Gideon Lichfield cayó en blandito cuando lo invitaron a dirigir el destino editorial de la MIT Technology Review. Quien fuera editor del medio digital especializado en economía y finanzas Quartz, regresó hace siete meses a sus orígenes como reportero de tecnología con una misión en mente: modernizar una revista que forma parte de una de las instituciones académicas más reputadas a nivel internacional, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, y que al mismo tiempo es considerada una de las publicaciones de divulgación sobre ciencia y tecnología con mayor tradición entre las revistas especializadas.

Durante su presentación en EmTech Latam 2018 —un evento producido por la revista que en el 2018 se lleva a cabo por primera vez en México— Lichfield reveló la tradicional lista de las 10 tecnologías disruptivas que cada año presenta la MIT Technology Review, pero su presentación tenía giros inesperados cuando el editor no sólo planteaba los beneficios que representan tecnologías como los embriones artificiales, las ciudades sensibles, los duelos entre redes neuronales o las bases de datos de muestras genéticas. Lichfield también habló de los riesgos que suponen estos desarrollos tecnológicos: invasión a la privacidad, discriminación o manipulación de la realidad, violaciones a derechos humanos que son habilitadas en muchos casos por desarrollos tecnológicos.

Esta visión acerca de que la tecnología es algo que beneficia a la sociedad en su conjunto pero también puede acarrear problemas sociales severos es justamente el discurso que Lichfield quiere introducir en el corazón editorial de la MIT Technology Review, una revista con más de un siglo de historia —fue fundada en 1899— y de esto habló con El Economista durante una entrevista realizada en el marco de EmTech Latam 2018. 

—Siempre habías estado en publicaciones fundamentalmente económicas: The Economist, Quartz…  ¿Qué te hizo dar el salto a una revista especializada en tecnología?

—Mis raíces están en la tecnología. Yo estudié física y en The Economist,empecé como corresponsal de ciencia y tecnología. Así que este es mi ambiente. Siempre me ha interesado la tecnología y cómo la tecnología influye en la sociedad y en la economía.

Quienes me ofrecieron este trabajo en MIT Technology Review querían a alguien que tuviera un punto de vista internacional, que pudiera llevar los temas sociales a la revista. Estamos en una época en la que la gente está hablando mucho sobre los efectos sociales de la tecnología, lo vemos en el debate sobre fake news, sobre el uso de datos por las grandes empresas y entonces la cuestión sobre quién, cómo y para quién se toman las decisiones sobre la tecnología, quién se beneficia con la tecnología y quién se queda con lo malo. Vi la oportunidad de tocar todos estos temas en el marco de oportunidad de la cobertura de las nuevas tecnologías.

—Tanto en The Economist como en Quartz, si bien la tecnología ocupaba un espacio importante en tu labor, era tangencial a otros temas. En el caso de la MIT Technology Review el tema central es la tecnología, ¿qué significó esto para ti y para la revista?

—Para mí era volver a temas que siempre he seguido pero en los que ahora he podido profundizar más. Para la revista y el equipo, se puede decir que estoy introduciendo un discurso que tal vez no era ajeno pero que no ocupaba un espacio importante dentro del discurso editorial: qué estamos cubriendo, cómo lo cubrimos, qué tipo de preguntas hacemos a la gente a la que entrevistamos sobre los efectos de su tecnología, sobre cuál es su responsabilidad cuando inventan algo.

Tradicionalmente, la actitud del tecnólogo y del periodista que hace la entrevista es que la tecnología es algo que se hace y que luego la gente utiliza de formas diversas y uno no puede controlarlo y yo estoy insertando un discurso más relacionado con el que la sociedad en general, incluidos quienes hacen la tecnología, tenemos la responsabilidad de hablar sobre cómo se va a usar y de qué manera la forma en la que creas la tecnología influye en sus usos y en sus efectos en la sociedad.

Por ejemplo, los modelos de negocio, la estructura y la interacción con el usuario de plataformas como Facebook o Twitter tiene mucha influencia en cómo la gente lo usa y estos hábitos de las personas luego influyen en cómo la información fluye dentro de la sociedad: qué es lo que tú ves, qué es lo que compartes con tus amigos y cómo esto influye en tus decisiones. Todo lo que hemos visto, desde las fake news hasta la influencia rusa en las elecciones, todos estos temas que ahora están en el debate público son consecuencia de decisiones que se tomaron cuando se fundaron Facebook y Twitter y en años consecuentes sobre cómo lo diseñamos, cuáles son los incentivos para los usuarios, cuáles son las interacciones, cómo se crea el contenido y luego se distribuye.

—¿Cómo se trabajan ahora los temas en la MIT Technology Review?

—Depende de cada caso, no hay una fórmula, pero cada uno supone una discusión. Hay una junta editorial todos los días en la que simplemente hablamos sobre los artículos que se publicarán ese día. Si alguien propone un artículo sobre blockchain, surge una discusión sobre cómo se va a abordar y es una discusión orgánica, pero todos contribuyen a ayudar al periodista que está proponiendo el tema.

Se trata de la creación de una cultura interna sobre cómo estamos pensando estos temas y es algo gradual. No es que yo haya llegado un día y haya cambiado la forma en la que se hacían las cosas, se trata más de una discusión. Todos en el equipo están conscientes de esta etapa que está viviendo la tecnología y sus efectos en la sociedad. Creo que al equipo le gusta la idea de que podemos ser más relevantes cuando abordamos los temas de esta forma.

—La tecnología no había sido un tema de primera plana en los medios de comunicación hasta ahora. ¿Qué debemos de cambiar para cubrir ahora la tecnología?

—El reportero de tecnología es un reportero de todo. Cada vez la gente está más consciente de que la tecnología no es una cosa aparte y no se trata de los gadgets o de inventos para divertirnos, sino que es algo que está en la infraestructura de todo lo que hacemos: de los negocios, de la sociedad y de la vida.

El reportero que cubre esta materia debe preguntarse cuáles serán los efectos que tendrá el invento o el desarrollo que está cubriendo: a quién afecta y a quién beneficia. Tiene que estar informado de muchos temas, económicos, políticos y sociales y no sólo sobre cómo funciona la tecnología y esto ya está pasando, creo que quienes cubren a las grandes empresas tecnológicas o la generación de energía están muy conscientes de que estos no son sólo temas técnicos.

—En Quartz impulsaste el lema “mobile first” (Móvil primero), ¿está sucediendo lo mismo en la MIT Technology Review?

—Todo el equipo impulsó este lema en Quartz, era el principio fundacional: que éramos un medio digital y que muy pronto la mayoría de nuestros lectores iban a estar en los dispositivos móviles. En la MIT Technology Review también. Más o menos la mitad de nuestra audiencia nos lee en móvil y esto seguramente va a aumentar, pero actualmente nuestra tecnología y el diseño de nuestro sitio web no están muy orientados a esto. También la forma en la que escribimos nuestros contenidos, cómo concebimos qué es una historia y qué es un artículo -algo que en Quartz era muy innovador y experimental- aun no lo estamos haciendo.

Esto también es un cambio tanto cultural como de plataforma tecnológica. Necesitamos darle a los reporteros las herramientas para hacer estos experimentos y luego motivarlos a probar diferentes formatos. Es algo que para mí es muy importante, pero también es gradual.

Mi tarea principal en este momento es actualizar lo que está haciendo la MIT Technology Review en términos de periodismo. Todas las ideas y actitudes que tomamos hacia la innovación dentro del marco del newsroom periodístico de Quartz son cuestiones que quiero reproducir e introducir en MIT Technology Review.

—¿Qué diferencia hay entre la forma de financiamiento de Quartz y la de la MIT Technology Review?

—En Quartz, el ingreso principal venía de la publicidad. En la MIT Technology Review somos un medio más tradicional en el sentido de que tenemos varias fuentes de ingreso y de hecho, resulta en una combinación bastante buena: tenemos publicidad, suscripciones, hacemos eventos y conferencias y licenciamiento con socios que publican nuestro contenido en traducción en varios países, lo que nos pone en una situación bastante cómoda, ya que nos da la posibilidad de desarrollar un negocio bastante sólido, porque tenemos conversaciones sobre nuevas fuentes de ingreso y nuevos productos que nos traigan otro tipo de ingreso.

—¿Los contenidos que publica la MIT Technology Review son atractivos para el público mexicano?

—Desde un principio, el público que lee una revista como la MIT Technology Review suele ser muy educado, con un alto nivel de inglés. Podemos preguntarnos ¿para qué necesitamos siquiera una edición en español? Yo creo que lo que hace interesante al mercado mexicano no es tanto el número de lectores al que podamos llegar con el contenido mismo, sino que es con eventos como EmTech Latam 2018, en donde reúnes a la gente del mundo de la tecnología, de la innovación y tal vez de gobierno, quienes se ocupan de esas preguntas de desarrollo tecnológico que influyen en el futuro económico del país y en aspectos sociales.

Tener presencia en el mercado mexicano lo que nos da es acceso a esos grupos de la sociedad a quienes podemos reunir para eventos de este tipo y de esta manera tener una influencia en el discurso público. Algo que diferencia a The MIT Technology Review de cualquier medio comercial es que al ser parte de una universidad como es el MIT, que tiene como misión no sólo educar al respecto de la tecnología sino influir en en las políticas alrededor tecnología, para nosotros no es tan importante cuántas copias vendemos sino cómo impactamos en el discurso social sobre la tecnología.

Algo que hice como editor fue cambiar la misión de la revista. Si antes nuestra misión era informar a nuestros lectores sobre el mundo de la tecnología, ahora es: “Hacer que la tecnología sea usada para el bien, al informar a la gente que la crea, a la que la utiliza y a la que la regula para que tome mejores decisiones”.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx