Después de un año de que la marca de teléfonos inteligentes Honor fue vendida por el gigante chino Huawei a un consorcio de más de 30 agentes y consumidores, la nueva compañía presentó el Honor 50, su primer smartphone fabricado de forma independiente y que cuenta con el conjunto de aplicaciones de Google que suelen estar precargadas en los dispositivos con sistema operativo Android o Google Mobile Services.

El nuevo smartphone, que en México tiene un precio de venta que va de los 12,999 a los 15,999 pesos, es un dispositivo orientado a una franja de consumidores que va de los 21 a los 34 años de edad, con un interés particular en la generación de contenido de foto y video.

Cuenta con un procesador Qualcomm Snapdragon 778G con 5G; pantalla curva de 6.57 pulgadas, y una cámara frontal de 32 megapixeles y posterior de 108 megapixeles.

En mayo del 2019, el gobierno de Estados Unidos, cuyo titular en aquel momento era Donald Trump, incluyó a la tecnológica china Huawei a una lista de empresas consideradas una amenaza a la seguridad nacional de aquel país. Hasta la fecha y pese a algunos meses de tregua, la compañía no ha podido deshacerse de este veto que le impide utilizar los desarrollos tecnológicos de empresas estadounidenses como Google y vender sus productos en Estados Unidos. Por el contrario, la administración de Joe Biden promulgó una nueva ley que evita que empresas como Huawei y ZTE puedan recibir nuevas licencias por parte de los reguladores estadounidenses.

Con su nuevo equipo, Honor franquea el veto y se aleja de su antiguo dueño Huawei, para acercarse a otras tecnológicas estadounidenses como Google, Qualcomm, Intel y Microsoft. Para Julio Meneses, director de Marketing de Honor en México, la separación de la marca de Huawei ha supuesto que la estructura de la compañía haya ido creciendo, para alcanzar un total de 100 empleados en ocho países en la región de América Latina, incluido México.

“El Honor 50 representa muy bien toda la transición que estamos haciendo en cuestión de diseño y tecnología. Hoy en día llevamos 10 meses del establecimiento de Honor en México de forma independiente. Hemos ido haciendo este proceso de ir estableciendo nuestros propios procesos”, dijo Meneses en entrevista.

El directivo de esta compañía, cuyo centro de operaciones se mantiene en la misma ciudad que su antiguo dueño, Shenzhen, en China, admitió el veto de Estados Unidos a Huawei supuso un reto importante para Honor  y su equipo, por lo que inmediatamente después de su separación, observaron que era necesario integrarse a la plataforma que les permitiera acceder a las aplicaciones a las que los usuarios están acostumbrados: Google.

“En México, Google Mobile Services es el core principal de uso que existe y de ahí que no podíamos no ser parte de ello. Hubo trabajo desde hace muchos meses con Google para establecer la plataforma de la manera más adecuada. Esto ya está funcionando en México y Europa y nuestras alianzas no sólo se limitan a Google sino a otras compañías como Qualcomm, Intel y Microsoft”, dijo Meneses.

Además de las alianzas con compañías tecnológicas de Estados Unidos, su separación de Huawei supone un cambio en el tipo de usuario al que van dirigidos sus productos: de un consumidor joven, con una necesidad de un equipo con un diseño más atrevido en cuestión de diseño y colores, y una tecnología y desempeño orientados también a un público más juvenil, a un segmento más amplio, que incluye a personas de mayor edad, en una franja que va de los 35 a los 45 años.

La expectativa de Honor en el futuro, según Julio Meneses, es robustecer su portafolio de productos para que apele a cualquier consumidor sin considerar sus necesidades inmediatas, tanto de precio como de desempeño. Aunque esta posibilidad podría desvanecerse, de acuerdo con un reporte del diario estadounidense The Washington Post que afirma que distintas agencias reguladoras de Estados Unidos se encuentran debatiendo acerca de si Honor debería entrar en la lista negra de compañías del Departamento de Comercio. Una acción que, de concretarse, podría frustrar todo el trabajo de la compañía en el año más reciente y sus anhelos hacia el futuro.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx