Los modelos de negocio de algunas empresas tecnológicas garantizan menos derechos a los consumidores sobre los productos que compran, al tiempo que las empresas retienen para sí cada vez más control sobre los productos que venden. El control que retienen les garantiza el poder sacar el mayor provecho económico posible de una venta, con formas que las más de las veces operan en la falta de regulación pública —por lo que no pueden considerarse legales ni ilegales—, pero que son abiertamente injustas. Las formas empleadas para lograrlo incluyen estrategias de la obsolescencia programada hasta la emisión de garantías arbitrarias que se ven invalidadas si el propietario del producto decidiera, por ejemplo, no comprar los insumos necesarios “sugeridos” por las empresas y la colocación de sellos que de ser vulnerados garantizan que la garantía se invalidará condenando al artículo a la basura o a cumplir funciones de pisapapeles en el mejor de los casos.

Francia es el primer país que cuenta con una ley contra la obsolescencia programada, regulación que busca detener los abusos de los fabricantes, devolviendo a los consumidores derechos sobre los bienes adquiridos, al identificar y sancionar los sistemas empleados por las empresas que les permiten retener control y derechos sobre los artículos que fabrican y venden. La legislación, que data del 2015, enfrenta ya su primera prueba. Un grupo de activistas presentó el pasado septiembre una denuncia ante las autoridades por obsolescencia programada contra los fabricantes de impresoras. La Unión Europea ya trabaja en un proyecto de ley para poner freno a esta práctica empresarial empleada por más de un sector industrial.

“Si no puedes repararlo, no es tuyo”

En los países en los que el sentido común de las autoridades no parece advertir por lo menos algo irregular en que un automóvil, por ejemplo, tenga una vida útil determinada por el fabricante y no por el uso y cuidados dados por el comprador, los ciudadanos han tomado acciones para visibilizar y revertir este problema.

Una de las primeras voces en dar alarma sobre esta situación fue Mr. Jalopy, alter ego de Peter Vermeren, gurú del movimiento maker. En el 2006, Mr. Jalopy escribió e hizo pública la “Lista de derechos de los makers”, un manifiesto que pone en firme la postura del movimiento ante las prácticas de obsolescencia programada de las empresas. Los puntos del manifiesto son los siguientes:

  • Debe incluirse un listado de piezas significativas y partes específicas en los productos.
  • Las cajas (carcasas, envoltorios) deben poder abrirse.
  • Las baterías deben ser reemplazables.
  • Las herramientas especiales (para ensamblar) deben estar permitidas sólo cuando el fin de verdad lo requiera.
  • Obtener beneficios vendiendo caras las herramientas especiales está mal y no hacer esas herramientas es todavía peor.
  • Torx (tipo de tornillo de uso difundido en fabricación de productos tecnológicos como computadoras) está bien; diseñar para que los consumidores no puedan manipular su producto pocas veces está bien.
  • Los componentes, y no subconjuntos completos de ellos, deben ser reemplazables.
  • Los consumibles, como fusibles y filtros, deben ser de fácil acceso para su reemplazo.
  • Las placas de circuitos deben estar acompañadas de su diagrama.
  • Alimentar de energía desde USB es bueno; pero hacerlo desde adaptadores de alimentación propietarios no está bien (¿alguien pensó en los cargadores de los smartphones más populares?)
  • Los conectores estándar deberán tener los pines de salida definidos.
  • Si se cierra de golpe, se deberá abrir de golpe.
  • Tornillos mejor que pegamento.
  • Documentos y drivers deben tener enlaces permanentes y almacenarse en el sitio archive.org.
  • Los productos se deben diseñar pensando en facilitar las reparaciones.
  • En su fabricación se debe emplear el sistema métrico o el estándar, pero no ambos.
  • Los esquemas técnicos deben estar incluidos.

Ciudadanos preocupados por tener que desechar productos que presentan fallas mínimas que los inutilizan, obligando al consumidor a comprar un nuevo dispositivo, han lanzado diversas iniciativas de colaboración comunitaria para enfrentar la obsolescencia. Repair Café es un proyecto que surgió en Holanda y ha sido tal su penetración que se ha extendido a varias ciudades del mundo. La dinámica de los Repair Café es poner en contacto a quien tiene un dispositivo descompuesto con una persona que tiene el conocimiento para repararlo. En el centro de reunión los Repair Café se cuenta con las herramientas necesarias para las reparaciones, así como las refacciones. Entre el experto y el neófito se repara el artículo que sufre un desperfecto, logrando con el proceso difundir además conocimientos necesarios para entender la tecnología que usamos a diario, y cuyo funcionamiento es un misterio, reduciendo y eliminando así la brecha de conocimiento, a la cual sacan provecho las empresas.

Los movimientos maker de autoreparación se han adscrito a otras causas. Por la afinidad en sus objetivos, no es raro que se asocien con las ideas de consumo responsable, del cuidado del ambiente, del reciclaje, y más recientemente, a los de la economía circular. En Argentina surgió en el 2015 una iniciativa que buscó replicar el modelo de los Repair Café llamada Club de Reparadores, que tiene el objetivo de promover la reparación como estrategia para el consumo responsable y práctica de la sustentabilidad. Los encuentros que organiza tienen tres objetivos: el cuidado ambiental, al alargar la vida útil de las cosas se reduce los residuos que se generan; activar la economía, ya que promueve el trabajo de quienes tienen como actividad productiva la reparación y que establecen sus talleres en zonas populares, clave para una economía circular; y por último, uno humano, ya que se refuerzan los lazos de la colaboración y se revaloriza a las personas y sus saberes.

El caso de iFixit

La colaboración comunitaria no se reduce a los actos presenciales. El movimiento maker debe mucho a la globalización y a sus herramientas, como internet, que les ha servido para tejer redes en las que se comparte conocimiento. Una de estas comunidades virtuales es la iniciada por iFixit, empresa privada basada en San Luis Obispo, California. iFixit vende en su sitio online kits de reparación para diversos dispositivos, a la vez que ofrece de forma gratuita los manuales de reparación. La plataforma es también un foro de consulta, en el que la comunidad busca soluciones para reparar los productos tecnológicos que presentan fallas programadas. Hasta el cierre de esta nota, las estadísticas del sitio mostraban que en iFixit se pueden encontrar 31,325 manuales de reparación gratuitos, y la comunidad ha ofrecido 112,804 soluciones a fallas diversas para 9,287 dispositivos. iFixit también cuenta con una declaración de principios, titulada “Manifiesto de autoreparación”, disponible online y de libre difusión, cuyos principales puntos son:

  • Reparar es mejor que reciclar.
  • Reparar salva al planeta.
  • Reparar te ahorra dinero.
  • Reparar enseña ingeniería.
  • Si no puedes repararlo, no es tuyo.

Y también hace una declaratoria de derechos de quienes se afilian al movimiento, pero que bien puede extenderse a todo consumidor para enfrentar y acabar con la obsolescencia programada:

  • Tenemos derecho a abrir y reparar nuestras cosas sin anular la garantía.
  • Tenemos derecho a códigos de error y a diagramas de cableado.
  • Tenemos derecho a instrucciones de diagnóstico y a diagramas de flujo.
  • Tenemos derecho a documentación de reparación para todo.
  • Tenemos derecho a elegir a nuestro propio técnico de reparación.
  • Tenemos derecho de remover las etiquetas “no remover”.
  • Tenemos derecho de reparar aparatos en la privacidad de nuestros hogares.
  • Tenemos derecho de reemplazar cualquier consumibles nosotros mismos.
  • Tenemos derecho a equipo que no requiere herramientas patentadas para reparar.
  • Tenemos derecho a la disponibilidad de repuestos con precios razonables.

Las acciones contra los abusos de las empresas son cada vez más numerosas. Las iniciativas ciudadanas para hacerle frente no deben ser la única vía. Es necesario presionar a los gobiernos para que legislen contra esta práctica. Hasta ahora, las empresas han aprovechado el vacío legal. Las empresas han argumentado que la obsolescencia es necesaria para que la economía siga en marcha. Lo que es claro, es que bajo este modelo, sólo una parte se ve beneficiada. Será necesario que cambien de modelo de negocio, y que en este exista por lo menos un equilibrio entre los derechos del consumidor y su necesidad de beneficios económicos.