Ubicada en el corredor industrial de Tampico‑Madero‑Altamira, una zona metropolitana crítica debido a sus altas concentraciones de contaminantes a la atmósfera, la refinería Francisco I. Madero, de Petróleos Mexicanos (Pemex) es uno de los principales focos de contaminación del sur del Tamaulipas.

Se encuentra justo en el extremo de la esquina sureste del estado, en el municipio de Ciudad Madero, en la frontera con Veracruz.

Desde 1914, cuando inició operaciones, comenzó una larga historia de contaminación tanto al aire, el suelo, el mar, así como al río Pánuco, justo donde ese cuerpo de agua desemboca en el Golfo de México.

En 1956 se modernizaron sus plantas de proceso y reiniciaron operaciones en 1960, lo que permitió a Pemex incrementar la capacidad de proceso de crudo a 190,000 barriles diarios en ese lugar.

Sin embargo, al cierre de agosto de 2020, procesaba 107,434 barriles diarios, es decir operaba a 56.54% de su capacidad instalada. Abastece de combustibles a la región noreste.

En una superficie de 554 hectáreas, cuenta con alrededor de 25 plantas, cuatro trenes de recuperación de azufre, 11 calderas, ocho turbogeneradores, tres unidades desmineralizadoras, 13 torres de enfriamiento y una planta de tratamiento de aguas residuales.

Actualmente, el gobierno federal invierte alrededor de dos millones de pesos para rehabilitarla, con el fin de incrementar la cantidad de petróleo procesado. De acuerdo con la Secretaría de Energía, al primero de septiembre de 2020, llevaba 33% de avance en su programa de rehabilitación.

Los trabajos registran un retraso, de acuerdo con lo planeado, por la tardanza en la llegada de refacciones y equipo.

De los trabajos programados ya se concluyeron las reparaciones mayores de las plantas Azufre 300 y FCC 1, así como el mantenimiento a la planta de aguas residuales MZ.

Una de las principales quejas de la población aledaña a esa refinería son sus abundantes descargas de gases al aire, lo cual permanentemente genera densas nubes de diferentes tonalidades, particularmente por las noches.

Miguel Ángel Verástegui Cavazos, presidente de la Asociación Mediadora para el Bienestar Inteligente, Ecológico y Normado de Tampico, Altamira y Madero (Ambientam), expuso que, tal parece que por la noche es cuando ocurren los desfogues de contaminantes al aire, lo cual genera alarma en la población, particularmente de las colonias vecinas como Benito Juárez, Fidel Velázquez, La Barra, Hipódromo, Emilio Carranza y Miramar.

Expuso que la refinería presenta un problema de diseño debido a que es la más vieja del Sistema Nacional de Refinación y, si bien cuenta con algunos instrumentos para reutilizar residuos para aminorar la contaminación, es necesario dotarla de mayor tecnología para que sean menos la cantidad de emisiones contaminantes.

Recordó que hace un año se reiniciaron las operaciones en buena parte de sus instalaciones debido a que en el sexenio pasado bajó su producción. A partir de 2017 y hasta 2018 fue sometida a paros programados por mantenimiento.

Expuso que el mayor problema es que no hay sistema de medición de calidad del aire y no existe ni una oficina federal donde se puedan denunciar descargas exageradas, ni las descargas aceitosas al Pánuco, a través de las viejas fosas API, que cada que llueve se llenan y se desbordan, pues en Tamaulipas no hay oficina de la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos, conocida como la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA).

Emisiones de contaminantes

Los contaminantes normados en México son los denominados contaminantes criterio, los cuales, como su nombre lo indica, son los que se usan para evaluar el estado de la calidad del aire considerando sus efectos adversos en la salud humana y son los siguientes: el material particulado, es decir, partículas con diámetro menor de 2.5 micrómetros (PM2.5) y partículas menores de 10 micrómetros (PM10), ozono, dióxido de azufre, bióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono.

De acuerdo con el inventario de emisiones a la atmósfera del estado, tomando como año base 2014, referido en el Programa de gestión para mejorar la calidad del aire del estado de Tamaulipas 2018-2027, en Ciudad Madero, la industria del petróleo y petroquímica contribuye con 95.0% de dióxido de azufre; 35.7% de óxidos de nitrógeno; 7.3% de emisiones de partículas PM10; 26.7% de partículas PM2.5; 21.4% de compuestos orgánicos volátiles; 15.7% de Amoniaco y 4.8% de monóxido de carbono.

En términos absolutos, en 2014 la industria del petróleo y petroquímica en el estado genera al año 170.7 toneladas de PM10; 157.5 de PM2.5; 1,038.3 de bióxido de azufre; 2,293.9 de óxidos de nitrógeno; 129.0 de compuestos orgánicos volátiles; 1,370.1 de monóxido de carbono; y 53.4 de amoniaco.

Impactos en la salud

El dióxido de azufre es un gas incoloro con un olor penetrante que se genera en la combustión de combustibles fósiles y en la fundición de minerales que contienen azufre.

De acuerdo con información del gobierno de Tamaulipas, el principal efecto de ese compuesto sobre la salud es la afectación a la función pulmonar, además de la irritación ocular. Otro impacto importante, es la inflamación del sistema respiratorio que provoca tos, secreción mucosa, agravamiento del asma y bronquitis crónica. Es común que los ingresos hospitalarios por cardiopatías y la mortalidad aumentan en los días en los que los niveles de dióxido de azufre son más elevados.

De acuerdo con el inventario de emisiones a la atmósfera del estado, tomando como año base 2014, el sector petróleo y petroquímica genera 21% de dióxido de azufre de toda la entidad, el cual proviene prácticamente en su totalidad de la refinería Francisco I. Madero.

Por otra parte, las principales fuentes de emisiones antropogénicas de óxidos de nitrógeno son los procesos de combustión.

Estudios epidemiológicos han revelado que los síntomas de bronquitis en niños asmáticos aumentan en relación con la exposición prolongada; la disminución del desarrollo de la función pulmonar también se asocia con las concentraciones de dióxido de nitrógeno registradas actualmente en ciudades europeas y norteamericanas.

A pesar de los datos escasos, en Ciudad Madero, al igual que en Nuevo Laredo, Ciudad Victoria y Tampico, presenta problemas de calidad del aire por partículas suspendidas (PM10). En esos lugares se incumple la Norma Mexicana de este contaminante.

Las partículas suspendidas son una mezcla de compuestos microscópicos o muy pequeños en forma de líquidos y sólidos suspendidos en el aire. Esta mezcla varía significativamente en tamaño, forma y composición, dependiendo fundamentalmente de su origen.

Las partículas están constituidas principalmente por metales, compuestos orgánicos, material de origen biológico, iones, gases reactivos y la estructura misma de las partículas, normalmente formada por carbón elemental (el llamado carbono negro).

El problema es que la alta concentración de partículas suspendidas pueden incrementar el riesgo en la salud de la población de presentar efectos agudos y crónicos, que van desde irritación de ojos, cefaleas, dolor de garganta, hasta incrementos en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, cardiopulmonares y cáncer de pulmón.

Las partículas PM2.5 también llamadas finas o fracción respiratoria son aquellas con un diámetro igual o menor a 2.5 micrómetros. Mientras más pequeñas son, pueden penetrar más profundamente en las vías respiratorias de los individuos, hasta llegar a los alveolos de los pulmones.

Incluso, la proporción de la superficie de contacto es mayor respecto de su volumen, con lo que aumenta la probabilidad de que la partícula entre en contacto con el organismo, incrementando los riesgos de daño a tejidos y órganos.

Existe evidencia muy robusta sobre los impactos negativos en la salud a corto y largo plazo de las PM2.5 en estudios epidemiológicos y toxicológicos en todo el mundo.

Los efectos más documentados son la mortalidad y la hospitalización de pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), exacerbación de los síntomas y aumento de la necesidad de terapia en asmáticos, mortalidad y hospitalización de pacientes con enfermedades cardiovasculares, mortalidad y hospitalización de pacientes con diabetes mellitus, aumento del riesgo de infarto al miocardio, inflamación de los pulmones, inflamación sistémica, disfunción endotelial y vascular, desarrollo de aterosclerosis, aumento en la incidencia de infecciones y cáncer de pulmón y, recientemente, efectos adversos en la salud reproductiva de las mujeres embarazadas y de sus hijos.

A su vez el monóxido de carbono presenta afinidad con la hemoglobina y desplaza el oxígeno en la sangre, pudiendo ocasionar daños cardiovasculares y efectos neuroconductuales. Este contaminante es peligroso en altitudes más elevadas, donde la presión del oxígeno es más baja y en donde la gente carece de un suministro adecuado de oxígeno.

Enfermedades provocadas por la contaminación

Según el gobierno de Tamaulipas, las tres primeras causas de muerte en el Estado fueron las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus y los tumores malignos.

Los contaminantes del aire, específicamente las PM2.5, se han asociado con aumentos en el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón y, recientemente con el desarrollo de diabetes mellitus tipo II.

En 2015, las tres principales causas de enfermedad en la población general de esa entidad fueron las infecciones respiratorias agudas (IRAs), las infecciones intestinales y las infecciones de vías urinarias.

La mayor incidencia de IRAs ocurrió en el grupo de niños de 1-4 años con 113,547 casos que representan el 22% del total de la población, este padecimiento se ha correlacionado significativamente con la exposición aguda a contaminantes del aire.

La autoridad refiere que “la contaminación atmosférica es un factor de riesgo de las enfermedades respiratorias; así como de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cáncer de pulmón, por lo que vale la pena controlar ese factor de riesgo para disminuir la carga de enfermedad potencial en grupos vulnerables como niños y adultos mayores”.

diego.badillo@eleconomista.mx