Al retomar sus discursos ante multitudes de simpatizantes, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo un corte de caja a tres años de su gobierno: se ufanó de haber mantenido al país estable financieramente pese a la pandemia de Covid-19, aunque reconoció desafíos en salud y dificultades para reducir los homicidios. También fue un mensaje político a sus seguidores: les pidió anclarse a sus ideales, no desdibujarse y no zigzaguear “para enfrentar a las fuerzas conservadoras”, además de participar en la consulta de revocación de mandato el próximo año.

En el “Zócalo de la democracia”, como lo bautizó, repleto de personas con banderines y playeras de Morena personas traídas en autobuses de diferentes estados, principalmente Tabasco, Estado de México, Veracruz y Oaxaca, López Obrador reapareció en un acto masivo desde el inicio de la pandemia de Covid-19 en 2020, y en medio de la alerta mundial por la nueva variante Ómicron.

Al templete sólo accedieron los integrantes del gabinete encabezados por el hombre de confianza del presidente: el secretario de Gobernación, Adán Augusto López. Los gobernadores y legisladores de Morena siguieron el discurso debajo del templete. La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum y el canciller, Marcelo Ebrard, los dos principales presidenciables de Morena en 2024, estuvieron a los extremos del mandatario.

En materia de seguridad, el presidente López Obrador afirmó que no está militarizando al país; admitió que su gobierno apenas ha podido reducir en 0.7% el homicidio “porque nos lo dejaron muy arriba”, y afirmó que no ha caído en la tentación de combatir con violencia a los grupos criminales. Aseguró que no ha caído en la tentación de combatir con violencia a los grupos delictivos, y que su real confrontación con ellos es por evitar que recluten a los jóvenes.

En salud López Obrador resaltó que su sueño, ya sin compararlo con países nórdicos, es que al final de su gobierno todos los mexicanos cuenten con médicos, especialistas, estudios y medicamentos gratuitos.

Luego, López Obrador emitió un discurso político, dirigido a opositores y simpatizantes. A los primeros les dijo que a tres años ha cambiado la mentalidad del pueblo y que eso es lo más cercano a lo irreversible. “Pueden darle marcha atrás a lo material, pero no van a poder cambiar la conciencia que ha tomado el pueblo de México”, les dijo.

A sus simpatizantes les dijo que “nada se logra con las medias tintas”, por lo que “ser de izquierda es anclarnos en nuestros ideales y principios, no desdibujarnos, no zigzaguear”.

Caída la tarde, tras el informe presidencial, en el Zócalo hubo espacio para la “rumba” como definió López Obrador: un grupo musical entonó cumbia y salsa que disfrutaron decenas de personas, mientras continúa en México y el mundo la pandemia por Covid-19.

jorge.monroy@eleconomista.mx