Por cortesía de la editorial Tirant lo Blanch, presentamos a los lectores de El Economista la introducción de Derecho Internacional de la Democracia, el nuevo libro coordinado por Luis Almagro Lemes, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y Gerardo de Icaza Hernández, Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA.

El volumen, puesto en circulación esta mañana, reúne a distintos autores para discutir sobre los peligros que enfrentan las democracias y, sobre todo, evidenciar que los instrumentos de multilateralismo y defensa de las democracias son insuficientes para garantizar el pluralismo político, la separación de poderes y el estado de derecho.

La obra Derecho Internacional de la Democracia integra capítulos firmados por los propios Luis Almagro y Gerardo de Icaza, además de Jean Michel Arrighi, Secretario de Asuntos Jurídicos de la OEA; Francisco Guerrero Aguirre, titular de la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, y Pierre Garrone y Serguei Kouznetsov, de la Comisión de Venecia del Consejo de Europa.

A continuación, la introducción escrita para el volumen:

Derecho Internacional de la Democracia

El sistema multilateral, las organizaciones internacionales en su conjunto, se originó con el fin de dar cauce institucional a los conflictos que pudieran surgir entre distintos Estados. Al menos en sus inicios, no se previó que estas instituciones tuvieran participación alguna en asuntos internos. Las respuestas a estos debían buscarse en instancias nacionales.

Sin embargo, por un lado, la globalización ha producido un fenómeno imposible de prever en ese entonces: la internacionalización de problemas internos. Las dictaduras que derivan en oleadas masivas de inmigración afectando a continentes enteros, el crimen transnacional que socava instituciones democráticas y crisis políticas nacionales que terminan afectando la estabilidad democrática de toda una región, son ejemplos del surgimiento de asuntos “intermésticos” – una mutación de lo internacional y lo doméstico.

El uruguayo Luis Almagro Lemes, secretario general de la OEA, en una imagen de archivo. Foto: Reuters

Por otro lado, el principio tradicional de nación-estado y la no intervención que predominaba se vio severamente cuestionado con sucesos históricos del siglo XX donde la protección de los derechos humanos y las vidas humanas pasó a segundo plano. Después de la Segunda Guerra Mundial y la tragedia del Holocausto, la institucionalidad internacional en materia de derechos humanos se hizo más robusta. Se establecieron principios modernos de relaciones internacionales, como la universalidad de los derechos humanos. El genocidio en Ruanda y otras graves violaciones a los derechos humanos en los noventas provocó nuevas reacciones desde el derecho internacional y el multilateralismo. De allí es que nace la doctrina de R2P y se establece la Corte Penal Internacional (CPI). La integración y compatibilidad de principios tradicionales y principios modernos en relaciones internacionales, que obligan a ver más allá de fronteras para la protección efectiva de derechos, es un trabajo en progreso.

Lamentablemente, el entramado institucional internacional existente no ha evolucionado a la par de los desafíos que se presentan en el nuevo escenario global. Hoy, no contamos con mecanismos que permitan a la comunidad internacional atender efectivamente y de manera oportuna este tipo de problemáticas, gestadas al interior de un país, pero con consecuencias más allá de sus fronteras. Una grave violación de derechos humanos en un lugar, representa una violación de derechos humanos en todas partes.

Para quienes desde el plano internacional nos dedicamos a la defensa y protección de las democracias, la falta de herramientas supone sin duda un gran reto. ¿Cómo responder frente a regímenes que se deslizan hacia el autoritarismo, coartando las libertades de su pueblo y amenazando la estabilidad democrática de la región?

Desde que está al frente de la Secretaría General de la OEA (SG/OEA) en 2015, el Secretario General Luis Almagro ha marcado una nueva era para el multilateralismo, mostrando que la inacción no es una opción. A los mecanismos tradicionales de los que dispone la organización para la defensa las democracias del hemisferio, Almagro ha sumado nuevas formas y estrategias para la protección y defensa de los derechos humanos y la democracia.

El uso de las redes sociales para denunciar a gobiernos autoritarios y dictatoriales, canalizando la presión internacional hacia estos regímenes, ha sido una de las muchas fórmulas innovadoras empleadas. La elaboración de informes ad hoc, sin ser necesariamente a petición de parte sino derivado de las responsabilidades y funciones del SG, es otro mecanismo al que se ha recurrido y que ha probado tener alto impacto. Piénsese el caso de Venezuela: los informes elaborados por la SG/OEA sobre las violaciones de derechos humanos, violaciones al Derecho Internacional Humanitario, fraudes electorales y crisis migratoria provocadas por la dictadura de Nicolás Maduro han dado lugar a la presentación de las denuncias formales por seis Estados Parte frente a la CPI.

Members of OAS observer mision for election in Bolivia are seen after a news conference in La Paz, Bolivia, October 23, 2019. REUTERS/David Mercado
Miembros de una misión electoral de la OEA en Bolivia, en octubre de 2019. Foto: Reuters

La SG/OEA ha innovado en la práctica el multilateralismo hemisférico no sólo frente a casos particulares sino también ante tendencias regionales, como por ejemplo la eliminación por vía judicial de los límites a la reelección. Para dar una respuesta a esta mala práctica, Almagro solicitó a la Comisión de Venecia una opinión consultiva sobre el derecho a la reelección. El estudio realizado por al órgano europeo, en el que se concluyó que los límites son legítimos, no sólo contribuyó a una clarificación conceptual, sino que brindó a los actores nacionales un documento con el cual oponerse a cualquier intento de eternización en el poder.

Estos ejemplos dan cuenta, en definitiva, del conjunto de instrumentos empleados por la SG/OEA, bajo el liderazgo del Secretario General Almagro, para cumplir con una de las obligaciones fundamentales de la Organización: defender la democracia y los derechos humanos de los pueblos de las Américas. Todavía hay mucho trabajo por hacer. Si la Organización ha recuperado su lugar como promotor y defensor de la democracia y los derechos humanos en las Américas, ha sido por el activismo y la creatividad con que ha accionado el Secretario General, pero ello no debe ocultarnos un hecho fundamental: aun a casi 40 años del inicio de la tercera ola, no contamos con un marco jurídico, formalizado y con instrumentos vinculantes, que nos asistan en la protección del derecho a vivir en democracia.

El diseño de un entramado institucional multilateral semejante sin duda supone grandes desafíos. En primer lugar, no es fácil lograr un consenso entre los distintos Estados sobre las reglas e instancias a las cuales se debe responder. En segundo lugar, resulta difícil establecer el punto de quiebre en que una democracia se transforma en autoritarismo porque, por lo general, esa mutación no se da de manera abrupta sino progresiva, a través de una gradual erosión.

Por último, este tipo de esquema institucional despierta tensiones entre distintos principios propios de las relaciones internacionales: la autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica de los Estados, la no intervención, y la soberanía. Todos estos fueron pensados para impedir imposiciones indebidas e injerencias extranjeras, pero este espíritu bien intencionado ha sido tergiversado y hoy estos principios son comúnmente mal interpretados y utilizados con fines políticos. Es el paraguas conceptual que utilizan los gobiernos autoritarios para aislarse y perpetuarse en el poder a punta de represión y persecución.

Los obstáculos existentes no deben impedirnos avanzar en la formulación de instrumentos que permitan enfrentar, de manera efectiva y de manera oportuna, a aquellos que amenazan nuestro derecho a la democracia. La experiencia de estos años nos ha enseñado mucho sobre los alcances y limitaciones de la institucionalidad existente. Conocemos los vacíos, ahora hay que llenarlos. Este libro es una primera aproximación a la construcción de un marco jurídico que no sólo consagre formalmente el derecho de nuestros pueblos a vivir en democracia, sino que también nos brinde mecanismos efectivos para su protección y defensa.

Imágenes de las protestas del último fin de semana de agosto de 2020 en Bielorrusia. Foto: Reuters

Sin duda, no somos los primeros en abordar el desarrollo de un derecho internacional de la democracia: académicos como Gregory Fox y Heraldo Muñoz ya han planteado la necesidad de recorrer este camino. La indiscutible ventaja de este libro es que ha sido escrito por practicantes, por quienes ejercen la defensa de la democracia a través de los instrumentos y canales del sistema, recurriendo a la creatividad y la innovación para llenar los vacíos existentes.

Esta obra combina, por lo tanto, los saberes provenientes del estudio teórico con el conocimiento que se adquiere con la experiencia práctica; el análisis jurídico-académico con la observación de terreno. Es un esfuerzo para explicar académicamente lo que ha sido en la práctica desde 2015 la tan odiada Doctrina Almagro, la cual afirma que las personas que viven en el hemisferio occidental tienen el derecho de vivir libres de dictaduras y los gobiernos de las Américas tienen la obligación de brindar más derechos para más gente.

En un primer capítulo, Gerardo de Icaza, Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral (DECO) de la OEA, nos acerca a una definición internacional de la democracia, analiza cómo sus elementos son tratados en el Derecho Internacional, explora los diferentes mecanismos desarrollados a nivel regional para la defensa del sistema democrático y analiza tres casos claves en los cuales la mencionada institucionalidad regional ha sido implementada. A continuación, Jean Michel Arrighi, Secretario de Asuntos Jurídicos, describe la evolución jurídica de la democracia como concepto en los documentos interamericanos.

En el capítulo tercero, Francisco Guerrero, Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia, explora los principales retos que enfrentan las democracias contemporáneas de las Américas. Pierre Garrone y Serguei Kouznetsov, de la Comisión de Venecia, contribuyen desde la experiencia europea a la construcción de estándares internacionales para el fortalecimiento de uno de los pilares fundamentales del sistema democrático: las elecciones. Cierra este libro el Secretario General, Luis Almagro, invitando a los lectores a reflexionar sobre los valores fundamentales del régimen democrático y cómo debemos actuar en su defensa.