En medio de un ambiente acogedor creado por las sillas de piel, lámparas a media luz y al frente el Parque Lincoln, en Polanco, la comida se apetece en el restaurante Emilio.

Propiedad del chef Alberto Ituarte, desde hace cinco años este lugar ofrece una exquisita carta, en un principio totalmente vasca, a los exigentes comensales, pero desde hace unos meses se decidió por fusionar la cocina y ofrecer comida mexicana-española, siendo los arroces la especialidad de la casa.

La carta se nutre además de pescados, carnes y sugerencias de temporada que no se pueden dejar de probar. Para maridar, los vinos españoles son los predilectos, pero también ofrecen mexicanos y chilenos.

El restaurante está compuesto por dos secciones con una capacidad hasta para 110 personas. Abajo, el ambiente es un poco más relajado, con una cava a la vista y con una cocina pequeña donde se preparan ensaladas o platos pequeños; arriba, la elegancia e intimidad es notoria. Cuenta con varios privados ideales para una comida de negocios o celebrar una ocasión especial. Un poco más al fondo está la cocina fuerte donde está el chef ejecutivo Jon Otxandio, de origen vasco, con su grupo de cocineros preparando los festines culinarios.

Desde hace año y medio, Jon ha adaptado algunos platillos españoles, como las pochas, los chuletones o los pinchos de foie, a los mexicanos. “Trato de asimilar los platillos vascos a los mexicanos”, cuenta y los resultados han sido muy bien aceptados entre los clientes. Además, la materia prima es local y fresca.

El menú de temporada con el que nos deleitó el chef fueron, de entrada, unas tostadas de atún aleta azul con aguacate y brotes de cilantro, un tartar de salmón y una ensalada de jitomates orgánicos con aceite extra virgen y sal maldon. Al chef le gustan mucho las verduras, así que todas son perfectamente seleccionadas y de la mejor calidad y le encanta crear entradas o platillos dependiendo del producto que le llegue día con día.

De plato fuerte, un risotto de manchego de cachete meloso con hongos y jamón ibérico. Comprobé por qué los arroces son la especialidad: son una delicia. Después nos sorprendió con marinero, un rodaballo sofrito con almejas y cebollín, además de estar maridado con vino blanco y coñac. También fue un deleite para el paladar y es el platillo que más refleja el concepto español de Emilio.

Otro platillo que es de los preferidos del chef es el pescado en salsa verde, con almejas, ajo, aceite de oliva y vino blanco.

Para cerrar, de postre un fondant de avellana con helado de nata. Deja que la cuchara se hunda en el centro para explotar los sabores.

Sin duda, Emilio tiene esa distinción del toque vasco en la comida mexicana, además de la excelente atención al cliente y la pasión del chef Otxandio que deja en cada creación.

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