¿Cuántos muertos caben en un minuto de silencio?, esa pregunta se lanzó una vez que cientos de personas arribaron a la Plaza de la Constitución para conmemorar los 50 años de la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Las consignas de cinco décadas se fueron sumando: las matanzas, los casos de desapariciones forzadas, violaciones de derechos humanos y presos políticos se unificaron bajo la leyenda: “Ni perdón ni olvido, castigo para los asesinos”.

En el zócalo capitalino, zapatos, blusas y pantalones teñidos de rojo, representaron diversos hechos violentos ocurridos a lo largo de la historia de México, como los de Aguas Blancas, de los Copreros, Atenco, Tlatlaya, Nochixtlán, Ayotzinapa y Tlatelolco.

Con un pase de lista de los activistas que participaron en el movimiento de 1968 y con la tradicional consigna de “2 de octubre no se olvida, es de lucha combativa”, diversos contingentes de jóvenes de la UNAM, Politécnico Nacional, campesinos y miembros de la sociedad civil recordaron a los estudiantes asesinados en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

En su camino al zócalo, algunos manifestantes realizaron pintas y colocaron carteles en el bajopuente de Eje Central Lázaro Cárdenas y Paseo de la Reforma, además de contar hasta 43 en recuerdo de los normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero.

Con motivo de los 50 años de la masacre de Tlatelolco fue colocado un antimonumento en las inmediaciones de la plancha del zócalo y la calle Madero, que muestra la paloma de la paz; ahí mismo como símbolo de manifestación fue incinerada una representación de la cabeza de Gustavo Díaz Ordaz,presidente en aquel entonces y señalado como responsable de los hechos de 1968.

Mientras que en la calle 5 de mayo la representación de tanque de seis metros de largo y dos de altura circulo haciendo referencia al paso del Ejército por Tlatelolco, aunque fue hecho por estudiantes de la UNAM con el objetivo de no olvidar esos acontecimientos, los manifestantes y sociedad en general recordó la sangre que se derramó aquella tarde de octubre.

“Fuera porros de la UNAM”, lanzó a los asistentes Félix Hernández Gamundi, dirigente del Comité del 68, quién dijo que es un momento histórico para los actuales estudiantes pues el precedente del 68 ayudó para que las libertades y manifestación sean símbolo de la justicia.

Pasadas las 8 de la noche continuaba la llegada de estudiantes, padres de familia, contingentes con instrumentos musicales, y aunque hubo presencia de anarquistas, no fue impedimento para que después de 50 años siguieran buscando respuestas y manifestándose frente a “los malos gobiernos”.

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