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Pongámonos lentes violetas: Ana Vásquez Colmenares
La autora del libro ¿Feminista yo?” plantea que con las lentes feministas es posible identificar acciones que constituyen violencia contra las mujeres y ponerle nombre a actitudes que estaban normalizadas y que son violencias.

Es indispensable el feminismo para eliminar las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres porque es como ponerse unas lentes con aumento y con una lámpara para mirar la realidad actual y la historia y darse cuenta que buena parte de la forma en que está construido el mundo está basada en la desigualdad y en función de las necesidades de los varones, expone Ana Vásquez Colmenares.
En entrevista, la autora del libro “¿Feminista yo? Guía para entender los feminismos y sus debates hoy”, editado por Grijalbo, afirma que en la lucha contra esas desigualdades, así como en contra de las violencias y discriminación hacia las mujeres, hay claroscuros. Hay avances esperanzadores, pero también retrocesos.
En el libro, se pregunta y contesta ¿qué es y qué no es el feminismo?; expone un breviario sobre las olas en el mar feminista; hace un relato sobre hechos y protagonistas del feminismo en México y concluye con una reflexión sobre el por qué ser feminista.

—¿Cuál es la reflexión que deberíamos de hacer tanto hombres como mujeres, respecto de las condiciones de violencias, desigualdad y discriminación contra las mujeres?
—La principal reflexión que tenemos que hacer en torno a la violencia que viven las niñas, desde bebés, hasta las mujeres de muy avanzada edad, es que es absolutamente inadmisible.
Por otro lado, entender cuáles son las causas, para poder erradicarlas y ponerle un alto.
Desde luego los hombres generadores de violencia son los más responsables. De cada 10 delitos en donde la víctima es una mujer, nueve son provocados por un hombre.
—¿En qué etapa estamos?, ¿ya entendimos cuáles son los factores que generan estas desigualdades y que tanto ya estamos actuando para que eso no ocurra?
—No hemos avanzado todo lo que necesitamos. ONU mujeres ha calculado que después de la pandemia de la Covid-19, se van a requerir alrededor de 138 años para que logremos vivir en una sociedad plenamente igualitaria entre hombres y mujeres.
Necesitamos dejar de ver como normal que haya discriminación contra las mujeres y las niñas y erradicar desde la raíz; dejar que es algo natural.
Tenemos que dejar de hacer como sociedad lo que hacemos cuando los educamos, los socializamos con roles y estereotipos de género para ser agresivos.
—¿Cómo debe entenderse el feminismo?
—Es la teoría que surgió para explicar cuáles son las causas de esta desigualdad. El feminismo busca entender, desde la raíz, las causas de la discriminación y la desigualdad para poder erradicarlas.
El feminismo tiene dos grandes nutrientes. Una es la teoría que viene de una reflexión filosófica, histórica y el otro es el activismo social y político. No hay un solo feminismo porque existimos las mujeres en nuestra pluralidad.
—¿El feminismo es indispensable para eliminar las brechas que hay entre hombres y mujeres?
—El feminismo es indispensable porque es como ponerse unas lentes con aumento y con una lámpara para mirar la realidad actual y la historia y darse cuenta que buena parte de las explicaciones que nos habían dado y buena parte de la manera en que se ha construido el mundo, ha estado basado en esta idea de la desigualdad, donde los varones estan en el centro. Por eso hablamos de androcentrismo y donde todo ha estado en función de las necesidades de los varones, sobre todo los blancos y heterosexuales.
Lo malo no es que seamos diferentes, lo terrible es que, con base en esa diferencia sexual, se estableció una jerarquía y esa jerarquía produjo una desigualdad.
—¿Cómo le ha ido a las mujeres mexicanas con la alternancia de partidos en los gobiernos?
—La democracia per se no es garantía de igualdad para las mujeres. La prueba es que cuando, con la Revolución francesa cae el antiguo régimen, cuando las mujeres participaron hombro con hombro con sus compañeros en la revolución y esa revolución se concretó en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fue una declaración de los derechos del varón.
Ahí empezó la lucha feminista. Por ello es la primera ola. La segunda es la del sufragismo y se tardó más de 100 años en concretar esa posibilidad. La primera vez que una mujer pudo votar fue en 1893, en Nueva Zelanda, pero tardó hasta pleno siglo XX para que ocurriera lo mismo en América, en 1919, en Estados Unidos y en México hasta 1953.
Actualmente en el Plan B electoral vemos un riesgo de los avances de la agenda de la paridad que ya se habían alcanzado.
—¿Estamos dando los pasos y en la dirección correcta para eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres?
—Hay claroscuros. Hay avances esperanzadores, cuando vemos cuando hay generaciones de chicas y chicos más jóvenes que asumen que somos iguales en dignidad y en derechos, pero tambien vemos retrocesos, recrudecimientos de violencias en el ámbito familiar, en el sexual, violencias feminicidas que se han recrudecido.
No hemos cambiado sustancialmente como sociedad. Además, la opresión de las mujeres no es la única. Somos una sociedad machista, pero también una sociedad racista y colonial.
Todas esas opresiones se interceptan mas en una personas que en otras y esas personas son las más enojadas y las que necesitan de un activismo más activo, que rompa cosas.
Persisten las formas de violencias y además se van creando otras formas de violencia ácida. Hoy gracias a las lentes violeta, tenemos nombres de violencia que no sabíamos que existían.
Hoy, con las lentes violetas, sabemos que muchos de este humor y de estos memes, en realidad es violencia o que muchos de estos supuestos piropos en la calle, son violencia, son acoso. Hemos logrado, con estos lentes violeta, ponerle nombre a las cosas que estaban normalizadas y que son violencia.
—¿Los costos de estas desigualdades los pagan solo las mujeres o también los hombres?
—La desigualdad produce, desde luego, violencias, infelicidad en las mujeres, pero el orden de género patriarcal y androcéntrico también tiene un impacto sobre los mismos hombres. Por ejemplo hay tres veces más suicidios en varones que en mujeres.

