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Arte e Ideas

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Estruendo para los enfermos de indolencia

El estridentismo fue la respuesta nacional a los movimientos artísticos de la posguerra, como el dadaísmo o el surrealismo.

Estaba por escrito. Publicado y pegado en varias esquinas de la ciudad. Actual, decía. Hoja de vanguardia. Y sí. Hizo mucho ruido y provocó un estruendo. ¿Cómo no escandalizarse leyendo lo siguiente?:

En nombre de la vanguardia actualista de México, sinceramente horrorizada de todas las placas notariales y rótulos consagrados de sistemas cartulario, con veinte siglos de éxito efusivo en farmacias y droguerías subvencionales por la ley, me centralizo en el vértice eclactante de mi insustituible categoría presentista, equiláteramente convencida y eminentemente revolucionaria, mientras que todo el mundo que está fuera del eje, se contempla esféricamente atónito con las manos torcidas, imperativa y categóricamente afirmo, sin más excepcionales a los players diametralmente explosivos en encidendios fonográficos y gritos acorralados, que mi estridentísimo y acendrado para defender de las pedradas literales de los últimos plebiscitos intelectivos: Muera el Cura Hidalgo, Abajo San Rafael, San Lázaro, Esquina, Se prohíbe fijar anuncios .

Al calce una nota: Comprimido Estridentista de Manuel Maples Arce . Y luego varias rúbricas: Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, M.N. Lira, Mendoza, Salazar, Molina, siguen doscientas firmas. Era, sin dudarlo, un manifiesto. Que además constaba de catorce puntos y en el primero afirmaba: Mi locura no está en los presupuestos. La verdad, no acontece ni sucede nunca fuera de nosotros. La vida es sólo un método sin puertas que se llueve a intervalos. De aquí que insista en la literatura insuperable en que prestigian los teléfonos y diálogos perfumados que se hilvanan al desgaire por hilos conductores .

La vanguardia había llegado a suelos nacionales y desde la ciudad hacia sonidos. Se llamó Estridentismo y nació a fines de 1921. Era una respuesta de los movimientos artísticos surgidos en Europa después de la Primera Guerra Mundial. La expresión de una humanidad harta de todo pero admiradora de la velocidad, el acero, lo técnico e industrial, la quebradura y el magnífico el ruido de las artes. Había un deseo de romper con el pasado en todos los campos, especialmente en el intelectual. Y nuestra suave patria respondió al futurismo , cubismo , ultraísmo , creacionismo , dadaísmo y surrealismo, con el estridentismo, su propio movimiento.

El México estridente inició la renovación más drástica y ruidosa de la historia de la poesía y la literatura nacional. El famoso manifiesto sacudió a propios y extraños. Escandalizó a varios, como era su propósito, pero también atrajo a muchos. Sobre aquel momento, Germán List Arzubide –poeta, estridentista, muerto para el mundo en octubre de 1998 – recordó:

Una mañana aparecieron en las esquinas los manifiestos y en la noche se desvelaron en la Academia de la Lengua los correspondientes de la Española haciendo guardias por turno, se creía en la inminencia de un asalto . Los principales textos de este periodo -han dicho Luis Mario Schneider y Vicente Quirarte- sumergen al lector dentro de aquella atmósfera efervescente de los novedosos e increíbles telegramas sin hilos o los vertiginosos 80 km/h, con olor a bencina, por el Paseo de la Reforma y como saboreando una novela y a punto de llegar a las últimas páginas. Porque tanto List Arzubide, como Manuel Maples Arce, Germán Cueto, A, Leopoldo Méndez, Árqueles Vela, ?Salvador Gallardo, y todos los demás, sabían que el movimiento sería efímero y que se trataba tan sólo de una estrategia. Lo importante era que el arte existiera libremente y que la consecuente labor del artista sacudiera las conciencias y resultara la herramienta para el cambio. Por eso no es extraño que muchos de los estridentistas participaran después en movimientos sociales, huelgas o fueran miembros de las brigadas en las misiones culturales, combatiendo al fascismo, promoviendo el teatro como experiencia educativa y de reflexión social, realizando series radiofónicas o simplemente como maestros de escuela.

Manuel Maples Arce, fundador y firmante de los tres manifiestos, no sólo propuso un cambio a la manera de escribir poesía sino que convirtió a la ciudad en tema, personaje y el más alto de los propósitos del arte. Encabezó una revolución poética que exaltaba el maquinismo del mundo moderno con sus locomotoras, puentes, fábricas, muelles, transatlánticos y automóviles, todos ellos observados bajo un prisma que deslumbraba como el acero. En el décimo punto de su Hoja de Vanguardia dice:

Cosmopoliticémonos. Ya no es posible tenerse en capítulos convencionales de arte nacional. Las noticias se expenden por telégrafo, sobre los rascacielos, esos maravillosos rasca-cielos tan vituperados por todo el mundo, hay nubes dromedarias, y entre sus tejidos musculares se conmueve el ascensor eléctrico. Piso cuarenta y ocho. Uno, dos, tres, cuatro, etcétera. Hemos llegado. Y sobre las paralelas del gimnasio al aire libre, las locomotoras se atragantan de kilómetros .

Germán List Arzubide fundó las revistas Vincit y Ser. En 1923, junto con Maples Arce, escribió y publicó el Manifiesto N°2 del movimiento estridentista, en su natal Puebla. Después trabajó con el gobernador Lombardo Toledano, combatió a la sublevación delahuertista y en 1926, fundó la revista Horizonte en Xalapa. Por petición de Augusto César Sandino llevó, enrollada en su cuerpo, la bandera que el general nicaragüense había capturado a los intervencionistas estadounidenses y en 1935, fundó el Teatro Guiñol en México. En 1936, trabajó en la Secretaría de Hacienda y formó el Ala Izquierda de Empleados Federales, y de 1941 a 1953 colaboró para la revista Tiempo.

La obra literaria de List Arzubide empezó a ser reconocida hasta finales del siglo XX. (En esta hora de calcomanía deshilvanada- dice uno de sus poemas: las manos de la risa/ Están sembrando alas). En los últimos años de su vida recibió varios reconocimientos y homenajes, como el Premio ?Nacional de Lingüística y Literatura en 1997 y en ese mismo año el Instituto Nacional de Bellas Artes realizó un homenaje al Estridentismo. Pero el mejor homenaje son las líneas con las que List abre su libro El movimiento estridentista, publicado en 1926 y que bien podríamos pegar en alguna pared,

Hora de las ‘botas siete leguas’ y el ‘caballo con alas’, te perfumas con gasolina y sabes la locura del sol. Volamos en aeroplano y sobre las cabezas doloridas de tedio, cantamos con la fuerza de la hélice que rompe las teonas de la gravedad; somos ya Estridentistas y apedreamos las casas llenas de muebles viejos de silencio, donde el polvo se come los pasos de la luz; las moscas no pondrán su ortografía sobre nuestros artículos porque después de ser leídos, servirán para envolver la azúcar (sic) y nosotros, erizados de minúsculos rayos, iremos dando toques a los enfermos de indolencia.

En la memoria todavía es estruendo. Todavía hace ruido. Y todavía nos encanta el final del tercer manifiesto:

El estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo. Apagaremos el sol de un sombrerazo. ¡Viva el Mole de Guajolote! .

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