El aumento del PIB proyectado por el Fondo Monetario Internacional para Estados Unidos en 2021 se revisa en su Actualización de Perspectivas de la Economía Mundial publicada en julio a 7.0%, un incremento de 0.6 puntos respecto a su proyección de abril. Su pronóstico para México sube a 6.3%, esto es 1.3 puntos adicionales sobre la proyección previa.

La revisión al alza de estos pronósticos responde en buena medida a datos ya conocidos del primer semestre. Sin embargo, en unas cuantas semanas, el panorama enfrenta una acentuación de los riesgos para la recuperación en el segundo semestre del año.

Entre ellos una franca desaceleración de la economía china con impactos previsibles en el comercio internacional, la persistencia de la inflación y de manera muy relevante el fuerte rebrote del Covid19 en su variante Delta.

Estados Unidos vuelve a ser el líder de contagios a nivel mundial, con más de 100,00 casos diarios, aunque el número de defunciones aún está muy por debajo de las registradas en olas previas. Además, los problemas logísticos en el transporte marítimo, principalmente de Asia a la costa Oeste de Estados Unidos, retrasan la producción en varias industrias y han elevado extraordinariamente los fletes, presionando aún más los costos de las empresas.

Una de las restricciones de oferta inesperadas más importante para el crecimiento de la economía estadounidense es la escasez de personal. Existen 10.1 millones de vacantes en julio contra 8.7 millones de desempleados con datos a junio. Más allá de los beneficios extraordinarios por desempleo (que terminan en septiembre), condiciones sanitarias aún adversas y falta de facilidades para el cuidado de niños, que en conjunto no favorecen la iniciativa personal para buscar empleo, hay indicios de que el problema podría ser más estructural que meramente coyuntural.

La digitalización de la economía, que se ha acelerado con la pandemia, deja obsoletas las habilidades de muchos de los desplazados. Un buen número de vacantes están en industrias que requieren habilidades específicas escasas (por ejemplo, manejo de equipo de transporte) y/o en localidades distantes de la vivienda de los desempleados.

En México, el disparo de los casos diarios de la pandemia obliga de nuevo a tomar medidas precautorias que afectarán de manera especial al sector servicios.

La escasez de microprocesadores se refleja en una sensible baja de las exportaciones automotrices, la joya de la corona del sector exportador mexicano. La producción de autos en julio de este año presenta una contracción de 25% respecto al mismo mes del 2019.

La economía mexicana tiene además restricciones de oferta de autoría propia. La falta de inversión en infraestructura, la inseguridad en amplias zonas del país, crédito escaso para Pymes y cambios en el marco regulatorio son algunos de los impedimentos para el funcionamiento normal de las actividades económicas y la ampliación de la capacidad de producción.

Los obstáculos en los trámites para la formación de nuevos negocios, así como de permisos y autorizaciones para las actividades regulares de las empresas son, probablemente, la restricción de oferta más acuciante actualmente.

Estamos ante un escenario complejo e inédito con un alto grado de incertidumbre, en el que las oportunidades, que sí existen, van de la mano de riesgos y obstáculos inesperados. Las dinámicas en la nueva economía abren posibilidades de diversificación y mayor productividad para las empresas, así como de nuevos negocios para emprendedores. Al mismo tiempo, los grupos vulnerables pueden quedar rezagados una vez más, especialmente en un contexto inflacionario y de mayor pobreza.

La reasignación de recursos en la economía es condición necesaria para avanzar en la recuperación y mantenerla. La mejor política social debe partir del fomento a la inversión y al empleo, con medidas pro negocios, que son los que contratan personal y contribuyen con una cuota importante de los impuestos.

*El autor es socio director de Econofinanzas. Presidente del IMEF Grupo Monterrey.