La baja participación de la mujer, si bien es un mal común en muchas áreas, la buena noticia para nuestra función es que cada vez hay más auditoras que llegan al rol de Directora Ejecutiva de Auditoría (DEA). Diversos estudios realizados por organizaciones profesionales revelan que alrededor de un 30% de DEA’s son mujeres, en comparación con un 18- 20% de mujeres CFO’s en las Fortune 500’s.

Es bien sabido que, en general, la mujer tiene mayor aversión al riesgo que el hombre, y eso puede ser en parte lo que nos ayuda a realizar un buen trabajo de auditoría que, en el fondo, tiene como objetivo asegurar que los riesgos de la organización sean adecuadamente mitigados.

Cuando estudiaba en la universidad recuerdo que la materia de auditoría interna fue de las que menos disfruté, quizás porque no alcanzaba a entender la auditoría corporativa en profundidad y, ciertamente, al graduarme nunca estuvo en mi mente trabajar en esa área. Inicié mi actividad laboral en el área contable y financiera, y algunos años después decidí cambiar el rumbo, incorporándome al área de auditoría interna de la empresa financiera en la que trabajaba. De eso hace ya casi treinta años, y luego de varias compañías y diversas áreas de especialización en auditoría, estoy convencida de que la evaluación de riesgos y controles fue una habilidad casi innata para mí.

En mi experiencia, a las mujeres por naturaleza nos gusta examinar y analizar lo que se nos presenta, queremos anticipar y medir consecuencias y, en términos generales, exigimos calidad. Estas características, sin duda, son piedra angular para el desarrollo de un profesional de la auditoría interna.

Por otro lado, en las últimas décadas la función ha dado un giro importante para adaptarse a un mundo cambiante en el que cada vez es más necesaria la contribución consultiva del auditor, y no sólo de evaluación del ambiente de control. En este sentido, la profesión obliga no sólo a mantenernos actualizados en temas técnicos de auditoría, sino a ampliar conocimientos de negocio y tecnología para poder entender mejor las oportunidades y riesgos emergentes, así como a entregar el valor que espera la organización.

Aquí es en donde las mujeres necesitamos una mayor contribución. La participación femenina en certificaciones técnicas y especializaciones es mucho menor que la masculina, en buena medida por lo ya comentado de que le es más difícil equilibrar la vida familiar, pero también porque, en muchas ocasiones, la mujer quiere sentirse más segura en ciertos temas o le cuesta trabajo exponerse a tomar responsabilidades adicionales que le puedan representar un nuevo riesgo.

Este último año la pandemia representó un reto para todos; en particular en auditoría interna tuvimos que encontrar formas más eficientes de hacer nuestro trabajo de manera remota, dejando de lado la necesidad de “observar en vivo” para adaptarnos a validaciones a distancia. Si bien ha sido un desafío esta flexibilización en el ámbito profesional, también ha contribuido a un mayor balance de vida, que, si bien todos necesitamos, para la mujer históricamente ha sido un objetivo difícil de alcanzar.

Podría decirse que queda camino por recorrer para lograr el posicionamiento deseado de la mujer en la Auditoría Interna, pero es un camino que se sigue abriendo cada día, por la perspectiva y resultados que puede aportar el talento femenino a esta profesión y al logro de los objetivos de las organizaciones.

La autora es directora general adjunta de auditoría de HSBC México.