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Política

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México está en la tesitura de su historia: Luis Rubio

De cara al proceso electoral de 2024, los mexicanos se encuentran ante la disyuntiva de avanzar o caer. Debemos construir los escenarios más aberrantes y peligrosos, para alejarnos de ellos y, a partir de ahí, desarrollar un proyecto de gobierno susceptible de transformar al país, con base cero, pues se trata de romper inercias, plantea Luis Rubio, autor del libro “¡En sus marcas! México hacia 2024”, editado por Grijalbo.

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El gobierno del presidente, Andrés Manuel López Obrador, “prefirió nadar de a muertito”, en lugar de implementar la gran transformación a la que se comprometió, por ello, de cara al proceso electoral de 2024, los mexicanos se encuentran ante la disyuntiva de avanzar o caer, porque no tenemos mucho para donde ir, plantea Luis Rubio.

El reconocido analista de políticas públicas comparte con El Economista las reflexiones que hace en su nuevo libro “¡En sus marcas! México hacia 2024”, editado por Grijalbo, donde ofrece ideas para comprender el reto que enfrenta el país y cómo encararlo mejor. Analiza lo ocurrido en el sexenio actual; las inercias que arrastra la nación desde hace años; el contexto nacional e internacional; la relación con Estados Unidos; las oportunidades perdidas en las últimas décadas; la corrupción; los escenarios hacia adelante; la construcción del futuro y el por qué debemos enfocarnos (hasta como una obsesión, como lo han hecho otros) en el crecimiento económico, entre otros temas.

El capítulo uno arranca con una frase como título: “Esto no va a acabar bien”. Se refiere al sexenio actual, para el cual, según dice: “no hay más de dos escenarios” y son mal y muy mal.

En la charla, explica que, si bien en 2018 el país dio un viraje, en lugar de haberse hecho una gran transformación, la que el presidente López Obrador había propuesto, no ocurrió.

Para el analista, la falta de acción en materia de crecimiento económico y atracción de inversiones, la desatención a la seguridad pública y la polarización, promovida de manera sistemática por el mandatario, no pueden más que generar condiciones negativas hacia el final del sexenio.

Por ello, quien gane la presidencia en 2024, tendrá que lidiar con dos realidades. La primera consiste en aceptar que no hay vuelta hacia atrás y, la segunda, comenzar de nuevo, luego de la extraordinaria destrucción institucional que ha tenido lugar en el sexenio actual. No tendrá más opción que construir un nuevo sistema de gobierno.

En ese contexto, lanza una pregunta: “¿Vamos a continuar con este mismo camino, con los avatares y características específicas que pudieran existir o vamos a buscar un camino más cercano a los mercados, más cercano a la democracia y más cercano al resto del mundo?”.

Para abordar el dilema, propone que, en 2024, en lugar de que partidos y candidatos prometan lo imposible, se debería mejor construir los escenarios menos atractivos, los más aberrantes y peligrosos, para alejarnos de ellos y de ahí, partir y desarrollar un proyecto de gobierno susceptible de transformar al país. Además, plantea planear con base cero, pues de lo que se trata es de romper inercias.

Durante la plática detalla que eso significa planear en términos estratégicos.

“Lo que tenemos que empezar a hacer, es imaginar el mayor escenario tendencial que tenemos en este momento y qué es lo que tenemos que hacer para evitar llegar a ese escenario”.

De acuerdo con su razonamiento, si seguimos por el camino que hemos seguido hasta ahora, (defenestrando las instituciones) vamos a ir padeciendo un menor crecimiento, tener una peor educación y tener más niños que no tuvieron condiciones adecuadas de salud y de educación para poder prosperar en la vida.

De lo que se trata, es romper inercias que impiden desarrollar al país.

Subraya que deberían romperse todas, “pero la primera que tenemos que romper, es la del estancamiento económico. Eso no quiere decir que todo el país esté estancado. Hay partes que están creciendo al siete y ocho por ciento”.

Según el analista, el problema es que México ha perdido la oportunidad de construir los cimientos de una verdadera transformación. Una fue la implementación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, cuando pese a sus bondades, claramente no se resolvieron todos los problemas.

Otra fue la que derivó del conflicto político entre Estados Unidos y China, donde México debió haber desarrollado una estrategia para atraer a toda la inversión que decidiese abandonar China o aquella que, en otras circunstancias, se hubiese instalado allá.

“Lo que el país requiere es resolver problemas clave que se han ido manifestando y creciendo, como la inseguridad, el tema educativo y la infraestructura en el sentido más amplio”.

En ese sentido, trae a colación lo que sucedió en otros países donde lograron hacer lo que hoy requiere México. Refiere que John Micklethwait y Adrian Wooldridge realizaron el estudio denominado “Llamada de atención”, en el que analizan la respuesta de varios países ante la pandemia de la Covid-19. Ahí argumentan que Singapur se ha convertido en el parangón del gobierno eficaz, técnicamente competente y efectivo y que ha logrado el mayor nivel de ingreso per cápita del mundo.

Incluso varios países han seguido ese modelo, logrando construir burocracias meritocráticas, con personal excepcionalmente bien formado y compensado que ejecutan sus funciones de manera profesional.

Eso, indica, es lo que necesitamos, pero el problema que tenemos es que el gobierno mexicano no se construyó para ser eficaz, porque es un medio para avanzar en los intereses de la clase política.

Eso explica que en el país sean los técnicos quienes definan las políticas públicas que se requieren en el país y los políticos quienes las implementen y no al revés, como debería ser.

Enfatiza que sí es posible salir adelante, pero, advierte, “no es gratis; se requiere un contexto político y de infraestructura en un sentido más amplio; justicia, claras reglas del juego y claridad en la visión económica para que el país salga adelante”. Y remarca: “Lo hemos hecho otras veces. Lo podemos volver a hacer”.

Para Luis Rubio, México puede tener un gran futuro, pero sólo si está dispuesto a enfrentar a los poderosos intereses y mitos que lo anclan al pasado y la sucesión presidencial de 2024 va a ser definitoria: o vamos hacia adelante o hacia atrás, o vamos hacia el futuro o hacia el ocaso. México está en la tesitura de su historia.

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