El fabricante de impresoras Epson obligó a sus clientes a instalar una actualización de software en sus equipos que impide a sus propietarios utilizar cartuchos de tinta distintos a las fabricados por esta compañía, de acuerdo con una investigación de la asociación civil Electronic Frontier Foundation (EFF). Con la actualización de este software, denunció la EFF, las impresoras no funcionan si detectan que el cartucho no es de producción de Epson.

El Economista buscó a Epson para solicitarle un comentario sobre la denuncia de la EFF; la compañía, a través de un vocero en México, ni negó ni confirmó los señalamientos. También se buscó a la defensoría del consumidor en México, la Profeco, y ésta señaló que el tema no es de su competencia.

En un capítulo más de la batalla por los derechos de los consumidores contra la obsolescencia programada, la EFF presentó una queja ante el Fiscal General de Texas, Estados Unidos, en la que denunció que Epson distribuyó actualizaciones de firmware —el software que controla las funciones del equipo— para las impresoras de inyección de tinta que fabrica, con el propósito de inhabilitarlas para usar cartuchos de terceros, sin avisar a sus propietarios de ello.

La Electronic Frontier Foundation, organización sin fines de lucro enfocada a proteger los derechos civiles relacionados con la tecnología, detectó que, a finales de 2016 o comienzos de 2017, Epson comenzó a liberar actualizaciones de firmware para algunos modelos de impresoras de inyección de tinta, que una vez instaladas impedían a sus propietarios utilizar los cartuchos de tinta comercializados por terceros. Los cartuchos de tinta de Epson cuentan con un chip que debe ser reconocido por el software embebido en la impresora —el firmware—. La actualización de ese software denunciada por la EFF inhabilitó a las impresoras de utilizar productos manufacturados por terceros.

Las actualizaciones de firmware se entregan a través de internet y modifican el software integrado en la impresora, cambiando así su funcionamiento aun después de que fue adquirida por el consumidor. Las actualizaciones encontradas por la EFF se distribuyeron como mejoras de seguridad para las impresoras y restringieron también su funcionalidad.

Para la EFF, esto podría generar a mediano plazo una brecha de seguridad en las impresoras, que podría ser aprovechada por los ciberdelincuentes, toda vez que los propietarios de los dispositivos podrían dejar de instalar las necesarias actualizaciones de seguridad por el temor de que Epson inhabilite el uso de los cartuchos fabricados por terceros, que son mucho más baratos.

Afectación global

La medida de Epson afecta a los consumidores globales, no obstante que la EFF interpuso la queja en Estados Unidos dirigida a la División de Protección al Consumidor en Texas. El Economista solicitó a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) de México una postura frente a este hecho que afecta también a los consumidores mexicanos. “En materia de consumo, se concluye que la práctica de Epson para limitar el uso de cartuchos de tinta de terceros no está limitada en la Ley Federal de Protección al Consumidor”, es la conclusión a la que llegó la Profeco, vertida en un comunicado enviado a este diario. En otras palabras, la Profeco aseguró que el tema no es de su competencia: “No resultan procedentes las quejas ante Profeco respecto de este tema”.

Sobre la queja presentada por la EFF ante la Fiscalía de Texas, Epson, a solicitud de El Economista, envió la siguiente declaración:

“Algunas impresoras Epson están diseñadas para usarse únicamente con cartuchos originales de la marca Epson. Otras marcas de cartuchos de tinta y suministros de tinta no son compatibles, e incluso si se describen como compatibles pueden no funcionar correctamente o no funcionar. Esto puede ser cierto independientemente de las actualizaciones de firmware. Epson proporciona información sobre el diseño de la impresora y el uso de cartuchos en la caja, en muchos otros lugares y en los materiales incluidos con la impresora. Periódicamente, Epson emite actualizaciones de su firmware para garantizar que la impresora funcione según lo diseñado”.

El negocio de la impresión

Para el negocio de Epson, una corporación japonesa que produce desde relojes a equipo de cómputo para oficina, la venta de equipos de impresión representa más de la mitad de sus ingresos. En el Informe Anual 2018 de Seiko Epson Corporation, la compañía registró ingresos por 10,367 millones de dólares, de los cuales 66.84% corresponden al segmento de soluciones de impresión, rubro bajo el que agrupa la venta de impresoras y consumibles relacionados, tales como los cartuchos de tinta.

El mercado mundial de impresoras de inyección de tinta, que lideran HP, Canon, Brother y Epson, significará ingresos de 40,941 millones de dólares en 2018, según datos del estudio “Inkjet Printers Market: Global Industry Analysis, Size, Share, Growth, Trends and Forecast, 2018-2028”, realizado por Future Market Insights.

Obsolescencia programada

A finales de 2017, la organización francesa Halte à l' Obsolescence Programmée (HOP) llevó a tribunales franceses a los fabricantes HP, Canon, Brother y en particular a Epson por limitar la vida útil de las impresoras. La demanda contra las firmas comprendía el diseño de algunos elementos de los dispositivos que obligaban a los consumidores a comprar nuevas impresoras al disminuir artificialmente su vida útil. Incluyó también el aumento constante de los precios de los cartuchos de tinta, pues la asociación indicó que el precio promedio de un litro de tinta en el 2017 fue de 2,062 euros (2,444 dólares), acusando que otra estrategia usada por los fabricantes es imposibilitar el uso de cartuchos genéricos con un menor costo para los consumidores.

La demanda fue presentada ante el Fiscal de la República de Nanterre, en Francia. HOP se amparó en la Ley de Energía de Transición aprobada en Francia en el 2015, y que es la primera regulación en el mundo contra la obsolescencia programada. La legislación francesa define la obsolescencia programada como “el uso de técnicas mediante las cuales el responsable de la comercialización de un producto reduce deliberadamente la vida útil de éste para aumentar su tasa de reemplazo”.

El uso de las actualizaciones de firmware para obligar a los consumidores a comprar sólo los cartuchos de tinta oficiales es una de las varias estrategias hasta ahora ensayadas por los fabricantes de impresoras para controlar el mercado y aumentar sus ganancias. Cubriendo dos frentes, las firmas tecnológicas han presentado demandas de derechos de autor y patentes en contra de las empresas que ofrecían los cartuchos de tinta compatibles. También han introducido fechas de vencimiento en los cartuchos e impedido a los propietarios, sin su conocimiento y consentimiento, el uso de alternativas económicas a los consumibles.

Sobre los altos costos de los cartuchos baste el siguiente ejemplo: el costo de los cuatro cartuchos de tinta de Epson T220 oscila entre los 1,200 y los 2,800 pesos, mientras que los cartuchos de terceros se comercializan desde los 450 pesos, una tercera parte del precio de los oficiales, en el mejor de los casos. A los altos costos, debe sumarse el hecho de que Epson no incluye en los cartuchos la información detallada del contenido de tinta de cada uno de los cartuchos que comercializa. El Economista revisó distintos cartuchos disponibles en el mercado y en ninguno encontró información sobre la cantidad de tinta dentro de cada uno.

“Nuestros ingresos y las ganancias podrían verse afectados negativamente por la venta de consumibles de la impresora de inyección de tinta de terceros”, se puede leer en Informe Anual 2018 de Seiko Epson Corporation. Reducir el costo de los cartuchos de tinta, “que comprenden la mayor parte de los consumibles vendidos para impresoras de inyección de tinta, y son una fuente importante de ingresos y de beneficio para Epson”, no está contemplado por la firma: “Nuestros resultados de operación podrían verse afectados de manera adversa”, según redacción que consta en el documento citado.

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