Guatemala no va a ser la solución para una estrategia meramente electoral para el gobierno de Donald Trump, aseveró Augusto Jordán Rodas Andrade, procurador de los Derechos Humanos de Guatemala.

En entrevista, relató que el presidente Jimmy Morales, de manera poco transparente y de espaldas al pueblo negoció con el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convertir a Guatemala en un tercer país seguro.

Sin embargo, dijo que organizaciones defensoras de los derechos humanos se percataron de esa intención a tiempo y buscaron el amparo de la justicia de ese país con el fin de evitar que esa situación se concrete.

Ante el riesgo inminente, la Corte de Constitucionalidad de ese país concedió el amparo y advirtió al presidente que ese tipo de tratados y convenios tendrían que ser ratificados por el Congreso de la República porque así lo dice la Constitución.

Mencionó que, pese a que el presidente aseguró que no estaba negociando eso, quedó evidenciado públicamente que sí, además de que fue una iniciativa del mandatario guatemalteco, según lo divulgado por el presidente Trump.

Expuso que además de que no se trata de una política pública guatemalteca debidamente sustentada, es un hecho que el país no está preparado para ese tipo de iniciativas y las consecuencias que traerían.

 

No tenemos ni la capacidad de ofrecer los servicios básicos a la población que habita en el territorio, menos para dar condiciones dignas a refugiados de otras nacionalidades, destacó.

Mientras eso ocurre, expuso que en el día a día de los migrantes que siguen llegando a la frontera con México hay un limbo, y mientras, están siendo retornados más centroamericanos por la presencia de las tropas militares de México en la frontera con Guatemala.

Manifestó que lo preocupante de todo esto es que se han incrementado los riesgos y los costos para los migrantes que quieren ir a Estados Unidos sin documentos migratorios.

Además, expuso que la amenaza del presidente Donald Trump de imponer altos impuestos a las remesas que envían los guatemaltecos que viven en aquella nación tendrá sus efectos negativos en Guatemala, pero, a la larga, también tendría un efecto bumerán para el mandatario estadounidense porque provocaría más migración.

La gente sale por sobrevivencia; no está viendo cuestiones legales, sólo busca sobrevivir.

El funcionario dijo que como el presidente guatemalteco está a poco tiempo de dejar el poder, ya no tiene la fuerza política para llegar a un acuerdo migratorio con Estados Unidos ni tampoco tiene voluntad, por lo que lo mejor es dejar que la solución la busque el próximo gobierno que asume el 14 de enero.

Indicó que la salida sería un diálogo con países que autorespeten su propia soberanía, que tengan un poco de humildad y que cualquier negociación con otro gobierno lo hagan de manera transparente, de cara a la negociación.

Comentó que hasta ahora el gobierno de Guatemala ha tenido una actitud poco solidaria con los migrantes de otros países, que buscan atravesar su territorio.

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