Compartir información entre entidades del sistema financiero mexicano, como lo prevé la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera, o Ley Fintech, para ofrecer productos más personalizados, será un factor clave para avanzar más rápido en la bancarización de la población, indicó César Camargo, director global de Tecnología y jefe de Servicios Financieros de la empresa Sngular.

En entrevista, el directivo de la firma enfocada en el desarrollo de proyectos de tecnología para el sector de servicios financieros, habló sobre las oportunidades y retos del open banking en México, por el cual se prevé el intercambio de información entre entidades financieras (tradicionales y fintech) mediante la implementación de interfaces de programación de aplicaciones (APIs).

“La bancarización en México es más baja que en otros países, lo que también puede ser una oportunidad para el open banking, porque se conseguirá bancarizar a más clientes sin que ni siquiera ellos lo sepan, o sea, al final se les ofrecerá, por ejemplo, un sistema de pagos, o un sistema de microcrédito rápido y esos servicios pasan por un banco”, explicó Camargo.

En México, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera del 2018, 68% de la población adulta tiene por lo menos un producto financiero, es decir, alrededor de 54 millones de personas adultas.

Con la implementación del open banking, México se pondría a la par de países como Reino Unido, Nueva Zelanda o Singapur. Sin embargo, para Camargo hay varios factores que se deben tomar en cuenta para que el modelo sea exitoso, como la regulación y la tecnología.

En México, a diferencia de otros países con este modelo, se incorporará a todo el ecosistema financiero. En este contexto, Camargo indicó que el reto es mayúsculo porque con el open banking se llegará a transformar todo el esquema financiero, que tradicionalmente ha sido muy cerrado en cuestión de compartir información.

“México lo que tiene más complicado es romper con los esquemas de trabajo, o romper esa cultura de que todo tiene que estar cerrado, de no querer compartir nada”, dijo.

Comentó que la elaboración de la regulación secundaria del open banking, la cual tiene a marzo del 2020 como plazo para su emisión, tendrá que ir en el sentido de abrir nuevas puertas de negocio a las entidades financieras, sin que éstas lo tengan que ver como una carga a su operatividad.

“El hecho de que la regulación mezcle a un sector tan conservador como el financiero va a ser una ayuda para que realmente las entidades del mismo se abran, y los que van a tener mayor ventaja no van a ser los que cumplan la regulación, sino los que vean este modelo como una oportunidad para generar nuevos negocios”, afirmó.

De acuerdo con lo previsto en la Ley Fintech, la información que compartan las entidades vía las APIs será de tres tipos: datos abiertos sobre productos, sucursales o cajeros automáticos; datos agregados o estadísticos, es decir, el número y tipo de operaciones realizadas por o a través de entidades financieras, y los transaccionales.

Respecto a los datos transaccionales, que describen el comportamiento financiero de una persona, éstos podrán ser compartidos entre las entidades siempre y cuando haya un consentimiento previo del cliente.

Camargo comentó que uno de los mayores retos para un modelo de open banking exitoso es la garantía de protección de la información. “El clásico reto para este modelo es el de garantizar la seguridad de la privacidad de los datos, es decir, cómo se va a tener ese control sobre la información”.

Sngular es una empresa que ha apoyado a entidades financieras de Estados Unidos y Europa a desarrollar plataformas de banca abierta. Camargo expresó: “Estamos en el momento de aprovechar lo que otros países han iniciado antes y crear ese ecosistema de servicios desde la tecnología que facilite que cualquier ciudadano sea capaz de acceder a servicios desde su casa y en cualquier lugar”.

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