Las mujeres mexicanas tienen conciencia de sus derechos desde hace mucho tiempo, lo nuevo, lo que revelaron las movilizaciones y el paro de los días 8 y 9 de marzo, respectivamente, es que ahora están luchando por ellos, afirma, enfática, Ana Yeli Pérez Garrido.

Del otro lado de la línea telefónica, la abogada feminista y experimentada en asuntos que tienen que ver con plasmar en ley las causas de ellas, plantea que, en este México “tan dolido con tanta violencia”, ha permeado un llamado que invita a la sociedad a empezar a modificar prácticas y el sistema cultural de creencias que reproducen relaciones que llevaron a la desigualdad y a discriminación por razones de género.

Lo que se ha visto en las calles es visibilizar las causas de las mujeres . “Sin catalogarnos de izquierda, ni de derecha, porque lo que tienen en común (éstas mujeres) es que están hartas de la violencia, la desigualdad y que ya no están dispuestas a permitirlo”.

Para Ana Yeli Pérez Garrido, Directora Ejecutiva de la organización Justicia Pro Persona, lo importante es que estamos ante un parteaguas, de esos que se forman cuando la sociedad se apropia de sus derechos.

Este llamado es, principalmente hacia las autoridades, las que tienen que acusar recibo del nivel de exigencia y buscar la forma de garantizar los derechos de las mujeres para que sean iguales, nada más, pero nada menos, indica.

Ante el cuestionamiento de cómo está el elevador de los problemas públicos, ese que sube de la discusión pública a la agenda política y luego al sitio donde se toman las decisiones para solucionarlos, Pérez Garrido considera que es “uno de los efectos del paro [del 9 de marzo] es que el tema feminista se colocó en la agenda política y en los espacios de gobierno, desde donde se han hecho medianamente cosas, pero no ha habido una convicción de esta necesidad y ahora se le exige”.

Considera que ha sido una manifestación estratégica para interpelar a las autoridades, así como a la sociedad y los poderes fácticos, y lograron meter sus demandas en las agendas de esos actores sociales.

Sin embargo, subraya, “afortunada o desafortunadamente, lo que diga el presidente de la República tiene mucho peso” y en el caso de los derechos de las mujeres ha tenido resistencias, que si bien no lo ven con sorpresa, “porque la agenda de las mujeres nunca ha sido lo suyo”, obstaculiza y eso mantiene a las mujeres en la exigencia y en la expectativa sobre cómo actuarán los tomadores de decisiones.

Ana Yeli Pérez Garrido es optimista y considera que “lo que es muy interesante es que, después de ciertas declaraciones que no fueron muy afortunadas, se le revierte con esta dimensión, porque no estamos preguntando si la agenda de las mujeres debe estar en la agenda política: lo estamos exigiendo”.

No se trata de una discusión ideológica

La activista aclara que las feministas están “muy de acuerdo con la agenda social del presidente [López Obrador] en que hay una desigualdad estructural, motivada por la pobreza, pero que debe tomar en cuenta también que hay otro factor que es el machismo y está ahí presente”.

También subraya que esto no se trata de una discusión ideológica, simplemente porque hay varios países que tienen gobiernos neoliberales y en ellos no están matando mujeres como está ocurriendo en México.

“Que quede claro, el nivel de violencia contra las mujeres que hay en el país ocurre porque hay esta violencia machista de dominación, así como la cultura discriminatoria que se impone desde dogmas e instituciones”, insiste.

Recalca que a quien quieren tirar las feministas es al sistema patriarcal que se ha convertido en uno de los grandes pilares de la desigualdad en el país, no al presidente.

No es un acto contra su gobierno, es un acto contra el sistema. El presidente no puede no ver lo que tiene enfrente; el tema de la desigualdad contra las mujeres no puede segur postergándose. No puede seguir desconociendo el problema, pues eso sería un error, sobre todo porque todavía se tiene la expectativa de que este gobierno esté a la altura de las necesidades del país y una de ellas es erradicar la violencia contra las mujeres.

Aquí no hay liderazgos verticales

Por otra parte, dice que algo importante de este movimiento es que los liderazgos no son verticales, como otros movimientos sociales. “En el feminismo parte del rompimiento de esa cultura patriarcal es romper con esas dinámicas de verticalidad y trabajar más la horizontalidad”.

Desde su perspectiva, la enseñanza para los colectivos feministas es que las jóvenes tienen el dominio del tema y de la indignación y del “ya basta” porque el mensaje les ha llegado y les ha tocado sus vidas.

“Saber que no estamos solas y que somos miles, nos da mucha más energía y poder de decisión y autogestión para seguir impulsando el respeto de nuestros derechos porque es lo único que exigimos”, refiere Ana Yeli Pérez Garrido, y señala el saldo más importante del paro y las movilizaciones: “nos sabemos poderosas”.

diego.badillo@eleconomista.mx