México necesita pasar de un lento e ineficiente inicio de inmunización para contener la pandemia de la Covid-19, a una verdadera vacunación masiva; de lo contrario, este año no podrá dar paso, con seguridad, a la nueva normalidad y la enfermedad escalará, con el incremento de muertes que eso significa, plantean especialistas.

De acuerdo con el Dr. Alejandro Macías Hernández, excomisionado en la emergencia epidemiológica por la epidemia de influenza AH1N1, en 2009, lo primero que hay que admitir es que la vacunación va lenta y la principal causa es que no llegan las vacunas con el ritmo que se quisiera.

No se han tenido a tiempo los biológicos de AstraZeneca que se envasarán en México y, “al parecer” se va a retrasar su entrega.

El 4 de enero del 2021, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) autorizó el uso de emergencia de esa vacuna; sin embargo, todavía no cuenta con la autorización de funcionamiento de la planta de Laboratorios Liomont, ubicada en Toluca, Estado de México, donde se están envasando.

Inicio aletargado 

En México se inició la vacunación contra la pandemia el 24 de diciembre de 2020, con 1,907 personas. El 2 de enero de 2021, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que para marzo se tendrían vacunados todos los adultos mayores de 60 años, que suman 15 millones, 717,170 personas.

El 11 de enero, 17 días después de iniciada la inmunización, fue presentada la “Política nacional de vacunación contra el virus SARS-CoV-2”, cuyo objetivo es “disminuir la carga de enfermedad y defunciones y con la misión específica de vacunar como mínimo 70% de la población, para lograr la inmunidad de rebaño”.

Ese día se dijo que para febrero se terminaría de vacunar a 1.1 millones de personas que integran el personal de salud de primera línea contra la pandemia; en abril los mayores de 60 años, que esa vez los calcularon en 14.4 millones; en mayo los 12.7 millones de personas entre 50 y 59 años; en junio los 16.2 de 40 a 49 años y para marzo de 2022, concluir con el resto de la población, estimada en unas 49.2 millones de personas.

Sin embargo, el 8 de febrero se recorrió el plazo para vacunar a los adultos mayores al mes de abril, con al menos una dosis.

El 2 de marzo, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, dijo a los banqueros que la promesa del gobierno es vacunar a 80 millones de mexicanos a finales de mayo.

Avances limitados

De acuerdo con el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, hasta el pasado jueves 18 de marzo, México había recibido ocho millones 160,250 dosis, de las cuales se habían aplicado cuatro millones 947,552, es decir 61% y 49% faltaban por aplicar.

Eso implica que se habían vacunado, al menos con una dosis a 3.92% de la población o el equivalente a 6.18% de los 80 millones que es la meta planteada por el gobierno federal.

Hasta esa fecha, se habían vacunado con las dos dosis a 646,802 personas, entre ellas personal de salud, del sector educativo y adultos mayores, mientras que a cuatro millones 300,750 personas con la primera dosis.

Los números indican que, hasta el jueves pasado, se había vacunado con las dos dosis el equivalente de 0.51% de la población total del país o 0.80% de los 80 millones que es la meta del gobierno para vacunar.

El reducido número de vacunados obedece al ritmo de vacunación. En promedio, durante los primeros 84 días de vacunación (del 25 de diciembre al 18 de marzo) se aplicaron 58,899 dosis diarias.

Hasta el momento las cuatro vacunas que han llegado a México requieren dos dosis por persona para completar el esquema, por lo que se necesitarán aplicar 160 millones de dosis para cumplir con la meta de 80 millones de personas vacunadas. 

Si hasta el pasado 18 de marzo se habían aplicado cuatro millones, 947,552 dosis, para cumplir la meta de 80 millones con el esquema completo, faltarían por aplicar 155 millones 052,448 dosis y para cumplir con la meta de que eso se logrará en mayo, entonces se necesitaría aplicar un promedio de dos millones 095,303 vacunas diarias entre el 19 de marzo y el 31 de mayo. 

Hasta el momento, de las dosis recibidas, tres millones, 890,250 son Pfizer-BioNTech; tres millones de Sinovac, 870,000 de AstraZeneca y 400,000 Sputnik V.

Se tiene previsto que antes de que termine marzo lleguen casi cuatro millones de Sútniv V, Pfizer-BioNTech, CanSino Bio y AstraZeneca, incluidas 2.7 millones gestionadas con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en calidad de préstamo.

El viernes pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que el gobierno de Estados Unidos ha decidido ayudar a México y enviar dos millones 700,000 dosis de la vacuna AstraZeneca, las cuales, según el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, llegarán la próxima semana. 

El gobierno mexicano le compró 77.4 millones de vacunas a AstraZeneca, las cuales podrían empezarse a recibir en “un poquito más de un mes”, según el canciller.

Además, hasta el momento, han llegado a granel, es decir la sustancia activa para envasar en México 12 millones de vacunas de AstraZeneca y CanSino Bio, las cuales no está claro para cuándo estarán disponibles. 

A escala mundial, de acuerdo con Our World in Data, México avanza en la vacunación de su población a un ritmo menor que otras naciones. 

Encabeza la lista Israel que ya logró vacunar a toda su población. Le sigue Emiratos Árabes Unidos, donde se ha logrado vacunar a 70.56 por ciento.

En América, Chile lleva 42.46%, Estados Unidos 34.60%, Brasil 6.112% y México aparece en esa lista con 3.84 por ciento.

Cuestionan la estrategia implementada por el gobierno

Malaquías López Cervantes, integrante de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia Coronavirus de la UNAM, subrayó que la vacunación ha avanzado muy lentamente y “los pretextos” han sido variados: que si Pfizer ha suspendido las entregas, por la remodelación de su planta o porque han quedado mal los proveedores.

Para el también académico del Departamento de Salud Pública de la UNAM, los argumentos expuestos por las autoridades para explicar la lentitud con la que se realiza la vacunación no son consistentes y, en cambio, surgen muchas preguntas, por ejemplo ¿Por qué Chile ha sido más eficiente para adquirir vacunas?, lo cual, se explica por la forma en que se hicieron las compras, plantea.

Con todo y que existe poca disponibilidad de vacunas a escala mundial, es inexplicable porqué a México le dan menos que a otros países, aun cuando, según nuestras autoridades, ya se pagaron, abundó.

Lo preocupante, según el académico, es que, ante esta situación, México ha buscado la salida “recurriendo a las vacunas baratas” y eso ha llevado a las chinas y rusas que no tienen reconocimiento y autorización en todo el mundo.

Aclaró que el cuestionamiento no es en demérito de las vacunas que México está recibiendo, pero el gobierno no debería de autorizar la aplicación de algo que no se ha demostrado, de las maneras habituales a escala internacional, que tiene utilidad.

Concretamente se refirió al caso de CoronaVac, fabricada por la compañía biofarmacéutica Sinovac, la cual aparentemente tiene una efectividad notablemente más baja (50%) que otras, además de que no hay publicaciones internacionales que demuestren su utilidad, como ocurre con otras vacunas.

El asunto, indicó, es que se están tomando todas las vacunas como si fueran iguales y se suministran de manera indistinta.

En ese sentido, mencionó que la estrategia seguida hasta ahora no es tan buena porque simplemente se trata de aplicar lo que se encuentre, en donde se pueda, con golpes mediáticos de carácter político.

Por su parte, el consultor en políticas públicas sobre Salud, Xavier Tello, afirmó que no hay una verdadera estrategia nacional de vacunación, sino una serie de planes y programas. Ni siquiera hay un responsable nacional de esos esfuerzos.

Según el especialista, el gobierno, el objetivo no ha sido vacunar a la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible, sino tener el control sobre la vacunación.

Dijo que, hasta ahora, lo que ha habido son ocurrencias que luego han sido validadas por el Grupo Técnico Asesor de Vacunación Covid-19 (GTSV Covid-19) que aprobó la política nacional, pero que no participó en su elaboración, como debió ocurrir.

Mencionó que eso explica que haya faltas de comunicación importantes, por ejemplo, sobre la disponibilidad de las vacunas.

Por eso ha ocurrido que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, asegura que ya tenemos suficientes y que por eso no se van a comprar las de Moderna, pero, por otro lado, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, dice que estamos negociando para adquirirlas. 

“Entonces la gente se pregunta, tenemos o no tenemos suficientes vacunas. Luego, el subsecretario dice que no podemos tener un programa de operación logístico hasta no saber cuándo van a llegar las vacunas. Lo que tenemos es verdaderamente caótico”, mencionó.

Para el consultor, la falta de vacunas en México se explica porque, como país, no tuvimos una conducta agresiva al salir a comprarlas. Le apostamos a tener mejores precios a través del mecanismo multilateral Covax, cuando eso debió ser el plan B, luego de acercarse con los laboratorios fabricantes.

Por otra parte, mencionó que, si se compara lo que ocurre en México, con Estados Unidos, nos damos cuenta de que, allá se sabe cómo, cuándo, dónde y quién va a aplicar qué cosa y, si acaso, lo único que están esperando es que les lleguen suministros.

En cambio, en México no sabemos a quién van a vacunar la semana entrante. López Cervantes dijo que, en términos de la logística de aplicación, le duela a quien le duela, deberíamos hacerlo como lo están haciendo en Estados Unidos, es decir, tenemos que vacunar a la mayor cantidad de gente, en el menor tiempo posible y esto solo se logra involucrando a muchísimos actores del sector gubernamental, sector privado, organizaciones de la sociedad civil, universidades, etcétera.

La lentitud traerá consecuencias

El doctor Alejandro Macías Hernández subrayó que si no tenemos un mejor ritmo de vacunación, no vamos a poder volver este mismo año a la normalidad o que si volvemos, la emergencia nos pueda tomar con los dedos en la puerta, con rebrotes en el país.

“Volver a clases en esas condiciones, abrir todas las actividades económicas, va a ser riesgoso y va a haber regiones permanentemente que se estén prendiendo en relación con la pandemia, porque no se ha terminado, el virus no se ha ido, ni se va a ir así de fácil”, refirió.

Para Xavier Tello las primeras implicaciones serán que el calendario se va a recorrer, como ya sucedió. Lo grave del asunto es que, al retrasarnos, tenemos menos gente inmunizada y, por lo tanto, más gente que se va a enfermar y más gente que se va a morir.

Al respecto, el profesor de la UNAM, Malaquías López Cervantes advirtió sobre las consecuencias de darle prioridad a maestros y personas que viven en comunidades apartadas, lo cual calificó como golpes mediáticos de carácter político.

El médico mencionó que lo que se hubiera esperado es que se vacunara a la población que vive en lugares donde la transmisión es más intensa y no se está haciendo así.

“Eso, lo que puede ocasionar es que, tarde mucho más tiempo controlar la transmisión, al salir a vacunar a lugares de baja transmisión.

Un análisis presentado como parte de la editorial del número 63 de la revista Salud Pública de México, que edita la Secretaría de Salud, señala que se pueden distinguir regiones con diferentes cargas de mortalidad. “Los datos que se tienen indican que la carga de mortalidad es mayor en zonas urbanas y metropolitanas que en áreas rurales”. 

El documento refiere que estos datos no son perfectos, ya que es posible que exista un  subregistro de las personas que fallecen en áreas rurales. Aunque es algo que se debe  investigar más, la mejor evidencia con la que se cuenta, incluso considerando el exceso de mortalidad total, sugiere que las zonas rurales más alejadas no son las más afectadas, remarca.

López Cervantes comentó que otra posible consecuencia es que se esté generando un mosaico epidemiológico que pudiera favorecer al virus y generar variantes genéticas que después resulten más difícil de manejar. Incluso se le está dando la oportunidad de penetración a otras variantes, alertó.

El especialista recordó que ya están presentes en el país las variantes brasileña y británica. Por lo que, al retrasarse la cobertura de vacunación, el virus tiene más oportunidad de replicarse y, mientras más se replique, tiene más oportunidades de cambiar a punto tal que pueda escapar al control de las vacunas.

Para el analista Xavier Tello, en este momento nos estamos metiendo a un cuello de botella, porque se le está acabando el tiempo al presidente, Andrés Manuel López Obrador, para vacunar a los adultos mayores y no hay una metodología para vacunar al resto de la población.

Incluso mencionó que, mientras en Estados Unidos, a partir del primero de mayo próximo, va a quitar las restricciones de edad. Es decir, todas las personas de todas las edades se van a vacunar, nosotros no sabemos cuándo vamos a acabar con los adultos mayores.

“Si la parte fácil de la vacunación era vacunar a 15 millones de ancianos y no logramos hacerlo con la fluidez necesaria, qué va a pasar con el resto de la población”, cuestionó.

Además, llamó la atención en que falta vacunar a pacientes con VIH, cáncer, médicos del sector privado y una serie de  gente que no está siendo tomada en cuenta en las prioridades de grupos para vacunar.

Llaman a no bajar la guardia en las medidas de prevención

Los especialistas entrevistados coincidieron en subrayar que no es tiempo de bajar la guardia y que es necesario mantener las medidas de prevención con el fin de contener la pandemia.

López Cervantes dijo que, en estos momentos, el mensaje a la sociedad debería ser muy enfático en hacer lo necesario para evitar los contagios, pero no está ocurriendo. “Pareciera que la autoridad tiene mucha prisa en reactivar las diferentes actividades económicas y sociales y, por lo tanto, no hacen caso de las llamadas de atención. Pero, el problema es que eso lo estamos pagando muy caro todos con un elevado número de muertes”.

Ante esa situación, agregó, es difícil responsabilizar a la sociedad de no hacer la parte que le toca para contener la pandemia, sobre todo cuando el gobierno no asume su responsabilidad.

diego.badillo@eleconomista.mx