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Una travesía donde el sol y el frío arrecian por igual
Algunos centroamericanos tenían días en Mexicali ante el temor de las expresiones de rechazo que se originaron en Tijuana.

Mexicali, BC. Son las 10:25 en el kilómetro 7.5 de la carretera a Tijuana. Decenas de migrantes esperan en una tienda de convivencia que les den un jalón que acorte la distancia con el lugar de concentración de la Caravana que desde el 19 de octubre pisó suelo mexicano, en su mayoría procedente de Honduras y del resto de los países del Triángulo Norte.
Las diferencias con el sur de nuestro país son notables, pues son pocos los que se animan a transportar a los centroamericanos, quienes con un sol casi a plomo se cubren con gorras y chamarras. Empieza la travesía hacia la otra ciudad fronteriza, 176 kilómetros donde las sombras se van convirtiendo en oasis para los que deciden seguir a pie y que a las pocas horas de caminar se amontonan para evitar los rayos del sol.
Varios de ellos tenían días en Mexicali. Las expresiones de rechazo que se originaron en Tijuana luego de la llegada de sus compatriotas les hicieron esperar. La prudencia y aguantar hasta que se logre un contingente numeroso les obligaron a permanecer en esta ciudad hasta que se decide emprender el viaje a las 5 de la mañana.
“Yo soy tijuanense y estoy muy triste con nuestro gobierno que sabe que los están engañando porque se van a la boca del lobo. Hay demasiado dolor con esta gente y sólo estoy haciéndoselo más fácil aunque sea un momento”, dice Ignacio Valdez, quien llega al parador turístico La Cuesta con una camioneta Estaquita llena de migrantes.
Entra a la tienda de convivencia y ordena: agua para 30 personas, galletas y pan. Para él las expresiones de rechazo de los últimos días de algunos habitantes de Tijuana están sacadas de contexto por supuestos grupos de “nacionalista y oenegés (ONG)”.
“Esto no es una migración natural, es forzada, no lo sé, el tiempo lo va a decir, pero no puedes dejar que se hunda la gente”, suelta.
Valdez dice que creció en una frontera donde ha visto el rechazo al migrante, el maltrato a los mexicanos en Estados Unidos, y para él eso es incompatible con su forma de ver el mundo y sin más, cuando alguno de los migrantes que están esperando un jalón le pide algo de comida, sin pensarlo mucho les expresa: “Nada más pórtate bien cuando llegues a Tijuana; Tijuana es noble y es muy cabrona con los que se portan mal”.
Y así van en ramilletes de decenas. Cargando algo que al inicio del viaje no pensaban fueran a utilizar: colchonetas, ropa más abrigadora, cobijas enrolladas y con algunas cuerdas sujetas a las mochilas pequeñas. El clima del desierto pone a estas personas acostumbradas al trópico en una condición de mayor vulnerabilidad a lo que han venido viviendo en su travesía por México.
“No es correcto regresarse con todo este esfuerzo que hemos hecho”, narra Juan Carlos Hernández, quien siendo albañil en Santa Bárbara, Honduras, podía tener trabajo por una semana pero por los siguientes tres meses nada. Dos hijos y una esposa le esperan en un viaje iniciado en septiembre pasado muy aparte de la Caravana y a quienes se les unió en octubre.
Más de un mes de viaje, jornadas de nueve horas al día a pie, cuando hay suerte el jalón les ahorra la fatiga, a veces poca comida, aunque cuando pasan por poblaciones la gente les saca del desamparo. Ya en el norte “lo helado de aquí que es diferente al de allá” les va mermando la salud.
La mayoría va a pie. Al fondo los cerros se alzan frente a una planicie que poco pinta árboles. Aún les falta la pendiente de La Rumorosa, sitio agreste de figuras de piedra inimaginables donde el sol se pierde antes de su puesta y el frío arrecia desde antes de tiempo.
En la caseta de peaje Tecate-Tijuana, ubicada en el kilómetro 147+700, un tráiler nodriza se detiene. Decenas de migrantes van hacinados en su interior. El grueso del contingente que salió antes que el sol no se ha acercado siquiera a este punto. Son aún decenas de kilómetros los que los separan de su destino: Tijuana.
Aunque el tráiler está detenido los centroamericanos no se bajan. Están a un paso de llegar a lo que será su hogar por tiempo indefinido. La Unidad Deportiva Benito Juárez, que actualmente se calcula da refugio a cerca de 2,600 migrantes, se prevé, recibirá en los siguientes días a una cantidad al menos similar de centroamericanos.
La posibilidad de cruzar hacia Estados Unidos se va convirtiendo en un camino incierto, contratar coyotes en uno de los puntos fronterizos más importantes del país cobran fuerza, se abre como una posibilidad. Aunque para algunos de los integrantes de la Caravana ni México ni la Unión Americana podrían generar el impulso de insistir o quedarse.
“Vamos a hacer lo posible, dice Juan Carlos. En mi opinión si no se abre la opción de Estados Unidos, pues a otro país. Lo que no queremos es regresar a nuestro país, no hay empleo y las pandillas nos amenazan, ¿y pues así cómo?”.