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Política

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¿Volverá a temblar el 19 de septiembre? Esto dice la UNAM a nueve años del 19S

La UNAM sostiene que los terremotos no pueden predecirse y que septiembre no tiene características que hagan más probable un gran movimiento.

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Calle de la alcaldía Tláhuac después del sismo de 2017.Foto: Reuters

Mónica Fuentes

El 19 de septiembre vuelve a ocupar un lugar central en la memoria de los mexicanos por los aniversarios de los terremotos de 1985 y 2017. A 41 años del primero y nueve del segundo, la coincidencia de ambos movimientos en la misma fecha alimenta cada año la pregunta de si existe alguna posibilidad de anticipar un nuevo sismo durante septiembre.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) mantiene una respuesta clara al respecto: actualmente no existe una técnica capaz de predecir cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto. El Servicio Sismológico Nacional (SSN) señala que México registra actividad sísmica de manera constante, por lo que la preparación debe mantenerse durante todo el año.

¿Por qué septiembre quedó marcado?

La asociación entre septiembre y los grandes terremotos tiene una explicación histórica. El 19 de septiembre de 1985 ocurrió un sismo de magnitud 8.1 frente a las costas de Michoacán, mientras que el 19 de septiembre de 2017 se registró otro de magnitud 7.1 con epicentro entre Puebla y Morelos. Ambos provocaron importantes afectaciones en la Ciudad de México y quedaron profundamente arraigados en la memoria colectiva.

La propia UNAM explicó que la coincidencia de fechas no significa que exista una temporada sísmica, de hecho, investigadores universitarios señalan que México tiene una sismicidad elevada y que, en promedio, ocurre un sismo de magnitud superior a 7 cada 1.6 años.

El análisis de la UNAM también muestra que varios terremotos de gran magnitud pueden ocurrir en periodos relativamente cortos. Desde 1900, los especialistas contabilizan 34 casos de sismos que ocurrieron menos de un año después de otro, por lo que la presencia de varios movimientos importantes en un mismo periodo no constituye, por sí misma, una señal de que otro terremoto esté por ocurrir.

La fecha del 19 de septiembre tampoco tiene una característica geológica conocida que aumente el riesgo. La UNAM explica que, de sus registros históricos de sismos de magnitud 7 o superior, hay otras fechas en las que también coincidieron dos grandes movimientos. Por ello, que 1985 y 2017 hayan ocurrido el mismo día representa una coincidencia estadística y no una regla de comportamiento de las placas tectónicas.

Cambios después del terremoto de 1985

El terremoto de 1985 sí produjo un cambio profundo en la manera en que México estudia y vigila los movimientos de la Tierra. De acuerdo con información en la Gaceta UNAM, aquel desastre hizo evidente la necesidad de contar con un sistema de monitoreo permanente, con más estaciones, tecnología digital y capacidad para observar la actividad sísmica las 24 horas del día.

Actualmente, el SSN cuenta con más de 100 estaciones de monitoreo instaladas y operadas por la Universidad Nacional. Los avances tecnológicos permiten procesar digitalmente la información que antes requería cálculos manuales y obtener casi de inmediato cifras sobre la magnitud y el epicentro de los movimientos registrados.

La mayor cantidad de sismos registrados en la actualidad tampoco significa necesariamente que en México tiemble más que antes. La UNAM explica que el incremento de estos datos se relaciona, en buena medida, con la expansión de la red de estaciones y la mayor sensibilidad de los instrumentos, que ahora permiten detectar movimientos pequeños que anteriormente no podían identificarse.

En 1993, cuando Carlos Valdés llegó a la jefatura del SSN, se registraban alrededor de 300 sismos al año; en 2024 fueron más de 33,000. La diferencia refleja principalmente el avance de la capacidad de observación y no una demostración de que la actividad sísmica del país se haya multiplicado en esas proporciones.

Creencias, ciencia y el 19 de septiembre

La UNAM también subraya que algunas creencias populares no tienen respaldo científico. Entre ellas están las supuestas señales relacionadas con el calor, el frío, las lluvias, las nubes, el comportamiento de los animales o la idea de que existe una periodicidad de 30 años para los grandes terremotos. Los especialistas consideran que estas asociaciones surgen de coincidencias y de la manera en que las personas recuerdan acontecimientos excepcionales.

Los investigadores sí estudian si determinados sismos pueden influir posteriormente en los esfuerzos que actúan sobre las placas tectónicas. Para ello analizan cambios en la sismicidad, deformaciones de la superficie terrestre mediante GPS y modificaciones de los esfuerzos tectónicos. Sin embargo, estas investigaciones no producen un método que permita anunciar anticipadamente un terremoto.

De hecho, la investigación sobre la posible relación entre los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017 ilustra la complejidad del fenómeno. Los especialistas estudiaron si el movimiento de magnitud 8.2 del 7 de septiembre pudo modificar las condiciones del subsuelo y favorecer otros eventos, pero la UNAM indica que no se encontró evidencia de que aquel terremoto provocara directamente el del 19 de septiembre.

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