de Rushdie. También de que el temible Chacal, el durísimo agente literario Andrew Wylie, fue un amigo a prueba de balas.

Las memorias están contadas en tercera persona, como quien mira a través de una cortina de lluvia un choque en una avenida. Rushdie toma distancia para no caer en la autocompasión (aunque a veces cae) y para hacer un examen honesto de aquel tiempo, entre 1989 y 1998, cuando andaba sin casa propia, rodeado de policías como un delincuente, castigado por la simple razón de ser escritor.

¿Por qué se llama Joseph Anton? Porque ese es el seudónimo que por razones de seguridad Rushdie tuvo que adoptar. Joseph por Conrad y Anton por Chejov. Los guardaespaldas le decían Joe y Rushdie se enojaba. Rushdie cuenta la vida de Joseph Anton, no la suya propia. Es, pues, la historia de un tipo que tuvo que ser dos personas durante toda una década. Y también es el retrato de una época política, la anterior al 9-11.

Todavía no acabo de leer Joseph Anton y por eso está no es una reseña. Pero sí una recomendación. Lean a Salman Rushdie. Yo me voy a clavar de lleno en las novelas que me he perdido. Después de las memorias me sigo con Shalimar el payaso y en filita ya tengo Harún y el mar de historias y La encantadora de Florencia. Rushdie y yo volvemos a ser amigos.

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